EXPULSAR PARA CALLAR: La nueva estrategia del radicalismo catamarqueño

Las recientes expulsiones dentro de la Unión Cívica Radical de Catamarca constituyen un grave atropello institucional y un nuevo síntoma del deterioro que sufre el partido a manos de un pequeño grupo de dirigentes que, lejos de fortalecer la vida interna, han optado por apropiarse de las estructuras partidarias como si fueran un patrimonio personal.
Resulta necesario recordar que, tras las elecciones de medio término, el pleno del Comité Provincia dejó de funcionar. No hubo convocatorias, no hubo debates, no hubo participación de los órganos que la Carta Orgánica exige para la toma de decisiones de esta naturaleza. Y, aun así, un sector reducido —que viene manejando el partido a puertas cerradas— avanzó con sanciones disciplinarias sin cumplir el mínimo requisito democrático: consultar al órgano legítimo y representativo del radicalismo catamarqueño.
Estas expulsiones no surgen del debate colectivo ni de la evaluación transparente de las conductas partidarias. Surgen del accionar discrecional de quienes creen que silenciar voces críticas es la mejor estrategia para disimular su falta de conducción política, su nula capacidad de autocrítica y la crisis electoral que arrastra la UCR en los últimos meses.
Las decisiones tomadas sin el funcionamiento del pleno no solo son irregularidades administrativas: son una violación directa a la institucionalidad, a la vida democrática del partido y al espíritu de participación que siempre caracterizó al radicalismo. Pretender resolver los problemas internos expulsando militantes y afiliados refleja una conducción debilitada, encerrada en sí misma, más preocupada por conservar pequeños espacios de poder que por reconstruir la confianza de la sociedad.
A esto debe sumarse un dato central que la dirigencia actual prefiere ocultar: en la última Convención Provincial —máximo órgano de conducción de la UCR catamarqueña— se adoptó la decisión de constituir alianzas electorales. Sin embargo, la Convención jamás facultó al Comité Provincia ni a su presidente a sellar acuerdos exclusivos con un partido determinado, ni a impedir la participación de otras fuerzas. El mandato fue abierto, deliberadamente amplio, y permitió que cada afiliado radical pudiera participar en la lista o espacio que considerara óptimo para fortalecer al partido.
Que el presidente haya elegido suscribir una “alianza” con un sello totalmente inexistente y vacío para intentar dar apariencia formal a una decisión tomada entre pocos, no significa que todos los afiliados radicales de Catamarca deban someterse a esa postura unilateral. La Convención no los obligó, la Carta Orgánica no los obliga, y ningún órgano partidario puede restringir derechos políticos de manera discrecional.
Exigimos la inmediata revisión de estas medidas adoptadas al margen de la Carta Orgánica y reclamamos la restitución del funcionamiento pleno del Comité, con participación real de todas las líneas internas, como corresponde en un partido que se dice democrático y republicano.
La UCR Catamarca no puede seguir siendo administrada por pocos ni secuestrada por intereses personales. La reconstrucción del radicalismo exige instituciones funcionando, debate de ideas, participación genuina y el respeto irrestricto a la legalidad partidaria.
Por ello, solicitamos además que la presentación realizada ante el Juzgado Federal —mediante la cual se pide la expulsión de afiliados radicales— sea remitida de manera inmediata a todos los secretarios del Comité Provincia, a fin de que puedan tomar conocimiento formal de las actuaciones impulsadas sin mandato del pleno.




