Colaboración
¿Otra oportunidad perdida o borrón y cuenta nueva?
Un recorrido por la situación económica y política actual, los errores del oficialismo, las respuestas de la oposición y una pregunta que queda abierta: ¿estamos ante otra oportunidad que puede perderse o todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo?

Estos últimos días fueron aburridamente super moviditos. Eso sucede por la repetición, sin solución de continuidad, de un escenario donde las encuestas particulares se unen con los datos oficiales, lo que hace pensar que alguna correlación puede haber.
Sobre ella, la oposición se monta con la destreza de Leguisamo y, con la fusta bajo el brazo, le da en el lomo al equino, mientras los funcionarios declaman una verdad tan diferente que pareciera que leen el diario de Yrigoyen.
La merma de la actividad en los sectores que ocupan mayor cantidad de mano de obra y la imposibilidad de soportar una nueva nefrectomía, sin riñones no se puede vivir, provocan una retracción del consumo y el consecuente cierre de comercios e industrias. Para comprobarlo, alcanza con caminar unas pocas cuadras por cualquier barrio.
Con esta situación, el que tenía unos manguitos y los puso en un boliche vio cómo los gastos fijos se lo comieron y chau pinela; ahora, a subirse a la bicicleta y pedalear llevando pizzas y empanadas, rezando para que no se las choreen.
Las fábricas grandes hacen mucho ruido cuando caen porque dejan en el camino a cientos o miles de personas, pero las pequeñas y medianas empresas y los emprendimientos van cayendo como castillos de naipes.
Todo esto, tan elemental, sumado a los errores autoinfligidos, es un festín para la oposición, que brinda por el “cuanto peor, mejor”.

Pero descorchar champán Cristal no es inocuo; muy por el contrario, el aumento del festejo interno es inversamente proporcional a la consideración del inversor externo: o sea, cuanta más joda en la oposición, menos trasca traerán para proyectos de mediano y largo plazo.
Por supuesto que nuestro modo de ser “occidental y cristiano” o “accidentada y cretina”, como sostenía el filósofo contemporáneo argento-portugués Néstor Viegas Charneca, se hizo muy presente en la ONU.
Allí, en labios de nuestro presidente, se sentenció: “La ONU se convirtió en una organización inútil, que solo sirve para alimentar a una casta de parásitos fatalmente arrogantes disfrazados de burócratas bien intencionados”.
Para rematarla con que “quienes deberían garantizar la seguridad colectiva y los derechos humanos fracasaron en la tarea y, en su lugar, permitieron el caos, la violencia y el terrorismo internacional”.
Después de descalificar de este modo a la ONU, donde uno de los candidatos a la Secretaría General es Rafael Mariano Grossi, justamente un argentino cuya candidatura fue formalmente oficializada por el Gobierno a través de Cancillería, hay algo que no se entiende.
Si además a los miembros del organismo se los considera parásitos y burócratas que permitieron el terrorismo, si para la próxima Asamblea no nos dejan ni participar, seamos memoriosos y no preguntemos por qué nos hacen eso.
Para no ser menos, el gobernador de la provincia de Buenos Aires y uno de los principales nombres de la oposición visitó EE. UU., coincidiendo en el tiempo con el presidente. Cuando le tocó exponer en Gracie Mansion, advirtió sobre la pérdida de empleos, el cierre de empresas, la caída de salarios y el deterioro de la calidad de vida.
Con esto completó declaraciones previas donde había manifestado que el “milagro económico” del gobierno de Javier Milei es supuesto y aseguró que la Argentina está atravesando “una verdadera catástrofe”.
El peor momento ocurrió en los pasillos de la Universidad de Columbia, cuando una corresponsal argentina le consultó su postura sobre el conflicto en Palestina y el mandatario optó por retirarse sin contestar.
Con las declaraciones de ambos, si luego hubo una devolución de pasajes a Buenos Aires, no habría que sorprenderse.
En este marco, solo un milagro podía detener el ascenso del riesgo país, algo que nos perjudica enormemente. Y pasó lo que tenía que pasar: el combo perfecto: encuestas, datos del INDEC, negación de lo obvio, degradación del auditorio y propaganda deletérea.
Todo para asegurar que el clima de negocios, presente y futuro, podría no ser el mejor para invertir; y, aunque duela, si los verdes no llegan de afuera, nadie de acá los sacará del colchón.
Todo este pack lleva inevitablemente a un sentimiento de frustración social demasiado sencillo de percibir.
En el medio de este escenario sobrevuela en el recuerdo, hasta de los no tan memoriosos, la expresión a voz en cuello de Sergio Massa cuando dijo: “Yo voy a barrer a los ñoquis de La Cámpora, que nos quieren dejar como parásitos en el Estado”.
El tiempo se ocupó de demostrar que era simplemente una expresión de deseos, pero el justicialismo lo redimió y siguió en carrera.
Por su parte, el presidente Javier Milei afirmó en una entrevista con TN, en octubre de 2024, que le encantaría “meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina adentro”.
Esta frase, que podríamos calificar cuanto menos de poco feliz, poco tiene que ver con todo lo sucedido a continuación, para goce y beneplácito del kirchnerismo y pérdida del apoyo de la gente que, sin comulgar abiertamente con las ideas del primer mandatario, acompañó su postulación y se bancó todo lo que vino después con tal de no volver al populismo.
Esa fortaleza, día tras día, disminuye.

Sucede por las descalificaciones y los insultos permanentes; porque pareciera que solo importa el equilibrio fiscal, sin importar cómo, quiénes ni cuántos quedan excluidos; y porque se están convirtiendo, día a día, en la mejor agencia de publicidad política del populismo, que, sin reparos ni medias tintas, convertirá el sacrificio impuesto en papel mojado, tal como lo vienen anticipando cada día con más fuerza.
¿Estaremos en los albores de otra oportunidad perdida o se habrá hecho todo tan mal que es necesario hacer borrón y cuenta nueva?
Edmundo "Mundy" FUSTER
CABA - ARGENTINA





