Aporte a la confusión general
Esto es lo que yo quiero
Más de 6.400 barrios populares confirman el fracaso de recetas que prometían igualdad y dejaron solo migajas. Una lectura ácida sobre la deuda con el FMI y la emisión sin control.

Perdón desde ya por lo autorreferencial, pero con toda honestidad digo que preferiría ser joven, con una buena posición económica y gozar de una salud de hierro, y no ser viejo, pobre y enfermo, como habitualmente decía un ingeniero de Repsol.
También preferiría ser alto, rubio, atlético y de ojos verdes, y no petiso, pelado y gordo; de los ojos no me quejo porque verdes los tengo.
Esto, llevado al plano argento, podría traducirse en estabilidad económica, dólar calmo, sueldos y jubilaciones decorosos, niños bien alimentados, impuestos y servicios acordes a los ingresos y al alcance de todo el mundo, superávits gemelos, hospitales a la altura de los tiempos, docentes bien pagados, con instalaciones modernas y bien mantenidas, seguridad ciudadana y, este año, Huracán campeón.
Sacando el tema del Globo, en todo lo demás casi seguro estamos de acuerdo. Pero igualmente me gustaría que se dedicaran las partidas necesarias a la tecnología y la investigación, que la casta fuera borrada del mapa, que los conchabos desaparecieran —menos el mío y el tuyo, que realmente merecemos tener— y que las rutas fueran transitables y seguras.
Todo bajo el imperio de la ley y la plena e irrestricta vigencia del Estado de derecho. Con diputados que no se queden dormidos, ni se den un “saque” en plena sesión, ni contraten empleadas que los amamanten, a los diputados, of course.
Además, que se reactivara el consumo y la construcción, y que los alquileres de viviendas descendieran claramente. Que hubiera créditos hipotecarios a 30 años con el 1% de interés anual y que el kilo de lomo de ternera costara, como mucho, 5 dólares.
Podría seguir, pero eso lo dejo para que cada uno lo vaya completando.
UN CAMINO HACIA LA IGUALDAD
Ahora veamos, más allá de lo que cada uno quisiera, que tiene todo el derecho del mundo a pensarlo de ese modo, antes de llegar a la conclusión de que tendríamos que tener una vacada, rebaño, manada o hato de VACAS MUERTAS y varias toradas de TOROS VIVOS, algo que al menos hasta hoy no parece posible.
Tampoco tenemos en cada esquina una mina de rodio o de paladio. Y menos mal que nada de esto hemos tenido, ya que quizás, con nuestro modo de ser, algunos ya se lo habrían fumado. ¿Tenés alguna duda?

Como esas cosas que la naturaleza a veces brinda a otros no nos han tocado, ni nos ha caído el billete ganador de la suerte de tener todo y al mismo tiempo, ya empezamos bastante mal. Y lo poco que hemos ligado ha quedado demasiado concentrado: en general, los amigos del poder se llevaron la parte del león, con lo cual queda bastante poco por repartir.
Ahí es donde se esconde la madre del ternero: qué hacer con lo poco que queda, o sea, cómo distribuir las migajas. Y en esta repartija, obviamente, también hay hijos y entenados.
Una opción es plantear una falsa igualdad donde se premia a unos y se castiga a otros; en general, los premiados son siempre los amigos del poder, y al resto, ni agua, o algo muy parecido.
Con un esquema distribucionista, las diferencias sociales deberían acortarse, pero nuestra mala suerte hace que, en los tiempos de mayor bonanza o de proclamada libertad, se incremente más la pobreza, constituyendo una verdadera dicotomía.
Según cifras oficiales, entre principios de los años 2000 y los últimos relevamientos, los barrios populares se multiplicaron hasta superar los 6.400. A mí me parece un despropósito, pero quizás la igualdad social para algunos implique que donde hay un pobre no hay nada mejor que llevarle a otro pobre al lado.
Un fenómeno raro: en tiempos en los que cuatro años gobernó Macri y el resto el PJ, se dio un incremento abismal de la gente con problemas habitacionales. Por mucho menos, Madrid está casi incendiada por este tema.
CANCELAMOS LA DEUDA CON EL FMI
Este es simplemente un aspecto: el efecto derrame no llega nunca. Los jubilados siempre estuvieron mal; los empleados públicos, siempre mal.
Cuando las tarifas estaban subsidiadas, era un incentivo para no invertir, y cuando se inventaron los subsidios, los usuarios los disfrutaban sin demasiada preocupación ni marcar diferencias, mientras los empresarios se hacían millonarios, el país se empobrecía y los funcionarios se mudaban a Nordelta y Puerto Madero.

