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martes 15 de septiembre de 2026

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“Olor a podrido” y otras distorsiones: se estudia las alteraciones del olfato en algunos pacientes con COVID-19

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Casi la mitad de las personas que enfermaron por el COVID-19 en la primera ola de infecciones pueden tener cambios a largo plazo e incluso permanentes en su sentido del olfato. Entre las alteraciones, puede incluirse el sentir olor a podrido. Así lo reveló una investigación preliminar que fue realizada en el Instituto Carolina de Suecia. Muchos padecen “parosmia” que consiste en un cuadro por el cual se distorsiona el sentido del olfato. La persona pasa a no poder detectar toda la gama de aromas a su alrededor.

En Uruguay, un estudio que apoyó el Ministerio de Salud Pública, durante la ola de la pandemia también se encontró que el 62% de los pacientes con COVID-19 sufrió algún tipo de alteración del gusto u olfato. Casi la mitad de ellos recuperó el sentido olfativo mientras transitaba la propia infección, pero un 12% demoró más de tres semanas en conseguirlo.

La pérdida repentina del olfato, o la percepción alterada o distorsionada de los olores, surgió como un síntoma inusual del COVID-19 al principio de la pandemia. Aunque muchas personas se recuperaron rápidamente, otras descubrieron que su sentido del olfato nunca volvió a la normalidad. Algunas sienten malos olores.

Para averiguar la frecuencia de estas alteraciones, los científicos del Instituto Carolina de Estocolmo, en Suecia, realizaron pruebas exhaustivas a 100 personas que se contagiaron el coronavirus en la primera oleada de infecciones que recorrió Suecia entre marzo y junio de 2020.

Sus primeros resultados muestran que 18 meses después de recuperarse del COVID-19, muy pocas personas -sólo el 4%- habían perdido el sentido del olfato por completo, pero un tercio tenía una capacidad reducida para detectar olores, y casi la mitad se quejaba por parosmia: el sentido del olfato estaba distorsionado. La mayoría de los que tenían el sentido del olfato reducido no eran conscientes de eso antes de participar en el estudio.

A continuación, los científicos realizaron las mismas pruebas a un grupo de control de personas que dieron negativo en las pruebas de anticuerpos contra el COVID-19. Eso indicaba que habían conseguido evitar el virus. Alrededor de una quinta parte presentaba deficiencias similares en su sentido del olfato, lo que implica que los trastornos del olfato eran comunes en la población general antes de que el COVID-19 se manifestara.

En un estudio que aún no ha sido revisado por pares, los científicos concluyen que el 65% de los que se recuperaron del COVID-19 mostraban una pérdida de olfato, una reducción o distorsiones del sentido 18 meses después de la infección, en comparación con el 20% de los que no habían contraído el virus. “Dado el tiempo transcurrido desde [la] agresión inicial al sistema olfativo, es probable que estos problemas olfativos sean permanentes”, escribieron.

Fuente: Infobae

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