La educación en el mundo en desarrollo
¿Qué necesitan los niños para continuar su educación?
Del pupitre escolar al trabajo y el desplazamiento

¿Cómo amenazan las guerras y la pobreza el futuro de los niños del mundo en desarrollo?
La pérdida que sufre un niño no comienza cuando abandona definitivamente la escuela; puede comenzar mucho antes, cuando el costo de una mochila y los libros se convierte en una carga para la familia, cuando la guerra destruye su escuela, cuando el desplazamiento lo obliga a abandonar su pupitre o cuando trabajar se convierte en una necesidad para ayudar a mantener a su familia. En los países en desarrollo, estos factores se entrecruzan y ponen a millones de niños en riesgo de perder su educación, con consecuencias que se extienden a su futuro y al de sus comunidades.
Según informes de la UNESCO, alrededor del 70 % de los niños de los países de ingresos bajos y medianos todavía no pueden leer y comprender un texto sencillo de acuerdo con su edad, mientras que se estima que unos 272 millones de niños y jóvenes están fuera de la escuela en todo el mundo. El problema no termina con la matriculación escolar, ya que millones de jóvenes abandonan la educación sin completar la secundaria, mientras que la tasa mundial de matriculación en la educación superior no supera aproximadamente el 40 %, lo que refleja una brecha persistente en el acceso a una educación de calidad y en la posibilidad de permanecer en ella.

Cuando la guerra entra en la escuela
La crisis educativa se convierte en una catástrofe mucho más compleja cuando las comunidades quedan bajo el peso de las guerras, los conflictos y las crisis humanitarias. El niño que pierde su escuela no pierde únicamente un lugar para aprender, sino que también puede perder un espacio seguro, una rutina diaria, relaciones sociales y una oportunidad para salir del círculo de la pobreza.

En Gaza, alrededor de 700.000 niños en edad escolar se han visto privados de educación, mientras que aproximadamente el 92 % de las escuelas han sufrido daños totales o parciales, afectando gravemente a la infraestructura educativa. En Sudán, la guerra se ha convertido en una de las crisis educativas más graves del mundo, con estimaciones que indican que alrededor de 13 millones de los 17 millones de niños en edad escolar están fuera de la escuela.
La situación no es muy diferente en otras regiones. En África occidental y central, más de 14.800 escuelas fueron cerradas debido a la violencia y los conflictos durante 2025, afectando a unos 3 millones de niños.

En Yemen, alrededor de 3,7 millones de niños están fuera de la escuela, mientras que los datos de UNICEF indican que el 94,7 % de los niños de 10 años no pueden leer y comprender un texto sencillo, un indicador de que la crisis no se refiere únicamente al número de niños que están dentro de las escuelas, sino también a lo que realmente aprenden.
En el Líbano, alrededor de 420.000 de los 1,51 millones de niños en edad escolar están fuera de la escuela, mientras que 340 escuelas han resultado dañadas en todo el país, incluidas 17 que fueron completamente destruidas, lo que dificulta aún más la recuperación del proceso educativo en las comunidades afectadas por el conflicto.
El niño no pierde solo un año escolar... también puede perderse a sí mismo
Cuando un niño abandona la escuela, el resultado no consiste necesariamente únicamente en perder clases y certificados. En entornos pobres o afectados por las guerras y el desplazamiento, el abandono escolar puede desencadenar una cadena de riesgos que comienza con el debilitamiento de las competencias básicas y puede extenderse al trabajo infantil, el matrimonio precoz, la explotación y la pobreza persistente.

En estas circunstancias, regresar a la escuela es mucho más complejo que simplemente proporcionar un pupitre. El niño puede necesitar libros, una mochila y ropa escolar, pero también puede necesitar una comida, agua segura, un entorno que lo proteja de la violencia y el acoso, así como apoyo psicológico que le ayude a afrontar los efectos de la guerra o el desplazamiento.
Estas necesidades se reflejan claramente en los testimonios de los niños a quienes Life For Relief and Development ayudó a regresar a la educación después de que sus circunstancias estuvieran a punto de privarlos de ella:
En Gaza, Safiya, de 12 años, cuenta que perdió la esperanza de continuar sus estudios después de la guerra y de que su casa fuera destruida, antes de que la academia educativa la ayudara a recuperar la concentración en sus estudios. Afirma que estar en un entorno educativo, además de recibir el desayuno, la ayudó a afrontar el miedo y a recuperar parte de su vida normal.
En Yemen, Razan, de 8 años, habla de otro aspecto de la crisis. Debido a la pobreza, se veía obligada a pedir prestados bolígrafos y útiles escolares, algo que le hacía sentir vergüenza frente a sus compañeros.
Por su parte, Faizullah, de 11 años, de Bangladesh, describe lo que sentía cuando salía a trabajar y veía a otros niños dirigirse a la escuela. Considera que regresar a la educación le devolvió el sueño de convertirse en médico.
En Afganistán, Fatima, madre de seis niños huérfanos, afirma que los costos de la educación suponían una gran presión para la familia y que la interrupción de los estudios de sus hijos la obligó a enfrentarse a opciones cada vez más difíciles, antes de que el apoyo recibido les ayudara a regresar a las aulas.