Si tenés dudas, fijate cuándo obreros y/o empleados se subieron a la movilidad social ascendente y se mudaron a esos lugares.
El simular que todo andaba bien tenía su origen en créditos que fueron un pagadiós. Se canceló la deuda con el FMI utilizando reservas del Banco Central y, después, Venezuela pasó a convertirse en un importante financista de la Argentina mediante la compra de bonos, a tasas superiores a las que cobraba el Fondo. Somos unos vivos bárbaros; la única diferencia es que el extinto comandante Hugo Chávez no mandaba auditorías.
Y un día los préstamos de afuera se nos cortaron, se empezó a fabricar billetes a lo loco y llegamos a superar el 200% anual de inflación, con un INDEC tan confiable como jugar un partido de fútbol con una pelota de rugby.
Los que tenían que tocar el timbre para que parara el colectivo de la locura se quedaron dormidos y nos pasamos de parada.
NACE UNA ESTRELLA
Cuando ya era inexorable el rumbo, convierten a Javier Milei en panelista central del programa Intratables, que se emitía por América TV, un canal que tenía demasiadas similitudes con C5N por su marcado sesgo progubernamental.
Ahí obtuvo visibilidad y algún tipo de apoyo extra para iniciar su campaña política, con el fin exclusivo y excluyente de que actuara como una cuña por derecha para la oposición, que en ese momento estaba representada por Patricia Bullrich.

Con lo que le sacaba Milei a la centro-derecha y el Plan Platita multiplicado por 10, el oficialismo suponía que ganaba en primera vuelta.
Pero el diablo metió la cola: Milei sacó más votos de los esperados y, en la segunda vuelta, Juntos por el Cambio y el gorilismo recalcitrante jugaron con Milei y a cobrar.
Así fue como Sergio Massa, “el fullero”, como lo llamó CFK, se quedó afeitado y sin visita.
Aunque el invento “K” falló, al nuevo gobierno le quedó instalado mucho peronismo en las listas y, quizás, algún compromiso.
El peronismo ató por arriba y se quedó con los gobernadores. Y la gente, un poco cansada de hacer de extra en los actos y en los reclamos, de pagar el diezmo por los planes sociales, sin cambiar de camiseta votó a la variante blue, a la marca blanca, al candidato que hablaba con las palabras que querían escuchar y con las amenazas que también querían escuchar.
Se comprometió a terminar con la casta, a cortar las reelecciones indefinidas de los gremios e intendencias, a exigir rendición de cuentas, algo que sonaba tan lindo como inverosímil. La gente, cansada y sin demasiado análisis, eligió creer.
Como candidato de sustitución, decía aquello que desde el Frente de Todos no podían decir, pero que casi todos sabían que nadie iba a cumplir.
AHORA: LA GESTIÓN
La casta se convirtió en un ente no bautizable: como todos eran casta, entonces ninguno era casta. El ajuste lo iba a pagar la política, pero ¿quién era la política? Nunca se le puso nombre ni cargos, y obviamente tampoco cargas.
Auditaron los planes sociales y muchos comedores fantasmas fueron dados de baja, pero por ese tema nadie salió de circulación. Auditaron las pensiones por discapacidad y, luego de meses, está a mitad de camino. Preso, ninguno.

