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Del reclamo de Malvinas al costo del ajuste

La grieta y sus múltiples derivados

Votantes de Milei muestran su desencanto frente al ajuste y la falta de respuestas. La caída del poder adquisitivo golpea a jubilados, empleados y comerciantes.

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La grieta y sus múltiples derivados

Varios son los temas que ocupan nuestra atención, sin importar demasiado de qué lado de la grieta haya caído uno. A fin de cuentas, la grieta solo tiene de novedoso el nombre: existía desde el momento mismo de la Revolución de Mayo de 1810 y hace más de 200 años que nos acompaña.

En el deporte, en la economía, en la farándula y, como hace a nuestra forma de ser, no podía ser de otra manera: en la política también se hizo presente. En algunos tiempos de forma civilizada y en otros no tanto. Hoy se manifiesta mucho en las redes sociales, un poco en los medios de comunicación y no mucho más.

Las legislaturas, en general, no nos llenan de orgullo: ni por sus legisladores ni por sus discursos. Tuvimos un «diputrucho» (diputado falso), un «dipuchupa-tetas», algunos dormilones, otros que desconectan cables para frenar sesiones, quienes parecen aspirar sustancias en plena banca, otros que recitan poesías cincuentenarias y hasta «dipubomberos» arrojando vasos de agua a sus pares.

En fin, es lo que hay.

Uno de los grandes temas que no hace mucho tomó estado público es el eterno reclamo por nuestras islas Malvinas. Cobraron relativa notoriedad a partir de hechos inconexos y casi fortuitos: una bandera arrojada al campo de juego en el Mundial de Fútbol tras el partido contra Inglaterra y declaraciones ambiguas, sin demasiados compromisos, por parte del presidente de EE. UU. Bastaron esos dos hechos para volver al tema con un gran despliegue: oportunismo político para la oposición; alineamiento de planetas y momento justo para dar visibilidad a algo que se venía trabajando en silencio para el oficialismo.

Ni siquiera este tema queda a salvo de la grieta. La oposición acusa al Gobierno de no haber sido «suficientemente malvinero». Salvo por la vicepresidenta y los excombatientes, la realidad es que el reclamo no fue agitado por nadie más, aunque ahora muchos se rasguen las vestiduras.

La hipocresía y la incapacidad de asumir responsabilidades o hacerse cargo del pasado son las nutrientes basales de nuestro distanciamiento.

El otro gran tema que nos divide, superfogoneado en las redes sociales, que hoy superan cualquier debate público o privado, no es en absoluto nuevo para los argentinos. Desde el Poder todo se ve color de rosa o, al menos, se asume que, aunque haya un espeso banco de niebla por el cual es fácil terminar contra un árbol, al salir de allí aguarda un día brillante y lleno de sol, con el bienestar al alcance de la mano.

El Poder no genera ceguera: potencia el optimismo.

Una visión absolutamente distinta se percibe desde la Sociedad, que atraviesa angustias, temores, privaciones y miserias, encontrando en el mensaje opositor la sintonía con lo que le pasa. La oposición busca erigirse como la voz de los sin voz, interpretando que continuar con este proyecto político destruirá definitivamente a la clase media... y quizás tenga razón.

La distancia del Poder no genera falsa empatía, pero sí potencia una comprensión de la cual carece la gestión pública.

En esta situación, el problema no es solo que los más débiles paguen el ajuste, sino que jamás cobran los beneficios. Este Gobierno, al igual que los anteriores, entiende la economía de un modo muy especial: socializa las pérdidas y privatiza las ganancias. Mientras el oficialismo habla del «Riesgo Kuka» para referirse a la desconfianza inversora ante un hipotético regreso del kirchnerismo, las personas con discapacidad, sus familias, los jubilados, los trabajadores informales, los empleados públicos, comerciantes y pymes viven cada vez peor, sin que al Gobierno se le caiga una idea para revertir el panorama.

La baja indiscutible de la inflación era necesaria, pero resulta insuficiente. La oposición denuncia la insensibilidad del proyecto económico, la entrega y la exclusión social, pero tampoco ofrece un solo aporte serio y sostenido para impulsar un modelo alternativo que realmente sirva para sacar al país adelante. Se limitan a apostar todas las fichas al fracaso gubernamental para luego, con el trabajo sucio ya realizado, repartir migajas de alegría a cambio de desviar miradas inquisidoras y asociarse en cada negocio con los dueños del capital, tal como han demostrado sin margen de duda en el pasado reciente.

Que la situación está mal, difícil e intolerable, y que cada vez son más los que se caen o son tirados del camión, es innegable.

Sin embargo, de allí a la idea de reformular una especie de Unión Democrática antigubernamental hay una distancia considerable. En público se ha planteado ese esquema: un bloque heterogéneo que va desde la derecha moderada y de buenos modales hasta la izquierda más radical, pasando por el propio kirchnerismo.

Una alianza que difícilmente pueda consolidarse debido a los egos y que, de llegar a gobernar, difícilmente compatibilice posiciones. Las diferencias irreconciliables nunca auguran un destino de grandeza.

Entre tantas grietas hay otra muy interesante: la que encarnan los buscadores del Poder por el Poder mismo. Posiciones, beneficios y negocios en una lucha donde la variable del «nosotros» queda excluida. El «nosotros» es solo el mascarón de proa para llegar o mantenerse, pero el verdadero fundamento es otro. Pensar que muchos todavía no se han enterado es la justificación para que ciertos personajes nefastos sigan pululando entre nosotros.

Dentro de esta gama de grietas, subgrietas y minigrietas, también dicen presente quienes, habiendo votado por Milei bajo la consigna del voto antipopulista, hoy están enojados y, con justa razón, sienten que muchas de las expectativas que los llevaron a votarlo quedaron por el camino. Son, en definitiva, votantes convidados de piedra de un sistema que parece haber olvidado que también ellos existen.

Pero hay algo más preocupante: su enojo podría terminar jugando en sentido contrario al que imaginaron. Podría retrotraernos al pasado del cual el país intentó salir y convertir en inútil buena parte del sacrificio realizado. Sería tirar por la borda lo hecho, barajar, dar de nuevo y volver, una vez más, al mismo punto de partida.

Porque quizás esa sea la paradoja de esta Argentina de grietas infinitas: cuando unos se cansan de un camino, no necesariamente encuentran otro. A veces, simplemente, terminan regresando al anterior.

Y así seguimos. Divididos, enfrentados, desconfiados. Buscando culpables a cada lado de la grieta, mientras la grieta, paciente, sigue creciendo.

Edmundo Fuster

CABA - Argentina

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