Israel afirma que "hay indicios claros" de que el líder supremo de Irán habría muerto en los bombardeos en su bunker

El líder supremo de Irán, Ali Khamenei, habría muerto durante el ataque sorpresa lanzado este sábado por Israel con apoyo de Estados Unidos, según afirmaron medios israelíes y fuentes citadas por agencias internacionales, en un giro que podría alterar por completo el equilibrio político y militar en Medio Oriente. La versión fue respaldada por declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien sostuvo que existen “indicios claros” de que el ayatollah falleció luego de que su complejo en Teherán fuera alcanzado por los bombardeos.
La ofensiva fue confirmada en las primeras horas del día por las Fuerzas de Defensa de Israel, mientras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ratificó la participación de su país en lo que describió como “importantes operaciones de combate” destinadas a neutralizar amenazas estratégicas provenientes del régimen iraní. Según Washington, el objetivo central fue destruir infraestructura vinculada al desarrollo de misiles y al programa nuclear de Teherán.
El ataque inicial se registró en zonas cercanas a las oficinas y residencias asociadas al líder supremo en la capital iraní. Medios estatales iraníes informaron sobre fuertes explosiones en distintos puntos de Teherán y posteriormente en ciudades como Qom, Isfahán, Kermanshah y Karaj. Testigos describieron columnas de humo elevándose sobre el centro urbano y una intensa actividad de ambulancias y fuerzas de seguridad.
Netanyahu aseguró que la operación fue planificada durante meses y que su ejecución respondió a información de inteligencia que indicaba avances críticos en el programa misilístico iraní. En conferencia de prensa, afirmó que además del complejo de Khamenei fueron eliminados altos comandantes de la Guardia Revolucionaria y funcionarios clave del aparato nuclear. “Eliminamos la amenaza existencial”, sostuvo el mandatario israelí, al tiempo que destacó la coordinación con Washington.
Sin embargo, horas más tarde surgieron versiones contradictorias desde Teherán. El ministro de Relaciones Exteriores iraní declaró a medios estadounidenses que Khamenei “está vivo”, aunque reconoció que no contaba con información directa actualizada. La falta de una confirmación oficial por parte del régimen iraní alimentó aún más la incertidumbre internacional sobre el destino del líder de 86 años, quien concentra el máximo poder político, religioso y militar en la república islámica.
El Comité Internacional de la Cruz Roja en Irán informó que los bombardeos dejaron al menos 201 muertos y 747 heridos en 24 de las 31 provincias del país. Hospitales en varias ciudades activaron protocolos de emergencia ante el flujo de víctimas y daños estructurales en zonas residenciales y administrativas. Las autoridades iraníes calificaron el ataque como una “agresión directa” y prometieron una respuesta contundente.
En un mensaje grabado y difundido en redes sociales, Trump sostuvo que la operación busca “destruir los misiles y arrasar la industria misilística iraní” y advirtió que el régimen “será borrado” si continúa desarrollando armamento con capacidad de alcanzar territorio estadounidense. También llamó al pueblo iraní a “tomar el control de su gobierno”, en declaraciones que incrementaron la tensión diplomática.
Tras la ofensiva inicial, el ejército israelí informó que detectó el lanzamiento de misiles desde Irán hacia territorio israelí en aparente represalia. Las sirenas antiaéreas sonaron en Jerusalén, Tel Aviv y otras ciudades, y la población fue instruida a permanecer en refugios. Se reportaron explosiones vinculadas a la intercepción de proyectiles en pleno vuelo.
La escalada se extendió a otros puntos estratégicos del Golfo. En Baréin, autoridades confirmaron que instalaciones vinculadas a la V Flota de Estados Unidos fueron alcanzadas por un “ataque con misiles”. También se registraron detonaciones en Abu Dabi y en Qatar, donde opera la mayor base militar estadounidense en Medio Oriente. La expansión geográfica del conflicto elevó el temor a una guerra regional de mayor escala.
Como medida inmediata, Irán, Israel e Irak cerraron su espacio aéreo. Jordania activó sus sistemas de alerta, Emiratos Árabes Unidos dispuso un cierre parcial temporal y Kuwait y Qatar cancelaron todos los vuelos programados. Varias aerolíneas internacionales suspendieron operaciones hacia la región, generando una fuerte disrupción en el tráfico aéreo global.
Las reacciones internacionales no tardaron en llegar. Rusia calificó el ataque como “peligrosamente irresponsable” y advirtió sobre el riesgo de una catástrofe humanitaria y económica en Medio Oriente. Brasil expresó “profunda preocupación” y llamó a la moderación. Desde la Unión Europea pidieron contención y respeto al derecho internacional, con especial énfasis en la seguridad nuclear. España rechazó la acción militar unilateral, mientras que Australia respaldó la ofensiva al considerar que el programa nuclear iraní representa una amenaza para la paz mundial.
El Organismo Internacional de la Energía Atómica, encabezado por el argentino Rafael Grossi, aseguró que monitorea la situación y exhortó a evitar cualquier acción que comprometa instalaciones nucleares o incremente los riesgos radiológicos.
Mientras persisten versiones contrapuestas sobre la muerte de Khamenei y el verdadero alcance de los daños infligidos a la estructura militar iraní, la región permanece en máxima alerta. De confirmarse el fallecimiento del líder supremo, Irán enfrentaría un escenario inédito de sucesión en medio de un conflicto abierto, con implicancias profundas tanto para la estabilidad interna del país como para el equilibrio estratégico en Medio Oriente y el mundo.





