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Colaboración | Edmundo Fuster vuelve con ENFOQUES

¿ESTÁN A TIEMPO?

Hay momentos en los que un país necesita detenerse un instante y preguntarse hacia dónde va. Porque siempre existe un “mientras tanto”.

¿ESTÁN A TIEMPO?

Según nos informa Wikipedia, Del contrato social: o los principios del derecho político, más conocido como El contrato social, es un libro escrito por Jean-Jacques Rousseau y publicado en 1762.

Y no tengo ninguna argumentación ni basamento para tildar esa información de incorrecta.

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Más cerca en el tiempo, algo así como el 25% de los votantes argentinos que acompañaron la candidatura de Javier Milei lo eligieron, más allá de las razones relacionadas con la economía, asociadas indisolublemente a la baja de la inflación, por otro concepto de trascendencia mayúscula: darles vacaciones hasta que aprobaran la materia “Pautas para el ejercicio del poder sin despilfarro ni corrupción”, algo que durante muchos años el populismo había tenido pendiente.

No fue suficiente el festejo de la Semana de la Dulzura, donde se cambiaba una golosina por un voto, para que uno de cada cuatro votantes se comiera el chupetín, a pesar del esfuerzo de los publicistas por promocionarlo con consignas como “La casta tiene miedo”, “El que las hace las paga” y el toma y daca de los gobernadores.

Muy pocos se comieron esos caramelos, aunque siempre hay algún goloso que no le hace asco a nada. El resto quería que se terminara con el populismo, sus conceptos y su metodología. De la casta, de la erradicación definitiva de la corrupción, de poner en valor la Justicia, de convertir al Estado en un canto a la excelencia, todavía no se han ocupado lo suficiente.

Aunque casi se han olvidado del mandato popular, el Contrato Social de los nuevos tiempos no es otra cosa que terminar con todo lo que nos tiene anclados al pasado.

Basta de boicotearse. Basta de actitudes infantiles e insolentes. Basta de apuntarle al meñique propio pie que, hasta con los ojos cerrados, siempre le pegan.

Es lógico que primero se haya intentado corregir la macroeconomía, logrado el equilibrio fiscal, pagar deudas, bajar la inflación y atesorar divisas, porque nunca se sabe cuándo las fuerzas que viven al acecho puedan dar el zarpazo.

También se ha demostrado que la progresividad no soluciona el problema, con lo cual todo indicaría que no había otra posibilidad que hacer lo que se hizo para ordenar la macro.

Pero olvidarse que en el país vive gente, que hay algunos sectores que la están pasando mal y otros que la están pasando peor, es trabajar para el adversario, es una rescisión unilateral del contrato y eso nunca es del todo gratis.

Algunas declaraciones, como las de abril de 2026 en AmCham, donde se planteó el escenario de dejar el Poder si el plan estructural fallaba o no tenía sustento político, afirmando que se “volvería a casa” para ejercer en el sector privado, se parece bastante a un salir corriendo y que el sacrificio de la sociedad termine en el tacho de basura.

O peor aún: si habiendo hecho todo lo posible para perder el sustento político, como si eso sucediera por un efecto sobrenatural y sin responsables, la situación se tornara realmente alarmante, en ese caso no habría responsables, salvo Las fuerzas del Infierno.

Algunos meses más adelante, en septiembre de 2026, en “Vientos de Cambio”, el presidente reforzó esa misma postura del “futuro asegurado”, pero con un tono más duro, sumando la advertencia que rechazar sus ideas en las urnas significaba un “suicidio” para la sociedad argentina.

Otra vez el mismo argumento: la división entre los buenos y los malos, entre los que hoy ven todo bien y quienes, por pensar diferente, resultan la anti ubicación en el sistema, calificando a los que rememoran otras alternativas como suicidas.

Demasiado fuerte plantear una disputa entre los que aman la vida y los que prefieren matarse.

La posibilidad que Vaca Muerta se convierta con el tiempo en una máquina de juntar dólares para el bienestar general, que se potencie hasta casi el infinito la producción agrícola-ganadera y que bajo cada baldosa haya un mineral extraíble, seguramente va a existir.

Pero se olvidan del mientras tanto.

Si los números no dan en el presente para mucha gente, eso termina haciendo fracasar cualquier plan y, en ese momento, no será sencillo pedir una nueva oportunidad, máxime cuando cada error es convertido en un ícono por la oposición.

Hay preguntas difíciles de contestar, pero mucho más difíciles de convencer con las respuestas.

Por ejemplo:

• ¿Cómo pudo ser que se haya sostenido a Adorni a pesar de la catarata de pruebas que lo incriminaban?

• ¿Cómo puede ser que hayan llegado a estar pegados con los personajes del tema $LIBRA y con Fernando Cerimedo? ¿Esto quiere decir que se le arrima cualquiera, que nadie chequea nada?

• ¿A quién se le pudo ocurrir armar un presupuesto tirando del camión a los discapacitados, justo para un año electoral? ¿Se olvidaron que son el grupo social más vulnerable de la sociedad?

• Ni que hablar de los jubilados, con un bono cuyo valor se mantiene constante desde hace 30 meses.

• De las universidades, que salvo la Corte Internacional de La Haya tienen sentencia de todas las instancias para que se cumpla la ley y se pague de acuerdo con lo que marca la ley.

• Las leyes que se mandan al Congreso no hay quién las explique. Son rechazadas, pueden ser modificadas en temas elementales o dejadas morir sin darles ninguna importancia.

• Seguramente será muy necesario, si las condiciones de seguridad así lo establecen y las Fuerzas Armadas que han sido deliberadamente desmanteladas en el pasado reciente, así lo requieren. Pero no estaría de más que explicaran adecuadamente si este es el momento ideal para prever inversiones de USD 2.300 millones destinados a la adquisición de tres submarinos convencionales diésel-eléctricos y USD 1.200 millones destinados a la compra de dos fragatas multimisión de última generación, de lo que se habla bastante poco.

Mientras las inversiones no están llegando tal como sería de esperar, eso tiene un trasfondo muy claro: el descontento social que recogen todas las encuestas debería dar que pensar.

La posibilidad o el riesgo, según se lo mire, que Milei no reelija aumenta, y los dueños del capital conocen de sobra cómo se mueven los populismos.

En el hoy Jubilaciones paupérrimas, vademécum de PAMI en proceso continuo de adelgazamiento, conflictos con los discapacitados y los empleados públicos, amistades parlamentarias unidas con hilo de coser, periodismo cada día más duro con el Gobierno por los malos tratos e insultos que reciben, pretensiones exageradas para las alianzas electorales y antecedentes de promesas incumplidas no constituyen la mejor carta de presentación.

Internas a pedir de boca en el seno del poder; leyes que se aprueban, se vetan, se levanta el veto y tampoco se cumplen; cámaras empresarias que reclaman incentivos a la actividad y se van con las manos vacías; empresas y comercios que cierran; despidos; precarización laboral, etcétera.

Obviamente, todo y al mismo tiempo no se puede.

Pero la acumulación de problemas y reclamos es tanta que da la sensación que ninguno se resuelve. Y eso pone nerviosos a los de adentro y temerosos a los de afuera.

Si bien lo que abunda no daña, no tendría mayor importancia pasar revista a más temas, porque con lo que tenemos es suficiente para hacerse una pregunta:

¿ESTÁN A TIEMPO?

Edmundo Fuster

CABA - ARGENTINA