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lunes 14 de septiembre de 2026

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Una padeciente realidad

Una padeciente realidad

Y esa realidad ocurre con o sin pandemia. Es una realidad permanente, y que tiene sus altas y sus bajas, dependiendo de la poca ayuda del Estado, de instituciones sin fines de lucro y los propios pobladores que contribuyen para que no sea tan padeciente.

Nos referimos a los comedores barriales, sean los “formales” que “de a gotas”, son asistidos por Desarrollo Social, pero ello no alcanza en absoluto, o los “emergentes”, que se desarrollan “a puro pulmón”.

Tal realidad la padecen cerca de 300 familias de distintos barrios de esta Capital, que acuden a tales comedores y merenderos para poder tener un plato de comida o una merienda.

Algunos comedores comenzaron a recibir ayudapero no les alcanza ante la demanda creciente en los mismos.

A los informales, a ninguno les alcanza porque la demanda no deja de crecer en cada uno de los barrios de la Capital, donde lo pueden sostener en el tiempo, solo quienes reciben los fondos del programa Pro Igualdad de Oportunidades (PIO), porque pueden comprar los alimentosaunque de manera irregular.

Mientras los barriales o informales redujeron la asistencia de tal manera quecocinan entre 2 y 3 días por semana, al resto les dan mate cocido.

Luego que Cáritas describiera el pedido constante que tiene, desde los comedores barriales comentaron que subsisten porque se organizan y salen a pedir donaciones de particulares y que son asistidos en parte por Desarrollo Social, pero no les alcanza.

Cristian, del comedor del barrio Santa Marta, Cristina, desde otro sector del sur, María desde el norte, Luisa desde el comedor del barrio Virgen Niña, Rodolfo, Julio, Ana, Karina, Jimena y tantos otros referentes de comedores trabajan a diario para asistir a entre 100 y 300 familias en cada uno de sus comedores, sean emergentes, barriales, comunitarios.

Son quienes conocen que las ayudas se suspenden, se demoran, y deben salir a pedir donaciones para ayudar al prójimo.

A la mayoría de los comedores se les entrega mercadería que ellos llaman alimentos secos, y ayudas para comprar carne pero solo en algunos casos.

Quienes reciben del programa PIO tienen al menos dos semanas para cocinar, pero quienes no la reciben deben recurrir al Mercado de Abasto a pedir las verduras que quedan y a las pollerías para solicitar donaciones de “ranchos”.

“En el de Santa Marta, dice Cristian, tenemos 170 personas que vienen y nosotros también llevamos al Parque Loteo Sur, donde hay muchos chicos y familias muy pobres. A veces la gente del norte nos llama y nos pide por favor comida. La pobreza es mucha y nosotros hacemos lo que podemos como cada una de las personas que trabajan en los comedores. Nosotros cocinamos de lunes a viernes pero no podemos, a veces cocinamos 3 veces porque no hay cómo conseguir.Nosotros somos un comedor barrial y todos los días es un cuesta arriba”.

A su vez, Estela Santucho, encargada del comedor comunitario Central Norte de Recreo, en el Departamento La Paz, comentó que reciben desde hace tres años, $75.000 por mes para cocinar a los empadronados de bajos recursos. Con este dinero deben hacer alcanzar para dar de comer a 250 personas de lunes a viernes, lo que equivale a 300 pesos por vianda pero divididos en 20 días; quiere decir que deben pensar en utilizar 15 pesos para preparar cada ración por día.

“Estamos en un momento desesperante; tenemos 13 comedores comunitarios en la provincia y somos el único que funciona en el departamento La Paz.La diferencia con nosotros es que otros comedores de la ciudad reciben mercadería por otro lado, nosotros acá no”, explicó. La encargada del comedor dijo que además de las 250 viandas que deben preparar tienen un listado de 200 personas más que “esperan por un cupo para poder ingresar. Todos los días vienen dos o tres familias nuevas”.

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