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martes 15 de septiembre de 2026

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Sentidas palabras en memoria de nuestro Beato Fray Mamerto Esquiú

Sentidas palabras en memoria de nuestro Beato Fray Mamerto Esquiú

Carta al Director:

11 de Mayo de 1826 La Callecita de Piedra Blanca se ilumina por un nacimiento. Naciste fruto del amor de tus padres y la misericordia de Dios y recibes por nombre Mamerto. Tu frágil salud llevó a tu bienaventurada madre elevar súplica y promesa a su santo y devoto amado San Francisco para que a ti su pequeño hijo sanara y más adelante como un designio será tu padre en la orden que aquel gran santo fundara. A tus cinco años tu madre te vistió con el humilde y pobre sayal del seráfico padre, prometiendo llevarlo por el resto de tus días por aquel milagro recibido y para dar gloria y alabanzas a Dios padre. La sencillez de tu hogar fue tu primera cuna en el camino de la fe, esa fe que tus padres inculcaron inflamando tempranamente tu corazón para que la santidad alcanzaras. Sacerdote tempranamente te ordenaste, un nuevo pastor para aquellos tiempos angustiantes. Enseñaste la dulzura y las misericordias de Dios Padre, guiando y cuidando las ovejas que el mismo Dios te entregaba por los lugares a donde Él te llevaba. Grandes y sabias palabras salieron un día de Catamarca, son de aquel joven fraile que la divina providencia a la patria regalaba. Las gentes lo aclamaban y llenaban de fama a aquel varón vestido de sayal y calzado de sandalias: Allí va Mamerto de camino, un gran orante, santo misionero que a la patria naciente con sus palabras ha bendecido. Pero la fama desechabas, bien sabías que contamina el corazón y envenena al alma. Allí está Mamerto bendiciendo y asistiendo a los pobres y reconfortando a los enfermos. Allí va Mamerto camino a un nuevo encuentro, que sin saberlo será con Jesús tomando la apariencia de uno de los tantos pequeños que se nos habla en el Evangelio. Mamerto, fiel hijo de San Francisco, por tus grandes méritos Dios te llama a ser Obispo. Más lo rechazas pero Dios te llama de nuevo para guiar y apacentar a ese pueblo. ¿Dónde está el Padre Obispo Fray Mamerto que no lo vemos? Venimos a su encuentro. Está allí dentro, lo reconoceréis por su humilde sayal, calzado de sandalias enseñando las misericordias de Dios Padre. Venimos a ver al Padre Obispo Fray Mamerto, este rebaño inquieto necesita de su encuentro. Allí donde veas largas filas de pobres se encuentra el Padre Obispo Mamerto, regalando hasta las sillas para que no les falte vestido y alimento a los pequeños del reino. Miren, allí viene de visita el Obispo Fray Mamerto, preparen el mejor sillón y la mejor cama para que descanse el andar de su fatigado cuerpo. No me dé un sillón, deme mejor ese cajón o aquella roca que es más cómoda y como cama me basta la tierra para descansar mis inquietos huesos. Allí parte de camino Fray Mamerto ya fatigado y enfermo a seguir su camino, sigue trabajando para ganar más almas para el reino de los cielos, no olvida a sus amados pobres, desvalidos y enfermos. Oigan todos, en las tierras de El Suncho el creador lo a llamado a su encuentro. Miren allí vuela al cielo el alma de un santo fraile, miren es el Padre Obispo Fray Mamerto fiel hijo de San Francisco, pobre vivió entre los pobres, un hermano que pasó su vida regalando lo poco que poseía y enseñando las riquezas y dulzuras del Evangelio

AUTOR: Luis María Fernández Sosa OFS.

