14/06/2026 |
La Casa de la Puna es el lugar donde confluyen artesanos, artistas, turistas y residentes. Por eso, la Plaza Quique Sánchez Vera volvió a transformarse ayer en un gran punto de encuentro donde la identidad catamarqueña se expresó a través de las manos laboriosas y creativas de los feriantes que dieron vida a una nueva edición de Manos Catamarqueñas.
La iniciativa de la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico de la Capital apuesta a revalorizar los espacios de exposición de feriantes que realizan trabajos netamente artesanales, generalmente de emprendimientos familiares o de microemprendedores que viven del autoempleo.
Entre puestos colmados de creatividad y saberes ancestrales, los visitantes pudieron descubrir piezas únicas elaboradas con madera, cerámica, metales y fibras textiles, productos regionales, licores artesanales y otras creaciones detrás de las cuales existen historias de esfuerzo, pasión y hasta de resiliencia.
Una de ellas es la de Soledad Candelaria, creadora del emprendimiento Solecita, quien se dedica a la elaboración de cerámica utilitaria, con muchas de sus piezas inspiradas en las culturas originarias. Algunas de sus obras requieren cerca de veinte días de trabajo y hasta tres horneadas para alcanzar el acabado final. Sus hueveras con forma de gallina y tazones finamente trabajados se encuentran entre los productos más buscados. “La feria es distinta porque es lindo compartir con la gente, hablar del proceso y también encontrarnos con otros artesanos”, expresó.
Desde Concepción, departamento Capayán, llegó Sergio Villafañez con su emprendimiento Sacha Mishi. Hace cuatro años trabaja la madera de algarrobo, sauce, jacarandá y pino blanco para crear bateas, tablas para asado, picadas y piezas rústicas. “Tenemos que andar de feria en feria para poder mostrar y vender lo que hacemos”, comentó el artesano, para quien estos espacios representan una oportunidad fundamental de sustento y difusión.
También participó Rao Artesanía, proyecto dedicado a la fabricación de bandejas, portacelulares, veladores y objetos decorativos. Su creador destaca que las ferias son el primer paso para darse a conocer y construir vínculos con el público. “La necesidad de vender y hacerse conocido empieza aquí, en las ferias”, sostuvo.
Otra historia inspiradora es la de Marina, creadora de Yunga Joyería Contemporánea, quien comenzó a descubrir su vocación en 2018 tras estudiar en la Escuela de Orfebrería. Lo que inició como un hobby terminó convirtiéndose en un emprendimiento basado en el diseño de piezas únicas en plata, cobre y piedras naturales. “La feria es una forma de visibilizar a los artesanos y dar valor a nuestro trabajo. Son piezas únicas y, cuando la gente pegunta el precio de un producto artesanal y no industrializado, tiene que tener en cuenta que eso también tiene un valor”, afirmó.
La creatividad también se expresó en los altares y denarios cristianos elaborados por Claudia, creadora de Quitai, emprendimiento especializado en imágenes inspiradas en la Virgen del Valle y Fray Mamerto Esquiú. Para ella, participar por primera vez en este espacio significa la posibilidad de generar nuevos contactos y ampliar su comunidad.
Entre muñecos tejidos a crochet y atrapasueños, Paola mostró el fruto de más de seis años de trabajo artesanal, mientras que Pancho, al frente de Pacha Piedras, ofreció pulseras y collares elaborados con más de treinta variedades de piedras naturales. “El emprendedurismo es duro. Yo tengo la jubilación mínima y con esto me hago otra jubilación”, relató con sinceridad.
Turistas
La feria también se convirtió en una ventana para que los turistas descubran la esencia catamarqueña. María Mercedes, visitante proveniente de Buenos Aires, siguió con detalle el relato de las artesanas textiles que tejen en telar y exhiben sus creaciones en Casa de la Puna. Porque en ese rincón de la ciudad hay arte fuera y dentro del atractivo. Tras elogiar el proceso que culmina en bellos ponchos y ruanas catamarqueñas, confesó que en su juventud tejía en telar y este paseo despertó ese recuerdo y la admiración por las teleras. También destacó los paisajes y la calidez local: “Allá es cemento; aquí hay mucha naturaleza. Además, todos son muy amables y brindan buenos servicios”.
Tras recorrer el Dique El Jumeal en el Bus Turístico, Marcelo, Andrea y Matín, de Tucumán, llegaron a disfrutar un poquito de la feria, de la visita guiada y del canto y el baile que se vivía dentro y fuera del atractivo. En torno a lo que más les gustó del paseo, coincidieron en resaltar la limpieza, el orden y la tranquilidad de la ciudad. “El Ecoparque El Jumeal es un lugar hermoso, un punto de encuentro donde uno puede caminar tranquilo”, señalaron.
Más que una feria, Manos Catamarqueñas es un espacio donde convergen identidad, cultura y economía local. Allí, cada objeto cuenta una historia y cada compra representa un reconocimiento al trabajo silencioso de quienes, con sus manos, mantienen viva la esencia de Catamarca.
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