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miércoles 16 de septiembre de 2026

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Los “10 mandamientos” para no subir de peso luego de adelgazar

Un hombre mide el contorno de su abdomen con un centimetro frente a una hamburguesa y una gaseosa.
Control del abdomen frente a la tentación de la comida chatarra

Bajar de peso suele ocupar el centro de la escena cuando se habla de obesidad. De hecho es el primer paso indispensable para poder modificar un estado de cosas. Sin embargo, existe una segunda parte del proceso de la que se habla menos y es seguramente el desafío más importante: cómo sostener en el tiempo los resultados alcanzados.

El tema es eje de las “XVII Jornadas Argentinas de Nutrición y V Jornadas Argentinas de Obesidad”, que se desarrollan desde ayer en Buenos Aires, e incluyen un simposio específico sobre esta problemática: “Por qué recuperamos el peso: la biología detrás de la recaída”, coordinado por Virginia Busnelli, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).

La obesidad es una enfermedad crónica.

“Tenemos que cambiar la idea de que el tratamiento termina cuando la persona llega al peso que se había propuesto. Ese descenso puede ser un logro enorme, pero a partir de allí comienza otra etapa que también requiere atención y que en realidad no tiene que ver con la disciplina del paciente sino con la biología de la enfermedad.

Si entendemos a la obesidad como una enfermedad crónica, el seguimiento y las estrategias para sostener los beneficios forman parte del tratamiento y no son un agregado opcional”, afirma Busnelli.

La pregunta es, entonces, qué puede hacer una persona que perdió peso y quiere sostener los resultados.

El resultado es que por primera vez los expertos de la sociedad científica decidieron confeccionar los

“10 mandamientos” para sostener el descenso de peso y, sobre todo, los beneficios para la salud obtenidos con el tratamiento:

1- No “dar el alta” al paciente

El acompañamiento profesional continúa siendo importante una vez alcanzado el objetivo.

Las consultas pueden espaciarse, pero mantener el seguimiento permite detectar precozmente cambios en el hambre, la conducta alimentaria, la actividad física o el peso y actuar a tiempo.

2- No hacer una dieta con fecha de vencimiento

Se trata de construir una alimentación sostenible. Las estrategias extremadamente restrictivas pueden producir resultados a corto plazo, pero ser imposibles de mantener en el tiempo.

El objetivo es desarrollar un patrón alimentario equilibrado, flexible y compatible con la vida familiar, laboral y social, priorizando alimentos de buena calidad nutricional, carnes magras que aporten proteínas; frutas y verduras, que aporten fibras y otros nutrientes; lácteos que permiten incorporar grasas saludables y opciones que favorezcan la saciedad.

3- No confundir “ruido alimentario” con falta de autocontrol

Algunas personas experimentan pensamientos intrusivos alrededor de la comida, fenómeno denominado “ruido alimentario”.

Cuando es intenso, genera malestar o interfiere con la vida cotidiana, debe ser conversado con el equipo tratante y no interpretarlo automáticamente como falta de autocontrol.

4- No descuidar la masa muscular

El ejercicio aeróbico contribuye a la salud cardiovascular y al gasto energético, mientras que el entrenamiento de fuerza ayuda a preservar la masa y la función muscular.

La clave no es encontrar el ejercicio ideal, sino una actividad adecuada a cada persona que pueda mantenerse en el tiempo.

5- No vivir pendiente del peso

El objetivo no es reaccionar ante cada fluctuación: el dato útil es la tendencia, no el número de un día.

6- No dormir poco y mal

Es una parte del tratamiento. Dormir poco o mal puede interactuar con el apetito, la actividad física y las decisiones alimentarias.

7- No ignorar el contexto del paciente

Cambios laborales, problemas económicos, determinados medicamentos, factores emocionales o un entorno que favorece la ingesta de alimentos de baja calidad nutricional dificultan el mantenimiento.

8- No pretender un peso “fijo”

Mantener el descenso no significa conservar exactamente el mismo peso todos los días. Las fluctuaciones son esperables. Lo importante es distinguirlas de una tendencia progresiva que se mantiene durante semanas o meses.

9- No depender de la voluntad

Es necesario construir un entorno que ayude. La disponibilidad de alimentos, los horarios, las costumbres familiares, las oportunidades para moverse y el apoyo del entorno pueden facilitar o dificultar el mantenimiento.

Planificar compras, disponer de alternativas adecuadas, organizar tiempos específicos para la actividad física y contar con apoyo familiar o profesional pueden contribuir.

10- No suspender la medicación

Si existe un tratamiento médico indicado, no suspenderlo simplemente porque se alcanzó el descenso.

Como sucede con otras enfermedades crónicas, retirar una intervención que estaba controlando la enfermedad puede permitir que reaparezcan mecanismos que favorecen su progresión. Clarín

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