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martes 15 de septiembre de 2026

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Cómo conservar el queso sin que se seque ni le salga moho

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Cuando se trata de conservar el queso, muchas personas optan por guardarlo en la heladera con film plástico o papel aluminio. Sin embargo, estos métodos no siempre son los mejores. De hecho, pueden acelerar la descomposición del queso o modificar su textura y sabor. Por suerte, hay una alternativa simple que cada vez más especialistas recomiendan.

Existe una forma de que el queso en la heladera logre respirar sin perder humedad. Esto crea una combinación ideal que frena el crecimiento de moho sin resecamiento. Incluso, algunos expertos aconsejan reforzarlo con un recipiente ventilado para mayor protección.

El papel manteca es un beneficio para conservar el queso

Guardar el queso en film plástico puede atrapar humedad y fomentar el crecimiento de bacterias. En cambio, desde Wisconsin Cheese, aconsejan envolver los quesos en papel manteca y después colocarlos dentro de un recipiente con tapa no hermética. Eso permitirá que el queso respire de una forma correcta y así mantenga el sabor y la textura original.

Los quesos que pueden beneficiarse con este método de conservación son los duros o semiduros como el parmesano, el gouda o el sardo. Para los quesos blandos, también se puede usar este método, pero con una segunda capa de papel adicional para evitar la pérdida excesiva de humedad.

Paso a paso para aplicar el truco del papel manteca

Cortá un pedazo de papel manteca del tamaño suficiente para envolver el queso por completo. Asegurate de que quede bien cubierto, sin dejar bordes expuestos.

Luego, guardá el queso en un recipiente de plástico o vidrio que tenga una tapa sin cierre hermético, de modo que el aire circule de forma controlada.

Revisá cada dos o tres días cómo está el queso. Si el papel se humedece demasiado, conviene cambiarlo.

Optar por este método es una opción eficaz porque evita que el moho aparezca y mantiene la textura sin resecar. Además, no transfiere olores ni sabores extraños como suele ocurrir con el plástico o el aluminio. Un consejo simple, avalado por expertos, que mejora tu forma de conservar los alimentos.

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