AUTOR: Luis María Fernández Sosa OFS11 de Mayo de 1826 La Callecita de Piedra Blanca se ilumina por un nacimiento. Naciste fruto del amor de tus padres y la misericordia de Dios y recibes por nombre Mamerto. Tu frágil salud llevó a tu bienaventurada madre elevar súplica y promesa a su santo y devoto amado San Francisco para que a ti su pequeño hijo sanara y más adelante como un designio será tu padre en la orden que aquel gran santo fundara. A tus cinco años tu madre te vistió con el humilde y pobre sayal del seráfico padre, prometiendo llevarlo por el resto de tus días por aquel milagro recibido y para dar gloria y alabanzas a Dios padre. La sencillez de tu hogar fue tu primera cuna en el camino de la fe, esa fe que tus padres inculcaron inflamando tempranamente tu corazón para que la santidad alcanzaras. Sacerdote tempranamente te ordenaste, un nuevo pastor para aquellos tiempos angustiantes. Enseñaste la dulzura y las misericordias de Dios Padre, guiando y cuidando las ovejas que el mismo Dios te entregaba por los lugares a donde Él te llevaba. Grandes y sabias palabras salieron un día de Catamarca, son de aquel joven fraile que la divina providencia a la patria regalaba. Las gentes lo aclamaban y llenaban de fama a aquel varón vestido de sayal y calzado de sandalias: Allí va Mamerto de camino, un gran orante, santo misionero que a la patria naciente con sus palabras ha bendecido. Pero la fama desechabas, bien sabías que contamina el corazón y envenena al alma. Allí está Mamerto bendiciendo y asistiendo a los pobres y reconfortando a los enfermos. Allí va Mamerto camino a un nuevo encuentro, que sin saberlo será con Jesús tomando la apariencia de uno de los tantos pequeños que se nos habla en el Evangelio. Mamerto, fiel hijo de San Francisco, por tus grandes méritos Dios te llama a ser Obispo. Más lo rechazas pero Dios te llama de nuevo para guiar y apacentar a ese pueblo. ¿Dónde está el Padre Obispo Fray Mamerto que no lo vemos? Venimos a su encuentro. Está allí dentro, lo reconoceréis por su humilde sayal, calzado de sandalias enseñando las misericordias de Dios Padre. Venimos a ver al Padre Obispo Fray Mamerto, este rebaño inquieto necesita de su encuentro. Allí donde veas largas filas de pobres se encuentra el Padre Obispo Mamerto, regalando hasta las sillas para que no les falte vestido y alimento a los pequeños del reino. Miren, allí viene de visita el Obispo Fray Mamerto, preparen el mejor sillón y la mejor cama para que descanse el andar de su fatigado cuerpo. No me dé un sillón, deme mejor ese cajón o aquella roca que es más cómoda y como cama me basta la tierra para descansar mis inquietos huesos. Allí parte de camino Fray Mamerto ya fatigado y enfermo a seguir su camino, sigue trabajando para ganar más almas para el reino de los cielos, no olvida a sus amados pobres, desvalidos y enfermos. Oigan todos, en las tierras de El Suncho el creador lo a llamado a su encuentro. Miren allí vuela al cielo el alma de un santo fraile, miren es el Padre Obispo Fray Mamerto fiel hijo de San Francisco, pobre vivió entre los pobres, un hermano que pasó su vida regalando lo poco que poseía y enseñando las riquezas y dulzuras del Evangelio. AUTOR: Luis María Fernández Sosa11 de Mayo de 1826 La Callecita de Piedra Blanca se ilumina por un nacimiento. Naciste fruto del amor de tus padres y la misericordia de Dios y recibes por nombre Mamerto. Tu frágil salud llevó a tu bienaventurada madre elevar súplica y promesa a su santo y devoto amado San Francisco para que a ti su pequeño hijo sanara y más adelante como un designio será tu padre en la orden que aquel gran santo fundara. A tus cinco años tu madre te vistió con el humilde y pobre sayal del seráfico padre, prometiendo llevarlo por el resto de tus días por aquel milagro recibido y para dar gloria y alabanzas a Dios padre. La sencillez de tu hogar fue tu primera cuna en el camino de la fe, esa fe que tus padres inculcaron inflamando tempranamente tu corazón para que la santidad alcanzaras. Sacerdote tempranamente te ordenaste, un nuevo pastor para aquellos tiempos angustiantes. Enseñaste la dulzura y las misericordias de Dios Padre, guiando y cuidando las ovejas que el mismo Dios te entregaba por los lugares a donde Él te llevaba. Grandes y sabias palabras salieron un día de Catamarca, son de aquel joven fraile que la divina providencia a la patria regalaba. Las gentes lo aclamaban y llenaban de fama a aquel varón vestido de sayal y calzado de sandalias: Allí va Mamerto de camino, un gran orante, santo misionero que a la patria naciente con sus palabras ha bendecido. Pero la fama desechabas, bien sabías que contamina el corazón y envenena al alma. Allí está Mamerto bendiciendo y asistiendo a los pobres y reconfortando a los enfermos. Allí va Mamerto camino a un nuevo encuentro, que sin saberlo será