Una experiencia inolvidable
Niños de la comunidad indígena de El Tolar recorrieron los atractivos turísticos de la Capital
Entre juegos, sonrisas y momentos de profunda fe, estudiantes de una escuela de alta montaña concretaron un viaje único para descubrir los principales atractivos turísticos y culturales de la Capital catamarqueña.

Estudiantes, familias y docentes de la Escuela N.º 474 de El Tolar, en el departamento Belén, disfrutaron de una jornada de descubrimiento, recreación y emoción, con visitas al Pueblo Perdido de la Quebrada, el dique El Jumeal y la Gruta de la Virgen del Valle. La iniciativa contó con el acompañamiento de la Municipalidad de la Capital y el Gobierno de la Provincia.

La alegría de descubrir nuevos lugares, compartir experiencias en familia y llevarse recuerdos para atesorar fue el denominador común de una jornada muy especial que vivieron diez niños de la comunidad indígena de El Tolar (Departamento Belén), junto a diez padres y sus docentes, durante su visita a San Fernando del Valle de Catamarca.
La delegación llegó a la Capital en el marco de un proyecto educativo que permitió a los estudiantes participar del Ponchito 2026, en el Predio Ferial Catamarca. A partir de esa experiencia, y con el propósito de aprovechar su estadía para conocer otros espacios de la ciudad, desde la Secretaría del Interior y Pueblos Originarios del Gobierno de la Provincia, a través de su titular Dr. Hernán Velardez Vaca, en conjunto con la Municipalidad de la Capital, desde su Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico, se concretó este recorrido.

La propuesta se transformó en mucho más que una visita turística: fue una oportunidad para vivir nuevas experiencias, disfrutar de actividades recreativas y compartir momentos que, al regresar a su comunidad, podrán transmitir a sus familias y a quienes no pudieron acompañarlos.
Descubrir, jugar y disfrutar
El recorrido incluyó una visita al Pueblo Perdido de la Quebrada, donde los niños pudieron acercarse al patrimonio arqueológico y cultural de la región, recorriendo el Centro de Interpretación y participando de las actividades interactivas propuestas; y continuó en el dique El Jumeal, uno de los paisajes más representativos de la Capital.
A pesar de la llovizna, la jornada en el dique El Jumeal tuvo uno de sus momentos más celebrados con la actividad de hidropedales, gracias a la colaboración y gentileza del Club de Nadadores Unidos de Catamarca. Entre sonrisas, entusiasmo y curiosidad, los chicos disfrutaron de una experiencia recreativa diferente, en contacto con el agua y el paisaje. Cada actividad representó la posibilidad de salir de la rutina cotidiana, descubrir otras formas de diversión y compartir en grupo momentos que quedarán en su memoria.

La jornada culminó en la Gruta de la Virgen del Valle, un sitio de profunda significación espiritual para los catamarqueños. Allí, la emoción adquirió un sentido especial para las familias visitantes, que encontraron en ese espacio un lugar para expresar su fe y cerrar el recorrido con un momento cargado de sentimientos.

Recuerdos que vuelven a casa
Irana Riquelme, docente de la Escuela N.º 474, destacó la satisfacción de haber podido concretar las expectativas que tenían al emprender el viaje y valoró las experiencias compartidas por los estudiantes y sus familias.
“Nos llevamos experiencias muy bonitas”, expresó, al tiempo que resaltó la importancia de que los niños pudieran conocer lugares nuevos, disfrutar de actividades recreativas y vivir momentos significativos junto a sus seres queridos.
La docente también puso en valor el cierre de la visita en la Gruta de la Virgen del Valle, donde la fe de la comunidad se manifestó con especial intensidad. Para las familias, llegar hasta ese lugar significó mucho más que completar un circuito turístico: fue una oportunidad para encontrarse con un espacio profundamente ligado a sus creencias y tradiciones.
La experiencia reafirma el valor del turismo como una herramienta de encuentro, aprendizaje e inclusión, capaz de generar oportunidades para conocer, compartir y fortalecer los vínculos entre comunidades de una misma provincia. Porque, a veces, un viaje se mide mucho más que en kilómetros recorridos: se mide en las sonrisas, en la emoción de descubrir algo por primera vez y en las historias que cada niño llevará de regreso a casa para compartir con los suyos.





