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Claudio Maza, enólogo principal de Bodega El Esteco

El Norte Argentino amplía su potencial con una revolución enológica

Los Valles Calchaquíes, en el Norte Argentino, atraviesan una profunda transformación que desafía los antiguos preconceptos de la viticultura nacional.

El Norte Argentino amplía su potencial con una revolución enológica

Lejos de ser una región encasillada en la calidez extrema y las madureces sobreexpuestas, la región se consolida como un nuevo paradigma donde la altura, los microclimas singulares y una lectura agronómica precisa permiten descubrir un potencial inexplorado de frescura, elegancia e identidad extrema.

En el centro de esta evolución técnica se encuentra Claudio Maza, enólogo principal de Bodega El Esteco, consolidado como uno de los referentes indiscutidos de la enología vallista. Con la visión y el rigor que marcan su trayectoria, Maza dialoga a fondo sobre este presente de cambio, los desafíos del terroir y las apuestas más innovadoras que reescriben el mapa del vino argentino.


Claudio, partiendo de la base de que históricamente se asoció al norte argentino con la calidez extrema y madureces sobreexpuestas, ¿cómo modificó la irrupción de terroirs de altura y extremos la lectura técnica de los Valles Calchaquíes?

Hace poco conmemoramos el Día del Enólogo y eso no hace más que obligarnos a asumir la responsabilidad de desafiar los límites geográficos y climáticos que la industria impone por inercia. En regiones extremas como los Valles Calchaquíes, la labor enológica exige hoy una lectura fina y despojada de prejuicios. Ya no se trata meramente de domar el calor, sino de entender que el norte esconde microclimas capaces de albergar expresiones de frescura inéditas. El verdadero pulso de la enología actual radica en esa audacia técnica: salir a buscar la identidad en rincones impensados, interpretar el paisaje con precisión milimétrica y transformar cada vendimia en una declaración de principios sobre lo que el terroir calchaquí todavía tiene por revelar.


Un claro ejemplo de esa búsqueda ha sido el desembarco de variedades típicamente asociadas a climas más frescos. ¿Qué le enseñó a la bodega el desarrollo del Blend de Extremos Pinot Noir?

El lanzamiento del Blend de Extremos Pinot-Pinot tuvo una repercusión espectacular. Apostamos por una línea pretenciosa que nos marca una idea: que el norte no es tan cálido como la percepción general cree. Nos da la posibilidad de que, ajustando puntos de cosecha y trabajos en planta, podamos tener variedades consideradas de climas fríos en este lugar. Eso nos invita a pensar que no somos tan calientes como creemos, porque se pueden desarrollar estas variedades. La verdad que es increíble; le encontramos los puntos de cosecha, hacemos trabajos en la planta y utilizamos otras formas de elaboración en bodega donde el varietal se expresa de manera más nítida.

Nuevos aires para el Norte Argentino

En esa misma línea de expansión territorial, están profundizando el trabajo en Catamarca. ¿Qué perfiles busca consolidar la bodega en esa zona?

Es una nueva línea que por ahora tiene tres vinos: dos tintos (un Malbec y un Cabernet Sauvignon de la zona de Chañar Punco) y un Torrontés de Cafayate, en Salta. Es empezar a mostrar todo el trabajo que venimos haciendo dentro de Catamarca, que creemos tiene mucho potencial. Buscamos vinos que tengan una buena concentración aromática, que sean potentes. En el Malbec resalta la fruta fresca, fruta roja fresca ácida, con una buena acidez; y en el Cabernet, la tipicidad de los Cabernet del Norte bien marcada. Además, incorporamos el primer vino naranjo de la bodega a partir de nuestro emblema, el Torrontés. Las elaboraciones son sencillas: mantenemos el contacto con las pieles alrededor de cinco meses con poco movimiento para evitar la sobreextracción, logrando textura y un perfil aromático con notas de hierbas secas y un costado cítrico, tirando a la cáscara y aceites de la naranja.

Frente a las tendencias globales de moderación alcohólica, ¿cómo evalúa la adaptación del portfolio y qué lugar ocupan los desarrollos de menor graduación?

Creo que las bodegas que hacen volumen tienen que tener productos con cero alcohol o baja graduación, aunque en lo personal me inclino más por el negocio de los 5 a los 9 grados, con productos a base de vino y cócteles. Me parece que un producto muy logrado es la burbuja en el espumante. Ciertamente hay que atender a una tendencia de consumir menos alcohol, ya sea para embarazadas o personas que buscan una alternativa sin alcohol. La tecnología y el desarrollo actual nos acompañan muy bien. En nuestro caso, encontramos una gran oportunidad en el Torrontés, que al no tener una acidez málica elevada soporta muy bien cosechas tempranas. Eso nos llevó a reformular la matriz de nuestro dulce natural, llevándolo también hacia un perfil low, equilibrando el nivel de azúcar con un menor contenido alcohólico en un packaging totalmente renovado.

Mirando hacia el futuro inmediato del sector y analizando el comportamiento climático, ¿cómo impactan los escenarios actuales en la producción del Valle Calchaquí en comparación con otras regiones?

La vendimia en el Norte ha sido muy buena, de esas que vamos a recordar por la intensidad de fruta fresca, muy buenos tintos, blancos y una excelente acidez. Tuvimos una madurez muy lenta, algo que hacía tiempo no veíamos, con alcoholes moderados y sin la fruta quemada. Respecto a los pronósticos climáticos y de corrientes húmedas, el Valle Calchaquí reacciona de manera diferente a Mendoza: mientras allá suele haber primaveras y veranos húmedos, aquí predominan los años secos. Esto último no significa que estén exentos de desafíos, ya que suelen traer aparejadas heladas en octubre o noviembre. Ante escenarios cálidos, el gran punto de atención seguirá siendo anticipar los puntos de cosecha para cuidar la fruta y evitar la sobremadurez. MDZ


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