21 de septiembre
¿Pensabas que el Día del Estudiante era por la primavera? La historia secreta del origen de la fecha
¡Feliz día, estudiantes! Descubrí el origen histórico del Día del Estudiante en Argentina: por qué no se debe a la primavera

Cada 21 de septiembre, parques, plazas y espacios verdes de toda la Argentina se llenan de jóvenes que celebran el Día del Estudiante y, en el caso de Catamarca, toda la semana previa a la fecha se llena de expectación por las míticas celebraciones en El Rodeo. La coincidencia exacta con el equinoccio que marca el inicio de la primavera instaló en el imaginario popular la idea de que la fecha fue elegida para festejar la llegada del clima cálido y el florecimiento de la naturaleza. Sin embargo, la razón fundamental del calendario escolar argentino es de carácter estrictamente histórico, patriótico y pedagógico.

La festividad no guarda relación directa con el cambio de estación, sino con un acontecimiento trascendental para la educación pública nacional: la llegada a Buenos Aires de los restos mortales de Domingo Faustino Sarmiento, procedentes de Asunción del Paraguay, donde el expresidente y educador había fallecido diez días antes.
Del luto en Asunción al recibimiento en Buenos Aires
Sarmiento murió en la capital paraguaya el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años de edad, tras sufrir una grave descompensación cardiovascular y bronquial. Por esa razón, en la fecha de su fallecimiento se conmemora en todo el país el Día del Maestro.
Sin embargo, el traslado de sus restos hacia la Argentina insumió diez días de navegación por la cuenca del Plata a bordo del vapor San Martín. El cortejo fúnebre fluvial arribó al puerto de Buenos Aires el 21 de septiembre de 1888, donde una multitud de ciudadanos, docentes, autoridades y jóvenes estudiantes acompañó el féretro hasta su morada definitiva en el Cementerio de La Recoleta.
Aquel desembarco no solo representó el retorno del prócer a su patria, sino el símbolo del legado del hombre que durante su presidencia (1868-1874) promovió la construcción de más de 800 escuelas, triplicó la población escolar e impulsó las bases de la educación pública, laica y obligatoria sancionada años más tarde en la Ley 1420.
La iniciativa de un líder estudiantil en 1902
Aunque la repatriación del prócer ocurrió en 1888, el festejo institucional del Día del Estudiante tardó catorce años en formalizarse. El impulsor de la iniciativa fue Salvador Debenedetti, un joven estudiante de 18 años que en 1902 presidía el Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Debenedetti propuso a las autoridades universitarias fijar el 21 de septiembre como una jornada de homenaje a Sarmiento y de reivindicación del esfuerzo de los alumnos de todo el país. La propuesta fue aceptada con entusiasmo en el ámbito académico porteño y, durante sus primeros años, la conmemoración se limitó a actos solemnes, lecturas de ensayos y discursos en las aulas magnas de la UBA.
Con el paso de las décadas, la celebración trascendió los claustros universitarios y fue adoptada por los colegios secundarios y las escuelas primarias de todas las provincias. Al extenderse la suspensión de clases durante esa jornada, las festividades académicas fueron transformándose en reuniones al aire libre, picnics y actividades recreativas, aprovechando las jornadas templadas que inauguran la primavera.
De este modo, lo que comenzó como un sobrio tributo al traslado fúnebre del "padre del aula" se convirtió en una de las tradiciones juveniles más arraigadas de la cultura argentina, donde la memoria de la educación pública se entrelaza con el festejo de las nuevas generaciones.





