Caída del consumo y deuda en alza: las expectativas negativas sobre la economía alcanzaron el 41%
Quiebre de expectativas: por primera vez en la gestión de Milei, el pesimismo económico supera al optimismo
Un giro inédito comenzó a consolidarse en el clima social de la Argentina. Por primera vez desde el inicio de la administración de Javier Milei, las expectativas negativas sobre la evolución económica del país superaron a las perspectivas de mejora.

La ilusión de que el ordenamiento de las variables macroeconómicas se traduzca en un alivio directo para el bolsillo individual comenzó a resquebrajarse en el mapa del consumo.
De acuerdo con el último relevamiento nacional de la consultora Moiguer —realizado a personas de entre 16 y 75 años en los principales núcleos urbanos y provincias del país (AMBA, Buenos Aires, Córdoba, Salta, Mendoza, Neuquén, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones)—, el optimismo cayó a niveles previos a la asunción del actual Gobierno.
Las expectativas negativas alcanzaron el 41%, superando por tres puntos a las positivas, que se ubicaron en un 38%.
El desacople entre la "macro" y el bienestar individual
El núcleo del informe expone una transformación cultural y de percepción: "El futuro pierde fuerza como organizador del presente". Durante los primeros años del programa libertario, el ajuste en la economía cotidiana fue tolerado bajo la promesa de un progreso diferido. Sin embargo, en la segunda mitad de 2026 se afianzó una nueva percepción en los hogares: la recuperación de indicadores macroeconómicos —como el superávit o la actividad en sectores primarios— no se transfiere de forma automática a la microeconomía cotidiana.
“Durante los últimos dos años, el deterioro del presente convivió con la expectativa de que la mejora del país terminaría traduciéndose en el plano individual. Hoy se instaló una certeza: la recuperación macro no implica necesariamente una mejora del bienestar individual”, explicaron desde la firma analista.
La caída del entusiasmo en la base social de Milei
El dato más relevante del estudio reside en el perfil sociodemográfico de los encuestados que más recortaron sus expectativas positivas. La pérdida de fe en el rumbo económico fue traccionada principalmente por dos segmentos clave en el sostén electoral del oficialismo:
Hogares de mayores ingresos: Registraron un desplome de 24 puntos porcentuales en su optimismo respecto al mismo período del año anterior. La pérdida de poder adquisitivo acumulada y la contracción de oportunidades para invertir y emprender condicionaron a la clase media-alta y alta.
Jóvenes (16 a 25 años): Las perspectivas favorables cayeron 17 puntos porcentuales en la comparación interanual. Para este universo, la promesa de progreso tropieza con una dinámica de precarización e incertidumbre laboral.
Ambos sectores superaron holgadamente la caída del promedio general de optimismo, que fue de 14 puntos en el último año.
Cambios drásticos en las conductas de consumo
Este deterioro en el ánimo social es el correlato directo de métricas de ingresos bajo presión. El informe detalla que, en el balance acumulado frente a los niveles de inicios de 2023, el poder adquisitivo de los salarios acumula una contracción de 11 puntos, mientras que el ingreso disponible de las familias cayó 17 puntos. A ello se le suma una mayor presión de los costos fijos: la incidencia del transporte y los servicios públicos en los salarios promedios trepó 11 puntos.
Esta correlación provocó una transformación en los hábitos de compras:
Estrategia fragmentada: El consumidor abandonó la conducta histórica de adelantar compras para ganarle a la inflación. La norma actual es el estiramiento peso por peso.
Migración de canales: 6 de cada 10 hogares ajustaron sus pautas de consumo, resigned canales habituales y cambiaron marcas. Desde el cambio de gestión, las ventas netas en supermercados registran caídas acumuladas del 11,0%, mientras que en los mayoristas la contracción alcanza el 15,5%.
Financiación para cubrir la canasta básica
Ante un margen de maniobra reducido, el recurso al endeudamiento dejó de ser una opción de consumo no esencial para transformarse en una herramienta de supervivencia diaria.
Cifras del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) reflejan una diversificación en las formas de crédito que asumen los hogares:
Tarjetas de crédito: Encabezan la nómina con el 31,1% de las obligaciones contraídas.
Comercio de proximidad (fiado): Ocupa el segundo lugar con un 13,3%, mostrando el regreso de esquemas informales de financiamiento vecinal.
Alquileres de vivienda: Acumulan un 12,5% de morosidad o postergación de pagos.
Billeteras virtuales, financieras e informales: Los préstamos a través de aplicaciones y financieras reguladas alcanzan el 10,2%, mientras que el crédito bancario tradicional se sitúa en el 9,4%.
Servicios e impuestos: Las deudas vinculadas a impuestos, tasas y expensas representan un 8,5%, seguidas por préstamos familiares o no regulados (4,7%) y boletas de servicios privados (4,3%).
La distancia socioeconómica se ensancha: mientras una franja acotada de la población logra preservar consumos discrecionales, la mayoría fragmenta sus compras, busca promociones puntuales o recurre al endeudamiento recurrente para cubrir bienes de primera necesidad.





