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Sospechas de desvío y encubrimiento

Giro en el juicio por Loan: una testigo reveló cómo se fraguó el hallazgo del botín

Durante las audiencias del debate oral por la sustracción del niño correntino, la testigo Carlota Eugenia Moreira reconstruyó el momento en que se encontró el calzado en el lodazal de El Algarrobal. Aseguró que la zona era inaccesible para un menor de cinco años y que el grupo parecía conocer de antemano el lugar exacto.

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Caso Loan: un testimonio clave en el juicio desmonta la hipótesis del extravío y refuerza la sospecha del botín "plantado"

La reconstrucción judicial sobre lo ocurrido tras la desaparición de Loan Danilo Peña, el niño de cinco años visto por última vez el 13 de junio de 2024 en el Paraje El Algarrobal (localidad de 9 de Julio, Corrientes), sumó un capítulo determinante durante las recientes audiencias del juicio oral y público. La declaración testimonial de Carlota Eugenia Moreira, una de las mujeres que integró la comitiva de búsqueda en las primeras 24 horas del hecho, aportó elementos técnicos y descriptivos que comprometen severamente la versión oficial sostenida en su momento por los principales imputados.

Ante el tribunal federal a cargo del debate por la sustracción y el ocultamiento del menor, Moreira desmenuzó las circunstancias en las que se produjo el hallazgo del botín derecho del niño en un lodazal ubicado a casi tres kilómetros de la vivienda de Catalina Peña, la abuela de Loan. Su testimonio coincidió en aspectos medulares con las declaraciones de otros pobladores y reforzó la hipótesis del Ministerio Público Fiscal: el calzado no llegó allí por el deambular espontáneo del pequeño, sino que habría sido colocado deliberadamente para instalar la falsa pista de un extravío en el monte correntino.

Un recorrido guiado y un área de difícil acceso

Según la reconstrucción volcada en el expediente, la tarde del 14 de junio de 2024 —un día después de la desaparición— Carlota Moreira y María Duarte acudieron a la zona para colaborar con la provisión de alimentos para los baqueanos y efectivos desplegados. Tras intentar llegar al naranjal y regresar por la multitud acumulada, ambas divisaron a Laudelina Peña (tía de Loan, actualmente detenida) y a su hija Macarena internándose en la vegetación, por lo que decidieron acompañarlas.

El grupo atravesó tres alambrados y caminó durante más de una hora hasta adentrarse en un monte espeso. Al arribar a un sector anegado, aguardaban el entonces comisario de 9 de Julio, Walter Maciel, y el expolicía Amado Méndez, ambos hoy imputados y bajo prisión preventiva por presunto encubrimiento y desvío de la investigación.

Moreira enfatizó que durante todo el trayecto fue la propia Laudelina quien lideró la marcha con precisión geográfica hacia lo que denominaba el "charquito de atrás". Al llegar, el sitio ya presentaba una señalización previa: un palo de madera clavado a unos 70 centímetros del punto donde yacía el calzado sumergido.

"Si lo perdía un chico, no iba a estar tan hundido en el barro", aseveró Moreira ante los jueces, al detallar que el lodo le llegaba a la altura de los tobillos a Macarena Peña mientras tanteaba la superficie con una vara hasta extraer el objeto.

La testigo remarcó un dato de crucial relevancia pericial: el botín estaba tan denso y completamente cubierto de lodo que resultaba imposible reconocerlo visualmente a simple vista al momento de su extracción. No obstante, según su relato, Laudelina lo identificó de manera instantánea como la prenda que le habían regalado a su sobrino.

Huellas, estacas y llamadas enigmáticas

El interrogatorio ante las partes repasó además las inconsistencias detectadas en la escena del hallazgo. Según consta en las actuaciones iniciadas oportunamente ante la Fiscalía Federal de Goya, en el lugar se observaban marcas que simulaban la impronta de un pie descalzo.

Una vez extraída la prenda, el comisario Maciel ordenó no alterar el perimétro, tomó fotografías con su teléfono celular y realizó comunicaciones telefónicas para notificar a la superioridad. Moreira reveló que, durante la caminata de regreso a través del campo, Laudelina recibió una llamada particular en su dispositivo móvil y le respondió a su interlocutor que no podía explayarse en ese momento porque se encontraba "con colita", término coloquial utilizado para referir a la presencia de acompañantes o testigos no deseados.

Este testimonio guarda estricta correlación con lo expresado previamente por María Duarte, otra de las acompañantes civiles, consolidando la línea acusatoria que sostiene que la escena del hallazgo fue montada para desviar la atención de las fuerzas federales y entorpecer los rastrillajes iniciales.

El contraste con el relato de los vecinos del paraje

La jornada de debate oral incluyó asimismo la comparecencia de pobladores históricos de El Algarrobal que se sumaron espontáneamente a las batidas de búsqueda durante las primeras horas de zozobra.

  • Raúl Chamorro, productor ganadero cuyo campo linda con la propiedad de la abuela de Loan, recordó el momento en que Bernardino Antonio Benítez (pareja de Laudelina e imputado) llegó a su finca preguntando si habían visto pasar a un niño. Chamorro salió de inmediato a caballo a recorrer las lagunas linderas y descartó de plano la factibilidad de la hipótesis del extravío.

  • Ramón Robledo, vecino cuyo inmueble se sitúa a escasos 150 metros del naranjal donde estuvo el niño por última vez, ratificó ante el tribunal que la zona es un entorno rural conocido por todos los habitantes, donde jamás se había extraviado un menor ni existen peligros geográficos complejos que expliquen una desorientación a gran escala.

Por su parte, la defensa de los acusados buscó incorporar matices sobre el entorno familiar y las relaciones personales en el paraje, interrogando a testigos como Argentina Maldonado sobre sus vínculos con Benítez.

El debate oral continuará en las próximas audiencias con la citación de nuevos testigos clave, entre los que se destaca el testimonio de Agustín Ibarra, chofer que trasladó a Laudelina Peña cuando esta prestó la polémica declaración inicial en la capital correntina en la que intentó instalar la versión —posteriormente desmentida— de un supuesto accidente de tránsito provocado por la camioneta del matrimonio integrado por María Victoria Caillava y Carlos Pérez.

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