Edmundo "Mundy" Fuster
REALIDAD ARGENTINA DESDE HARVARD
Descuentos en efectivo sin factura: la evasión de IVA y su costo social

Mientras tomaba un café en Harvard, donde algunas tardes me había quedado leyendo apuntes y artículos de interés general, recibí un llamado que me hizo recordar algo que me había pasado tiempo atrás, durante mi década, realmente, ganada.
Siendo Director de Edificación de una empresa constructora en Valencia, España, yo, un argento piola (demasiado vivo) de la Universidad de la Calle, le pedí a la Encargada de Personal que a un obrero de la más baja categoría, que actuaba casi como cadete de los jefes de obra y mío, le pagara 100 € por fuera del recibo, en negro.
Y me dijo que no.
Me quedé helado. ¿Cómo una simple empleada se tomaba el atrevimiento de decirle que no al Director de la empresa?
De todos modos, con muy buena onda, le pregunté cuál era la causa de la negativa.
Con toda naturalidad me dijo que eso era estafar a Hacienda y que Hacienda somos todos.
Juro que esta historia es real y, aunque me costó, entendí y acepté que tenía razón.
Bajemos esta experiencia a tierra, hagámosla entendible y aplicable.
El Presidente Milei, recientemente, dijo que la evasión previsional era del 50%. Elijo creer y, sobre el particular, me he manifestado recientemente, por lo que no voy a repetir mi opinión.
La anécdota de marras viene a cuento porque la evasión hormiga es tan fácilmente verificable que pensé, por un momento que, si el Estado hiciera algo más que lo que hace para disminuirla, con tendencia a su minimización, produciría varios efectos:
• Reducción del déficit fiscal.
• Menor endeudamiento.
• Mayor margen de gasto e inversión: justicia fiscal y competencia leal.
• Espacio para bajar impuestos.
• Atracción de inversiones.
• Redistribución del ingreso.
• Mejora de los servicios públicos.
• Fortalecimiento de las finanzas públicas.
• Quita o reducción de alícuotas de impuestos.
Nada de lo planteado tiene sesgo ideológico. No hablo de un Estado persecutorio, pero tampoco de una Administración fofa y un poco descuidada que cierra la tranquera para que no se le escapen las hormigas.
Sobre las empresas grandes, por desconocimiento, no puedo emitir juicio. Pero, de ahí para abajo, que tire la primera piedra el que no conozca al menos cinco o diez lugares donde no te dan factura: a lo sumo, un ticket que no dice nada o un comprobante escrito a mano.
Todo eso es evasión.
En la mayoría de los lugares donde te dicen: “10% de descuento por pago en efectivo”, son evasores, no pagan IVA. Dicho con crueldad, entre tu pago en efectivo en el bodegón donde te comés la milanga gigante y el hambre y la salud de los chicos pobres del norte hay un vínculo directo, ya que el IVA es un impuesto coparticipable.
Cuando le cambiás el aceite a tu auto 0 km y no te dan factura, estás ayudando a que los peones de El Impenetrable vayan en un carro rotoso con un percherón, porque una parte de lo que se evade debería ir a mejorarle la vida a esa y a otra gente.
Esto no pasa únicamente con los comercios minoristas de todos los rubros. Pasa con los arregla-tutti, con los profesionales, con los pequeños y medianos empresarios. Obviamente, no con todos; con algunos, digamos que al menos con los suficientes para joderle la vida al prójimo.
Muchos se amparan en que, si pagan todo, la actividad no les resulta rentable. Y eso también es cierto, máxime cuando sabemos que el colega de mitad de cuadra, el que lleva la mercadería en una Toyota Hilux, no paga y, por eso, vende al precio que vende.
Ante estas situaciones me pregunto, con la inocencia de Heidi:
¿Por qué no se hace más?
¿Porque a muchos de los que inspeccionan les va bien, a los inspeccionados les va bien y la recaudación siempre es poca?
¿Será más fácil despedir al 20% de los empleados públicos que evitar la evasión?
Bueno, con los despidos ya se probó y la recaudación baja mes a mes, así que habrá que buscar otro camino.
Con esos tickets truchos, o sin ellos, tampoco se pagan Ingresos Brutos, que, además, importan porque la tarasca queda donde se realizó el consumo o se desarrolló la actividad, y las carencias en cada lugar están a la orden del día.
Alguno podrá sentirse incómodo, agredido o enojado con el tenor de este artículo. Pero vi fabricar metros de albañil, puertas y ventanas de madera y de aluminio y vender todo en negro. Vi vender departamentos a precios que cualquiera gustosamente compraría. Vi declaraciones juradas con valores tendientes a cero.
Pero, en esta sociedad de invidentes, nadie ve nada.
Mientras tanto, las calles tienen pozos, la Policía no tiene nafta para los patrulleros, las escuelas no tienen estufas o vidrios en las ventanas, los jubilados no pueden comprar los remedios y los juicios se acumulan por falta de presupuesto en la Justicia.
Nada de esto parece ser importante.
Lo que importa es asfixiar al que paga y al que evade, asumirlo como un efecto no deseado del sistema.
Quizás algún día cambie, aunque ya no esté para verlo.
Edmundo "Mundy" Fuster
Consultor y Columnista de Opinión
CABA - Argentina





