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martes 15 de septiembre de 2026

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Enero 2026: ¿Por qué llueve bastante en Catamarca?

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Las lluvias actuales responden al régimen típico del verano, reforzado por la Alta Boliviana, la circulación en chorro en altura y el ingreso de aire húmedo. A esto se suma la influencia de la variabilidad climática y las teleconexiones, que modulan la intensidad y frecuencia de las precipitaciones en el NOA.

Las lluvias que se vienen registrando en Catamarca durante los últimos días se inscriben dentro del régimen climático propio del verano, período en el que se concentra la mayor parte de las precipitaciones anuales en la provincia y en el Noroeste Argentino (NOA). Si bien estos episodios generan impacto en la vida cotidiana, responden a procesos atmosféricos conocidos y recurrentes en esta época del año.

Uno de los factores centrales es la presencia de la Alta Boliviana, un sistema de circulación que se desarrolla en niveles altos de la atmósfera durante el verano austral. Asociada al intenso calentamiento continental, esta estructura favorece el ascenso del aire y la formación de nubosidad de gran desarrollo vertical, condición indispensable para la ocurrencia de lluvias y tormentas sobre Catamarca y regiones vecinas.

A este escenario se suma la corriente en chorro en altura, que presenta vientos intensos sobre el centro y norte del país. Cuando esta corriente se ondula y se posiciona de manera favorable sobre el NOA, refuerza los procesos de inestabilidad atmosférica. La interacción entre la Alta Boliviana y la circulación en chorro resulta clave para explicar la persistencia y, en algunos casos, la intensidad de las precipitaciones observadas.

En niveles más bajos de la atmósfera, el ingreso de aire cálido y húmedo desde el norte y noreste aporta la humedad necesaria para el desarrollo de tormentas. Este transporte de vapor de agua forma parte del sistema monzónico sudamericano y explica la concentración de lluvias en el trimestre diciembre–enero–febrero, cuando se registra más de la mitad del total anual de precipitaciones.

A este marco estacional se suma el estado actual de la variabilidad climática, que también influye en el comportamiento de las lluvias. Las condiciones oceánicas y atmosféricas a escala global —conocidas como teleconexiones climáticas— modulan la circulación regional. Fenómenos como El Niño–Oscilación del Sur (ENSO), el Modo Anular del Sur y las anomalías de temperatura del océano Atlántico pueden reforzar o atenuar los mecanismos que favorecen las precipitaciones en el NOA.

En determinados períodos, estas teleconexiones contribuyen a una mayor disponibilidad de humedad y a configuraciones atmosféricas más inestables, lo que se traduce en lluvias más frecuentes o intensas. Si bien su impacto no es uniforme todos los años, su influencia resulta clave para entender la variabilidad interanual de las precipitaciones en Catamarca.

Cabe destacar que las lluvias estivales suelen presentar una gran variabilidad espacial, por lo que es frecuente que se registren acumulados significativos en sectores puntuales mientras que zonas cercanas reciben montos menores. Este comportamiento responde al carácter convectivo de las tormentas y es una característica habitual del clima de la provincia.

Si bien estos eventos forman parte del funcionamiento normal del sistema climático regional, su seguimiento resulta fundamental debido a los posibles impactos asociados, como anegamientos temporarios, crecidas repentinas y dificultades en áreas rurales. Desde el Observatorio de Clima se realiza un monitoreo permanente de estas condiciones, con el objetivo de aportar información clara y útil para la comunidad.

La variabilidad climática global influye en la dinámica de las precipitaciones a través de teleconexiones, es decir, patrones de vinculación entre condiciones oceánicas y atmosféricas distantes que modulan la circulación y el clima regional de Sudamérica. Entre los más relevantes se encuentran:

-El Niño–Oscilación del Sur (ENSO): Este patrón de variabilidad, asociado a anomalías de temperatura en el Pacífico ecuatorial, altera la circulación atmosférica a escala hemisférica. Históricamente, las fases cálidas (El Niño) tienden a modificar la distribución de las lluvias en Argentina y pueden influir en el balance hídrico de diversas regiones, mientras que las fases frías (La Niña) contribuyen a patrones opuestos de precipitación y viento. La relación entre ENSO y las precipitaciones en el centro y norte del país no es lineal, pero su influencia sobre la circulación general puede favorecer o atenuar eventos de lluvia estacional según su fase y magnitud.

-Modo Anular del Sur (SAM) / Oscilación Antártica: Este patrón, que mide variaciones en la presión alrededor de la Antártida, modula la posición de las corrientes de viento circumpolares. Sus fluctuaciones pueden influir indirectamente en el transporte de humedad y la disposición de sistemas de baja y alta presión en latitudes medias, con efectos sobre la incidencia de precipitaciones en Sudamérica.

-Oscilación de Madden–Julian (MJO): Se trata de una oscilación intraseasonal que afecta la convección y las lluvias en los trópicos cada 60–90 días. Aunque se origina en regiones tropicales, su propagación puede interactuar con sistemas de mayor escala, potenciando episodios de gran nubosidad y precipitación cuando se encuentran fases activas de convección.

Estos patrones de teleconexión no actúan de manera aislada ni siempre con la misma intensidad, pero ayudan a explicar por qué algunas temporadas lluviosas son más activas o más débiles de lo esperado cuando se combinan con las condiciones regulares del régimen estival del NOA.

Fuente de Imagen: Meteoblue. Campo de viento en altura que muestra la circulación en chorro y su interacción con sistemas atmosféricos estivales que favorecen la inestabilidad sobre el NOA yCatamarca.

Mgter. Uriel Alberto Flores

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