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Deseo reprimido vs. elección consciente: la brecha de las posibilidades

Deseo vs. Realidad: la brecha económica y laboral que empuja a las jóvenes a postergar o cancelar la maternidad

Un informe del Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral revela que apenas el 34% de los adultos de entre 18 y 34 años prioriza la crianza. La falta de pareja estable, la sobrecarga del trabajo de cuidado y la búsqueda de desarrollo profesional explican una transformación cultural e histórica.

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Deseo vs. Realidad: la brecha económica y laboral que empuja a las jóvenes a postergar o cancelar la maternidad

Tener hijos dejó de ser el eje estructurante sobre el cual las personas —y en especial las mujeres— diseñan su proyecto de vida. La maternidad y la paternidad, lejos de mantenerse como mandatos sociales indiscutidos o hitos biológicos automáticos, han pasado a ser opciones diferidas, matizadas o directamente descartadas en un escenario atravesado por exigencias profesionales, transformaciones culturales y severas restricciones socioeconómicas.

Así lo confirma una investigación reciente del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. Los datos reflejan un cambio de época contundente: en 2015, el 77% de los encuestados consideraba "muy importante" tener y criar hijos para garantizar la calidad de vida familiar. En 2025, esa cifra se desplomó al 46%, lo que representa un retroceso del 31% en apenas una década.

El desglose generacional agudiza el diagnóstico. Entre los jóvenes de 18 a 34 años, apenas el 34% le asigna un rol central a la maternidad en sus metas personales, marcando una brecha abismal con los adultos mayores y consolidando una reconfiguración profunda en las dinámicas de formación de hogares.

Deseo reprimido vs. elección consciente: la brecha de las posibilidades

El fenómeno no responde necesariamente a la extinción del deseo biológico o afectivo de maternar, sino a la distancia creciente entre la expectativa y las condiciones reales para concretarla.

"El resultado no es que el deseo de tener hijos desaparezca, sino que se posterga o no llega a cumplirse", advierte Dolores Dimier de Vicente, decana del Instituto e investigadora principal del Observatorio.

Según la medición, el 83,2% de quienes aún no son padres expresa el deseo de serlo en el futuro. Sin embargo, en el universo específico de las personas sin hijos, el 57,3% afirma rotundamente que "no está en sus planes" asumir la crianza. Esta paradoja pone de manifiesto que la decisión trasciende la mera voluntad individual y queda sujeta a la estabilidad afectiva, las condiciones laborales y la sustentabilidad económica.

Al indagar en las razones de quienes no tienen ni proyectan tener hijos, las respuestas revelan un abanico de prioridades y barreras contemporáneas:

  • Falta de una pareja estable: 38,2%

  • Preferencia por viajar o vivir nuevas experiencias: 32,6%

  • Prioridad en el desarrollo profesional u ocupacional: 30,3%

  • Inestabilidad económica: 22,5%

  • Incertidumbre global (razones ambientales, sociales o políticas): 22,5%

La paradoja de la familia: refugio emocional con distinto peso según la edad

A pesar del evidente repliegue de la natalidad, el concepto de "familia" continúa posicionándose como la principal fuente de satisfacción personal en términos generales. El 43,2% de los participantes la sitúa en el primer lugar de sus afectos, superando con holgura a la carrera profesional (12,7%), las actividades recreativas o deportivas (12,1%), la red de amistades (12%) y las experiencias de viaje (9,9%).

Sin embargo, el valor atribuido al entorno familiar varía drásticamente según la franja etaria:

Franja EtariaPorcentaje que ubica a la familia como principal satisfacción18 a 34 años23,7%35 a 49 años58,5%50 a 64 años60,2%Mayores de 65 años71,4%

Para las generaciones más jóvenes, la autorrealización se diversifica entre múltiples aspiraciones individuales antes de consolidar un núcleo familiar propio.

El peso desigual de los cuidados: la barrera estructural que frena a las mujeres

El trasfondo de esta transformación cultural no se explica únicamente por cambios en la escala de valores; guarda una relación directa con la persistente desigualdad en el trabajo doméstico y no remunerado.

Aunque la mujer ha ampliado exponencialmente sus oportunidades en el ámbito educativo y laboral, el costo de la crianza continúa recayendo de manera asimétrica sobre sus espaldas. El estudio revela que el 73,9% de los hogares monoparentales en la Argentina están encabezados por mujeres.

Asimismo, la percepción del desgaste cotidiano muestra brechas significativas:

  • El 60,6% de las mujeres ejerce la función de cuidadora principal en el hogar, frente a un 44,4% de los varones.

  • Ante la afirmación "Mi familia me demanda mucha dedicación", el 30,4% de las mujeres expresó un acuerdo absoluto, comparado con el 22,2% de los hombres.

"Ocurre un cambio cultural donde los patrones transmitidos a las generaciones jóvenes transformaron el lugar de la maternidad. Pero también incide el desarrollo profesional femenino, que exige condiciones que hoy tornan muy difícil concretarla si no hay un reparto equitativo", concluye Dimier de Vicente.

Sin políticas públicas integrales de cuidado, empleos flexibles y una verdadera corresponsabilidad al interior de los hogares, la brecha entre el deseo de tener hijos y la posibilidad real de criarlos continuará profundizándose.

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