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miércoles 16 de septiembre de 2026

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Escalofriante confesión del reo acusado de canibalismo: “le quité un ojo y me lo comí”

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Un estremecedor crimen ocurrido en la cárcel de La Serena, a unos 470 kilómetros al norte de Santiago, conmociona a Chile. Un interno de 21 años asesinó a su compañero de celda y luego confesó haber comido partes de su cuerpo. Tras el hecho, Gendarmería de Chile dispuso la remoción del alcaide del penal y el traslado del autor a un recinto de máxima seguridad.

El crimen quedó al descubierto la mañana del domingo 8 de febrero, cuando funcionarios que iniciaban el desencierro en el módulo 91 encontraron en la celda 20 el cuerpo de Felipe Sebastián Sepúlveda Ramos (26), con un profundo corte en el cuello provocado con arma blanca y evidentes señales de mutilación. En el mismo lugar se encontraba Manuel Ignacio Fuentes Martínez, apodado “Chico Ignacio”, quien era el único otro ocupante de la celda de castigo.

El joven confesó el ataque y aseguró que actuó en defensa propia. En su declaración, relató que durante la noche su compañero se abalanzó sobre él con un arma blanca y que, al advertir la agresión, reaccionó primero.

“Yo igual tenía un arma y lo agredí antes de que él me agrediera, esquivando la puñalada”, sostuvo. Indicó que lo hirió en el cuello y que la víctima comenzó a convulsionar. “Le tomé los signos en el cuello y el corazón y noté que estaba muerto. Solo voy a decir que fue en mi defensa”, afirmó.

A renglón seguido, el “Chico Ignacio” relató: “comencé a desesperarme por lo que había hecho y a comer parte de su cuerpo”.

“Le quité un ojo y me lo comí, al igual que un pedazo de su mano y el cuello, donde le pegué la puñalada. Luego de eso me comí una oreja. Al pasar el rato lo tapé y me dormí a su lado. En la mañana, el funcionario, al habilitar la celda, se dio cuenta de lo que había hecho”, remató.

Ignacio Fuentes, al despertar y ver al gendarme que abrió la celda y se encontró con la dantesca escena, solo le dijo: “Jefe, lo maté”.

De acuerdo con los antecedentes de la investigación, Fuentes Martínez había ingresado al sistema penitenciario en 2023 por robo con intimidación y robo con violencia contra una mujer adulta mayor y su nieta. Diez días después de ser recluido en la cárcel de Puente Alto logró fugarse escalando un muro.

Tras permanecer prófugo varios meses, fue localizado en Argentina, deportado y trasladado al penal de La Serena. Durante su reclusión acumuló seis faltas graves, entre ellas porte y fabricación de armas blancas, agresiones a internos, riñas con uso de armas e ingreso de elementos prohibidos. En noviembre pasado fue sancionado con 30 días sin visitas y su conducta estaba calificada como “pésima”.

También trascendió que tanto él como la víctima tenían traslados programados a otros recintos —Rancagua y Antofagasta, respectivamente—, medidas que no alcanzaron a concretarse.

En medio de la controversia, el director nacional de Gendarmería, Rubén Pérez, resolvió llamar a retiro al alcaide del penal serenense. En paralelo, el imputado fue derivado a la Cárcel de Alta Seguridad (Repas), en Santiago, mientras la Fiscalía avanza en la investigación del homicidio.

El caso abrió un fuerte debate sobre las condiciones de seguridad y control al interior de los recintos penitenciarios, especialmente en módulos de castigo donde, pese a antecedentes disciplinarios graves, se habría permitido la convivencia de internos con historial violento y acceso a armas blancas

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