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sábado 19 de septiembre de 2026

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El consumo de alcohol, el azúcar y el cortisol aceleran la acumulación de grasa visceral

La grasa abdominal no aparece solo por la edad

Los 3 hábitos que aceleran su acumulación y el alimento que puede ayudar a reducirla.

La grasa abdominal no aparece solo por la edad

El aumento de volumen en la zona abdominal va más allá de un dilema estético y representa un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2. Aunque se suele culpar al paso del tiempo, la acumulación de grasas, especialmente la grasa visceral, responde a la ingesta de alimentos específicos y desequilibrios hormonales.

Tres elementos principales aceleran el depósito lipídico entre los órganos internos: las bebidas alcohólicas, los productos ricos en azúcar o fructosa y las frituras. Superar cuatro porciones diarias de alcohol se vincula directamente con un mayor contorno de cintura, mientras que los azúcares y las grasas trans alteran el metabolismo mediante procesos inflamatorios.

¿Por qué el cortisol acelera la acumulación de grasa abdominal?

El almacenamiento en la cavidad abdominal obedece a respuestas químicas específicas del organismo. Tras los 40 años, la fluctuación de hormonas ralentiza la quema de lípidos y facilita que los excedentes calóricos se alojen cerca del hígado y los intestinos. A esto se suma el impacto del estrés crónico y la mala calidad del sueño, factores que elevan la producción de cortisol. Esta hormona le indica al cuerpo que preserve reservas energéticas en la región central.

Por su parte, el consumo alto de fructosa y carbohidratos refinados genera picos glucémicos que estimulan la acumulación de grasa visceral. Existe además la falsa creencia de que realizar ejercicios focalizados quema

el tejido adiposo de la cintura. Frente a este mito, los especialistas aclaran que "los abdominales fortalecen la musculatura, pero no eliminan la grasa localizada".

¿Qué hábitos ayudan a reducir la grasa visceral?

Para reducir la circunferencia abdominal, las investigaciones señalan que la clave está en el gasto calórico total y la reestructuración de la dieta.

Pautas nutricionales con respaldo médico:

Fibras solubles: un estudio en 1.114 personas asoció el consumo de 10 gramos diarios de fibra soluble a una reducción del 3,7% en la grasa visceral.

Proteínas y granos enteros: investigaciones en 617 personas vincularon un mayor aporte proteico con menor obesidad central, mientras que priorizar carbohidratos integrales mejora el metabolismo.

Pescados grasos e hidratación: consumir salmón o sardinas semanalmente aporta omega 3, nutriente que ayuda a reducir el cortisol y proteger la región central.

Incorporar probióticos como yogur o kéfir beneficia la microbiota, mientras que abandonar el tabaco y sumar entrenamiento de fuerza revierte el cuadro inflamatorio.

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