Quizás se auditó el parque automotor y a los “Chocolates” sin que pasara absolutamente nada. Si la casta eran algunas jubilaciones de privilegio, tampoco se avanzó en esa línea.
El actual gobierno petrificó algunas variables, sueldos de la administración pública y jubilaciones, condenando a millones de viejos a vivir de la caridad en medio de una crisis que no tiene parangón.
A eso se le suman las restricciones, la falta de trabajo en sectores muy dinámicos, con la construcción a la cabeza, la industria que dejó de emplear mano de obra intensiva y el comercio en caída libre.
Como si esto fuera poco, el Premio Nobel a los malos modales nos tiene como firmes candidatos a la medalla de oro. Testimonio de ello pueden dar actores, músicos, periodistas, presidentes, etc.
Con lo cual, el pueblo hambreado, los manifestantes gaseados y los personajes públicos insultados son una rodajita de limón, una guinda y unos cubitos de hielo: el cóctel perfecto para servir en las copas de la oposición. ¡Chin-chin, salud!
Si no cambian los modos y no se abre un poco el grifo para que, aparte de Añelo, el salar de Olaroz (Jujuy), el salar del Hombre Muerto (Catamarca) y algunos otros puntos puntuales, el resto del país pueda respirar un poco más tranquilo, sería bueno ir reservando lugar para las futuras conferencias sobre la Escuela Austríaca. Las vacantes siempre son limitadas.
LA OPOSICIÓN
El pasado es mucho más que la historia de lo que alguna vez sucedió. En muchos casos marca una línea de conducta cuyo olvido deliberado tiene un nombre claro: hipocresía.
Los Montoneros, la Triple A, el decreto de aniquilar a la subversión, Isabel, López Rega, los 13 paros generales y las más de 1.000 huelgas salvajes al gobierno del Dr. Alfonsín; la visita a EE. UU. pidiendo que el FMI no diera más auxilio al gobierno de ese entonces, la generación de condiciones para la entrega anticipada del poder, el acceso al gobierno del Dr. Menem con un programa nacionalista y el cambio copernicano al llegar a la gestión, quien, según él mismo confesó, no dijo previamente lo que iba a hacer porque, si no, nadie lo votaba.

Entre ese tiempo y el gobierno de Alberto Fernández, obviamente, pasaron cosas por las que algunos de los entonces funcionarios han tenido y tienen serios problemas con la Justicia. De carne somos y a cualquiera, “sin quererlo”, se le pega algún sobre.
El gobierno del Dr. Alberto Fernández tampoco tuvo demasiada suerte: los vacunatorios VIP, la cuarentena interminable porque daba rédito político, la fiesta de Olivos, las visitas “muy privadas” a la Casa Rosada, cosas raras con los seguros, negocios con las vacunas, la payasa Filomena, el asesinato del fiscal Alberto Nisman nunca aclarado...
Un gobierno fragmentado, loteado y manejado a control remoto; un INDEC que siguió dibujando índices, impagos de la deuda, Plan Platita, despilfarro demagógico de fondos, la Universidad de las Madres, el plan PROCREAR, por citar unos pocos ejemplos aleatorios, fueron símbolos inequívocos de esos tiempos.
Sin embargo, hoy se rasgan las vestiduras y razones no les faltan, porque la política de Javier Milei condena a la inanición a jubilados, desfinancia el PAMI, no soluciona el financiamiento universitario, discrimina a los discapacitados y a sus familias, y pavimenta el camino para la desaparición de la clase media, además de las pésimas formas de tratar a los opositores... todo eso olvidando su propio pasado.
Se condena la relación con EE. UU. que, dicho sea de paso, no te regala nada, más bien todo lo contrario, pero nada dicen de cuáles eran los países con los que nos relacionábamos en el pasado: Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Irán; si hasta nos ofrecimos para ser la puerta de entrada de Rusia al continente americano.
GOBIERNO ACTUAL
A este gobierno se llega por el hartazgo, con la ilusión de que se convertirían en acciones las buenas intenciones y con el compromiso de encaminar la economía. Obviamente, eso requería ajustar, y pareciera que ese ajuste nunca se termina, más allá de las frases grandilocuentes que la realidad se encarga de negar con contundencia.
A medida que se acercan las elecciones se escucharán más promesas de la oposición, más medidas que nos retrotraigan al pasado que, habiendo sido aplicadas durante 16 años y con viento de cola, terminaron sin dar ningún resultado.
Edmundo "Mundy" Fuster
Consultor y Columnista de Opinión
CABA - Argentina





