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Ellas y Ellos

Síndrome del nene invisible

03/06/2026 | 

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El llamado síndrome del niño invisible describe a esos chicos de la casa que quedan en segundo plano emocional frente a un hermano que acapara la atención. Es una dinámica familiar frecuente que, aunque pase desapercibida, puede marcar la autoestima, la expresión afectiva y la manera de vincularse. Reconocerlo a tiempo ayuda a evitar secuelas emocionales.


Consecuencias a largo plazo del síndrome del niño invisible

La psiquiatra Marian Rojas Estapé, en un post de Instagram, explica que el síndrome del niño invisible se da cuando un hermano concentra gran parte de la atención. Los que quedan fuera suelen ser tranquilos, no generan conflictos y no reclaman, por lo que sus necesidades afectivas quedan relegadas sin que los adultos siempre se den cuenta.


Aunque a primera vista parezca que ‘está todo bien’, esa invisibilidad puede dejar huellas: dificultad para pedir ayuda, expresar emociones o poner límites; autoestima basada en complacer; y ansiedad silenciosa. Algunos desarrollan una madurez prematura y asumen responsabilidades que no corresponden a su edad, porque aprendieron que llamar la atención tiene un costo emocional.

Detectarlo requiere observación atenta: fijarse si el niño evita pedir ayuda, se muestra excesivamente responsable o se retrae en reuniones familiares. También es clave notar si renuncia a sus gustos para no generar conflictos o si se contenta con menos afecto. Los adultos suelen justificarlo como ‘buen comportamiento’ y pasan por alto señales claras.


Cómo actuar en caso de que ocurra con el nene

La recomendación profesional es dedicar tiempo individual, mostrar interés genuino y validar sus emociones aunque el chico no las verbalice. Es importante fomentar espacios seguros y rutinas conversacionales. Como dice la experta: “Abre un espacio de comunicación real. Porque todo niño necesita sentirse visto. Y saber que también merece amor… aunque no lo pida”.


Aprovechar instantes cotidianos —la hora de dormir, un paseo o una tarea compartida— facilita que el niño se abra sin presiones. No se trata de forzar la confesión, sino de invitar con preguntas abiertas y reflejar lo que muestra. Reforzar con reconocimiento concreto cuando pide ayuda cambia la creencia de que molestar es peligroso. La100



 
 
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