Historias de la Argentina misteriosa

Seguimos en ruta y nuestro recorrido continúa por el Litoral, pantanosa tierra fértil de fábulas, y de a poco nos adentramos en los vaporosos esteros del Iberá cerca de Goya en Corrientes. Muchos pobladores nos reciben con fraternidad y se sientan a un costado del fogón o ante la mesa de un almacén y tomando un tragos comienzan a narrarnos fantásticas historias acerca de los mitos que los rodean.
Bienvenidos a la Isla Fantasma
El primer relato nos detalla pormenores de la misteriosa “Isla del Diablo”. Según los testimonios orales el islote ya era conocida por los viejos habitantes de la región como “Isla Fantasma”, dado que no tenía un paradero fijo en virtud de que de manera caprichosa a veces amanecía más orientada hacia el Norte y en otras más tirando al Sur.
Pero lo alarmante era que sus primeros pobladores decían que cuando intentaban acercarse con sus canoas, se escuchaban alaridos infernales que los alejaban presas del miedo. Obviamente los escépticos socarrones que nunca faltan consideraban que esos gritos provenían de bandidos y de contrabandistas que hallaban en ese oscuro islote su refugio ideal. Pero para otros, los más supersticiosos e inclinados a la posibilidad “de”, eran causados por los espíritus malignos que habitaban la profundidad de la Isla
La solución para terminar con esas sensaciones horripilantes llegó de la mano de un audaz fraile misionero cuyo nombre hoy nadie recuerda. Lo que se cuenta es que este sacerdote navegó solo en su canoa y con una cruz de madera bendijo las barrosas orillas de la “Isla Fantasma” de modo de acabar para siempre con su energía maldita. Sus lugareños señalan que desde entonces, el islote no se movió nunca más y que las lúgubres voces que provenían de su espeso monte callaron para siempre, aunque todavía exista alguien que mientras atraviesa el río por las noches las siga escuchando de fondo como una suerte de espectral banda de sonido.
Tanto la historia regional como la memoria mágica señalan que la Congregación de los Jesuitas al ser expulsados de Misiones en el año 1767, rápidos de reflejos antes de partir escondieron tesoros en una fortaleza que habían construido en medio de la selva y a la cual llamaban “Emboré”. Solamente los padres Jesuitas tenían acceso a esta pequeña ciudadela y el detalle urbanístico era que sus casas no tenían puertas ni ventanas. “Embore” vivía su eterna soledad dentro de la inabarcable selva misionera. También se detallaba que la entrada era mediante túneles subterráneos cuyas bocas permanecían ocultas entre el follaje. Lo curioso es que al tratarse de una leyenda, no fueron pocos los ambiciosos aventureros que a comienzos del siglo XX costearon expediciones con grupos de peones en busca del tan mentado tesoro. Un historiador regional nos detalla que solamente una de esas excursiones había llegado a “Emboré” y que regresaron a una despensa de ramos generales para reforzar su cargamento con herramientas y más hombres. Pero lo siniestro del asunto fue que una vez que emprendieron el viaje rumbo a “Emboré”, jamás regresaron. Desde entonces la leyenda acerca de esa mítica fortaleza Jesuita sigue permaneciendo oculta bajo el halo del misterio.
Entre platos voladores y el aterrador monstruo de la laguna verde
La hermosa provincia de Salta aparte de sus bellezas naturales cuenta con su propia y mágica mitología. Precisamente a la zona de Cachi hace ya muchos años llegó un hombre –hoy fallecido- procedente de Suiza y sin más construyó una especie de pista de aterrizaje de casi cincuenta metros de diámetro para darle la fraternal bienvenida a todo aquel objeto volador no identificado que sobrevolara por los cielos salteños. Este curioso “Ovni-puerto” en la actualidad continúa siendo reducto de visita obligada para todo viajero que quiera sumar imágenes insólitas a su album familiar. También cerca de Cachi existe un sosegado pueblo llamado Seclantas que entre grandes rulos de pastizales que sobrevuelan alrededor, cuenta solamente con cuatro o cinco cuadras y una espectral geografía que constituye un maravilloso misterio en sí misma. Muy cerca de la región hay un espejo de agua color verde profundo bautizado con el nombre de “Brealito”. Se trata de una laguna sobre la cual se tejen todo tipo de historias fantásticas. A los avistamientos de luces en el cielo que ya son un clásico de la zona, para darle más sabor se agrega la leyenda de la fugaz aparición de un gigantesco y prehistórico animal. Podría ser considerado como un primo lejano de “Nessie” en Escocia o medio hermano de “Nahuelito” en Bariloche. Pero lo cierto es que su repentina aparición provoca burbujeantes remolinos en las verdosas aguas cuando asoma su largo y escamoso cuello, provocando el pavor de algún que otro pescador que sin dudarlo huye, dejando la pesca para otro día y llevándose flor de susto a casa...
Autor: Carlos Parodi, escritor e investigador de temas sobrenaturales.
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