con Jesús tomando la apariencia de uno de los tantos pequeños que se nos habla en el Evangelio. Mamerto, fiel hijo de San Francisco, por tus grandes méritos Dios te llama a ser Obispo. Más lo rechazas pero Dios te llama de nuevo para guiar y apacentar a ese pueblo. ¿Dónde está el Padre Obispo Fray Mamerto que no lo vemos? Venimos a su encuentro. Está allí dentro, lo reconoceréis por su humilde sayal, calzado de sandalias enseñando las misericordias de Dios Padre. Venimos a ver al Padre Obispo Fray Mamerto, este rebaño inquieto necesita de su encuentro. Allí donde veas largas filas de pobres se encuentra el Padre Obispo Mamerto, regalando hasta las sillas para que no les falte vestido y alimento a los pequeños del reino. Miren, allí viene de visita el Obispo Fray Mamerto, preparen el mejor sillón y la mejor cama para que descanse el andar de su fatigado cuerpo. No me dé un sillón, deme mejor ese cajón o aquella roca que es más cómoda y como cama me basta la tierra para descansar mis inquietos huesos. Allí parte de camino Fray Mamerto ya fatigado y enfermo a seguir su camino, sigue trabajando para ganar más almas para el reino de los cielos, no olvida a sus amados pobres, desvalidos y enfermos. Oigan todos, en las tierras de El Suncho el creador lo a llamado a su encuentro. Miren allí vuela al cielo el alma de un santo fraile, miren es el Padre Obispo Fray Mamerto fiel hijo de San Francisco, pobre vivió entre los pobres, un hermano que pasó su vida regalando lo poco que poseía y enseñando las riquezas y dulzuras del Evangelio. AUTOR: Luis María Fernández Sosa OFS11 de Mayo de 1826 La Callecita de Piedra Blanca se ilumina por un nacimiento. Naciste fruto del amor de tus padres y la misericordia de Dios y recibes por nombre Mamerto. Tu frágil salud llevó a tu bienaventurada madre elevar súplica y promesa a su santo y devoto amado San Francisco para que a ti su pequeño hijo sanara y más adelante como un designio será tu padre en la orden que aquel gran santo fundara. A tus cinco años tu madre te vistió con el humilde y pobre sayal del seráfico padre, prometiendo llevarlo por el resto de tus días por aquel milagro recibido y para dar gloria y alabanzas a Dios padre. La sencillez de tu hogar fue tu primera cuna en el camino de la fe, esa fe que tus padres inculcaron inflamando tempranamente tu corazón para que la santidad alcanzaras. Sacerdote tempranamente te ordenaste, un nuevo pastor para aquellos tiempos angustiantes. Enseñaste la dulzura y las misericordias de Dios Padre, guiando y cuidando las ovejas que el mismo Dios te entregaba por los lugares a donde Él te llevaba. Grandes y sabias palabras salieron un día de Catamarca, son de aquel joven fraile que la divina providencia a la patria regalaba. Las gentes lo aclamaban y llenaban de fama a aquel varón vestido de sayal y calzado de sandalias: Allí va Mamerto de camino, un gran orante, santo misionero que a la patria naciente con sus palabras ha bendecido. Pero la fama desechabas, bien sabías que contamina el corazón y envenena al alma. Allí está Mamerto bendiciendo y asistiendo a los pobres y reconfortando a los enfermos. Allí va Mamerto camino a un nuevo encuentro, que sin saberlo será con Jesús tomando la apariencia de uno de los tantos pequeños que se nos habla en el Evangelio. Mamerto, fiel hijo de San Francisco, por tus grandes méritos Dios te llama a ser Obispo. Más lo rechazas pero Dios te llama de nuevo para guiar y apacentar a ese pueblo. ¿Dónde está el Padre Obispo Fray Mamerto que no lo vemos? Venimos a su encuentro. Está allí dentro, lo reconoceréis por su humilde sayal, calzado de sandalias enseñando las misericordias de Dios Padre. Venimos a ver al Padre Obispo Fray Mamerto, este rebaño inquieto necesita de su encuentro. Allí donde veas largas filas de pobres se encuentra el Padre Obispo Mamerto, regalando hasta las sillas para que no les falte vestido y alimento a los pequeños del reino. Miren, allí viene de visita el Obispo Fray Mamerto, preparen el mejor sillón y la mejor cama para que descanse el andar de su fatigado cuerpo. No me un sillón, deme mejor ese cajón o aquella roca que es más cómoda y como cama me basta la tierra para descansar mis inquietos huesos. Allí parte de camino Fray Mamerto ya fatigado y enfermo a seguir su camino, sigue trabajando para ganar más almas para el reino de los cielos, no olvida a sus amados pobres, desvalidos y enfermos. Oigan todos, en las tierras de El Suncho el creador lo a llamado a su encuentro. Miren allí vuela al cielo el alma de un santo fraile, miren es el Padre Obispo Fray Mamerto fiel hijo de San Francisco, pobre vivió entre los pobres, un hermano que pasó su vida regalando lo poco que poseía y enseñando las riquezas y dulzuras del Evangelio. AUTOR: Luis María Fernández Sosa OFSS

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