Con adaptógenos y nootrópicos, estas bebidas prometen relajación y desinhibición sin alcohol.
Efecto alcohol sin graduación alcohólica: qué hay detrás de las bebidas funcionales y por qué la promesa de “manejar concentrado” genera alarma
En la intersección entre la neurociencia, la botánica y las nuevas tendencias de consumo juvenil, una categoría de productos busca redefinir la forma en que nos relacionamos en eventos sociales: las bebidas funcionales sin alcohol.

Prometen soltura, relajación y una desinhibición similar a la que produce una o dos copas de vino o cerveza, pero sin las secuelas del etanol, las calorías vacías ni la resaca del día posterior.
El fenómeno cobró fuerza tras la difusión viral en TikTok de contenidos en torno a Ánima, un proyecto presentado en la Feria de Entrepreneurship 2025 de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). En el material audiovisual, una joven asegura que la bebida aporta solo 33 calorías, genera “la sensación de estar borracho” y, simultáneamente, “permite manejar concentrado”.
Sin embargo, detrás de la efectividad publicitaria en redes sociales existe un amplio gris científico y regulatorio que exige rigor: ¿qué contienen realmente estas bebidas y qué tan seguro es ponerse al volante tras su consumo?
Nootrópicos y adaptógenos: la fórmula del "cóctel inteligente"
A diferencia de las tradicionales bebidas energizantes (basadas en dosis elevadas de cafeína y taurina) o de las cervezas 0.0%, esta nueva generación de productos busca interactuar de forma activa con el sistema nervioso central mediante el uso de dos familias de ingredientes:
Nootrópicos: Sustancias químicas o extractos naturales diseñados para potenciar la función cognitiva, la memoria, la creatividad o la capacidad de enfoque.
Adaptógenos: Plantas, hongos y hierbas que ayudan al organismo a gestionar el estrés físico y mental, modulando la respuesta del cortisol.
Marcas globales han trazado el camino de este mercado emergente:
Sentia (Reino Unido): Creada bajo la influencia del neuropsicofarmacólogo británico David Nutt, esta bebida botánica busca estimular de forma directa el sistema GABA (ácido gamma-aminobutírico), el neurotransmisor encargado de reducir la excitabilidad neuronal. Es precisamente la activación del receptor GABA lo que genera la sensación inicial de relajación y soltura al consumir alcohol.
Three Spirit (Reino Unido): Utiliza combinaciones como Livener (energizante), Social (desinhibidor) y Nightcap (relajante con melisa y pasiflora).
Recess (Estados Unidos): Comercializa latas infusionadas con L-teanina, magnesio y adaptógenos como alternativa al consumo nocturno de bebidas alcohólicas.
La peligrosa narrativa del "sentirse ebrio y poder manejar"
El punto de mayor controversia científica y ética radica en la afirmación de que es posible experimentar la alteración sensorial del alcohol manteniendo al mismo tiempo los reflejos intactos para conducir un vehículo.
Hasta la fecha, no existe evidencia clínica ni certificaciones de seguridad vial publicadas que respalden que el consumo de mezclas con alta concentración de nootrópicos o adaptógenos sea inocuo para la conducción.
Incluso fabricantes pioneros como Sentia explicitan en sus términos legales y etiquetas recomendaciones preventivas: aconsejan no conducir ni operar maquinaria pesada durante los 45 minutos posteriores al consumo o mientras persistan los efectos de relajación intensa.
Por otro lado, botánicos de uso habitual en estas fórmulas —como la Ashwagandha (Withania somnifera)— están catalogados por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH) por sus posibles efectos sedantes y inductores de somnolencia, lo que podría ralentizar el tiempo de respuesta ante una emergencia vial.
El desafío regulatorio en Argentina
En el mercado argentino, la incorporación de adaptógenos y compuestos nootrópicos en bebidas de consumo masivo enfrenta un marco normativo estricto. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), a través del Código Alimentario Argentino, exige análisis toxicológicos y de rotulado antes de respaldar alegaciones de propiedades funcionales o terapéuticas en alimentos y bebidas.
Aunque iniciativas como la de la Universidad Di Tella representan un paso interesante en el ecosistema emprendedor e innovador del país, las afirmaciones expresadas por usuarios en plataformas digitales responden a la percepción subjetiva de un relato publicitario y no a una validación científica homologada.
La tendencia hacia el consumo responsable e inclusivo sin alcohol continúa ganando terreno, impulsada por la generación Z y los millennials. Sin embargo, los especialistas recuerdan un principio básico de la medicina táctica y vial: cualquier sustancia que altere el estado de ánimo, la percepción o la velocidad de procesamiento del sistema nervioso central representa un riesgo potencial al volante, independientemente de si proviene de un destilado de graduación alcohólica o de una planta adaptógena.





