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martes 15 de septiembre de 2026

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Un nene desapareció a 100 metros de su casa y días después encontraron su cuerpo en el auto de su madrastra

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El 27 de febrero de 2018, Gabriel Cruz Ramírez, un niño de ocho años, salió de la casa de su abuela en Las Hortichuelas, España, para visitar a sus primos, un trayecto de apenas 100 metros por un camino de tierra. Era una tarde tranquila, pero alrededor de las 18:00, su abuela se alarmó al notar que no había regresado a merendar, algo inusual en él. Al confirmar que nunca llegó a destino, la familia y los vecinos iniciaron una búsqueda desesperada que pronto se volvió nacional.

Gabriel, nacido en Níjar, Almería, el 16 de junio de 2009, era un pequeño apasionado por el mar, apodado “el pescaíto” por su sueño de ser biólogo marino. Tocaba piano y amaba cantar, pero su vida se truncó ese día fatídico. Sus padres, Ángel Cruz y Patricia Ramírez, estaban separados pero en buenos términos; Ángel vivía con Ana Julia Quezada, una dominicana que llegó a España en 1995 y que desempeñaría un papel siniestro en la tragedia.

La policía se sumó al operativo tras la denuncia, revisando hospitales y estaciones sin hallar pistas, complicados por la ausencia de cámaras en la zona. A los días, Quezada sugirió buscar en un bosque a cuatro kilómetros y “encontró” una remera de Gabriel, seca pese a la lluvia reciente, lo que despertó sospechas. Los análisis confirmaron el ADN del niño, pero la coincidencia y el estado de la prenda apuntaron a un montaje.

Ana Julia Quezada con una remera de la búsqueda de Gabriel durante una movilización.

El 11 de marzo, tras colocar micrófonos en su auto, la policía siguió a Quezada hasta un pueblo a 73 kilómetros. En una inspección sorpresiva, descubrieron el cuerpo de Gabriel en el baúl: lo había desenterrado para trasladarlo y despistar. La autopsia reveló que lo estranguló el mismo día de su desaparición, con marcas de presión en el cuello que indicaban un ataque deliberado y sostenido, no un accidente.

Quezada confesó tras su detención, pero su coartada era endeble. Afirmó que Gabriel la encontró en el camino, la amenazó con un hacha y, en un supuesto forcejeo, ella lo golpeó en la cabeza y le tapó la boca para silenciarlo, negando intención de matarlo. Sin embargo, la fiscalía desmontó esta versión: no había evidencia del hacha ni de un enfrentamiento, y el estrangulamiento requería premeditación. Determinaron que, por celos hacia la relación de Gabriel con su padre y Patricia, lo engañó ofreciéndose a acompañarlo, lo asesinó y escondió su cuerpo bajo tablones en su casa.

Quezada confesó el crimen dos días después de su detención.

En septiembre de 2019, tras un juicio donde se comprobó su engaño con la remera y la premeditación, Quezada fue condenada a prisión permanente revisable por homicidio con alevosía, la primera mujer en España en recibir esta pena. Gabriel, un niño lleno de sueños, quedó como un triste recuerdo de la traición y la maldad que lo arrebataron a solo 140 pasos de la seguridad.

Los padres de Gabriel Cruz Ramírez

Ana Julia Quezada fue detenida luego de que la policía encontrara el cuerpo de Gabriel en el baúl de su auto.


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