“Lomónaco a la Selección”: del escándalo a la redención

Kevin Lomónaco no solo intercepta. Juega. Piensa. Decide. Es el tipo de defensor que parece tener tiempo extra en cada jugada. Esa pausa que transmite inteligencia y templanza, la que los técnicos de antes llamaban “jugar con la cabeza fría y el corazón caliente”.
Sin embargo, su carrera atravesó una fuerte crisis hace apenas un año. En 2023, fue sancionado por la justicia deportiva brasileña tras admitir su participación en una red de apuestas ilegales que manipulaba partidos. La suspensión por 380 días y una multa económica parecían cerrar la puerta de un futuro prometedor para este joven defensor.
Pero Kevin no se escondió. Cumplió la sanción. Reflexionó. Volvió al campo con mayor madurez. Y no solo volvió: hoy es uno de los centrales más sólidos del fútbol argentino, un nombre que la hinchada corea en redes con un clamor creciente:
“¡Lomónaco a la Selección!”
Una segunda oportunidad que va más allá del deporte
El caso de Kevin Lomónaco nos invita a reflexionar sobre el eterno dilema entre sanción y reinserción, un tema clave en la criminología deportiva. ¿Debe un joven futbolista quedar marcado para siempre por un error? ¿Tiene sentido castigar sin ofrecer herramientas para la reconstrucción personal y profesional?
Muchos jugadores emergen en ambientes donde la formación financiera, emocional y ética es insuficiente. Jóvenes que, de la noche a la mañana, se convierten en millonarios sin preparación para manejar las presiones y tentaciones, en un entorno donde el éxito se celebra sin enseñar a sobrellevar las caídas.
Lomónaco falló, sí. Pero también aprendió y volvió mejor. No hay redención sin castigo, pero tampoco puede haber justicia sin la posibilidad real de retorno.
Un símbolo dentro y fuera de la cancha
El defensor de Independiente, club que compró su pase a Bragantino y confió en su capacidad de reconstrucción, no solo regresó: lo hizo siendo figura. Lidera la zaga con voz firme, marca con inteligencia y sale jugando con la seguridad de los grandes.
Esta generación entiende que el talento por sí solo no alcanza: se entrena, se cuida y se muestra con la serenidad de quien ya enfrentó el peor momento de su carrera.
Sus hinchas lo saben. Los rivales lo notan. Y muchos reclaman su convocatoria a la Selección como una justicia poética: que llegue quien realmente lo merece, no solo quien vende.
Cuando el sistema aprende a mirar más allá del castigo
El sistema judicial deportivo, como cualquier sistema punitivo, debe preguntarse si sus sanciones solo castigan o también enseñan. El caso Lomónaco pudo terminar en exilio o retiro prematuro, pero no fue así.
Hubo sanción firme, sí. Pero también un jugador con voluntad de cambio y un club, Independiente, dispuesto a apostar por la reconstrucción. Esto es clave para que la sanción cumpla su objetivo: prevenir, educar y reintegrar.
Casos similares en el deporte internacional muestran que la segunda oportunidad puede transformar no solo carreras individuales sino también el sentido de justicia dentro del deporte.
Más que un defensor, un símbolo de esperanza
Kevin Lomónaco es hoy mucho más que un zaguero central. Es un caso testigo. Un símbolo vivo de que el castigo no debe ser eterno, que un error no condena para siempre y que el fútbol, como la vida, también se trata de volver mejor después de haber caído.
Por eso, el pedido “Lomónaco a la Selección” no es solo deportivo. Es ético, social y humano. Es el síntoma de que aún creemos en los que aprovechan las segundas oportunidades.

Lic.Eduardo Muñoz
-Criminólogo| Autor del libro El Género de la Muerte| Divulgador en Medios| Análisis criminológico aplicado a temas sociales deactualidad y seguridad
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