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lunes 21 de septiembre de 2026

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Por FEMDATA

El norte argentino registra una alta demanda de servicios sexuales pagos, pero la asistencia sigue concentrada lejos

Salta y Tucumán aparecen entre las plazas del norte argentino con mayor movimiento en las búsquedas de servicios sexuales pagos

El norte argentino registra una alta demanda de servicios sexuales pagos, pero la asistencia sigue concentrada lejos

Según fuentes del sector y datos de actividad en plataformas digitales, Salta y Tucumán aparecen entre las plazas del norte argentino con mayor movimiento en las búsquedas de servicios sexuales pagos. El dato contrasta con una realidad que atraviesa a buena parte de la región: para acceder a orientación legal, controles de salud, espacios de organización o información sobre derechos, muchas trabajadoras dependen de recursos que están a más de mil kilómetros, sobre todo en Buenos Aires.

Una actividad que los datos vuelven difícil de ignorar

Un relevamiento sobre navegación en plataformas de anuncios para adultos, realizado entre fines de abril y fines de julio de 2026, ubicó a Salta como la sexta ciudad más buscada de Argentina, con 0,96 millones de sesiones. Junto con el desempeño de Tucumán, el dato muestra que el norte argentino concentra un interés que supera al de aglomerados bonaerenses con mucha más población.

La distancia se ve mejor cuando se compara la actividad de cada plaza con la población de su provincia. Si la Ciudad de Buenos Aires se toma como referencia con un índice de 100, Salta llega a 72 y Tucumán a 80. Córdoba marca 34 y Mendoza, 35. No es una medición del número de personas que trabajan en el sector, pero sí una señal concreta de dónde se concentra el interés.

También cambia la composición de las búsquedas. Dentro del norte argentino, Salta registra un 16,1% orientado a travestis y personas trans, frente al 10,9% en la Ciudad de Buenos Aires. Es una de cada seis consultas, contra una de cada nueve. Para un grupo que suele enfrentar mayores obstáculos para acceder al empleo formal y más exposición al hostigamiento policial, esa diferencia merece atención.

Los derechos no cruzan automáticamente las fronteras provinciales

La Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, conocida como AMMAR, nació en 1994 y se integró a la Central de Trabajadores de la Argentina al año siguiente. Su recorrido incluye la derogación de edictos policiales en la Ciudad de Buenos Aires, cambios en normas contravencionales de Entre Ríos y Santa Fe, y la sustitución del término «prostitución» por «trabajo sexual» en Santiago del Estero.

Esos avances muestran un límite que suele quedar fuera de la discusión: sus efectos dependen de cada jurisdicción. El intercambio sexual entre personas adultas no es un delito federal, pero los códigos contravencionales y de faltas se aplican provincia por provincia. Una modificación normativa en Buenos Aires no cambia por sí sola lo que ocurre en Salta, Tucumán o Jujuy. Para una trabajadora, cruzar una frontera provincial puede implicar encontrar reglas distintas y una relación diferente con la policía, aun cuando su actividad sea la misma.

La concentración también se nota en los recursos cotidianos. Asesorías jurídicas, consultorios con atención sin estigma, capacitaciones y redes de acompañamiento suelen tener mayor presencia en la capital. En varias provincias del norte argentino, una persona que necesita consultar por una detención, denunciar un abuso o resolver una duda sobre su situación contravencional puede no contar con una referencia cercana.

Las redes informales cubren un vacío, pero no lo resuelven

Cuando no hay una sede sindical o un dispositivo local de atención, las redes entre compañeras se vuelven la primera respuesta. Grupos de mensajería, contactos de confianza, avisos antes y después de una cita, y referencias sobre clientes ayudan a reducir riesgos. Son herramientas prácticas, aunque dependen de vínculos privados y no reemplazan una institución capaz de brindar respaldo sostenido.

Mirar cómo se organizan las acompañantes en la Ciudad de Buenos Aires permite poner esa diferencia en perspectiva. Las herramientas digitales pueden ampliar el margen de decisión, pero su utilidad depende de que existan recursos de salud, asesoramiento y protección cuando surge un problema. Fuera de Buenos Aires, y en particular en el norte argentino, todavía faltan datos básicos para saber en qué condiciones se trabaja y qué apoyos hay disponibles.

En Salta, y en buena parte del norte argentino, faltan relevamientos provinciales que describan cuántas personas ejercen esta actividad, cómo se organizan o qué ocurre cuando enfrentan situaciones de violencia o abuso. Sin esa información, las políticas públicas parten de suposiciones, muchas veces construidas desde realidades urbanas muy distintas.

El teléfono cambió el contacto, no todo lo demás

La expansión de los canales digitales dio a muchas trabajadoras mayor control sobre sus anuncios, sus tarifas y el filtro previo de consultas. También redujo la exposición en la calle. Pero mover el primer contacto a una pantalla no modifica automáticamente las normas locales, el acceso a la salud ni la relación con las fuerzas de seguridad.

Como plantea un informe exploratorio sobre trabajo sexual y plataformas digitales, la digitalización puede resolver la puerta de entrada, pero no elimina las condiciones que aparecen después. Las citas, los controles y los conflictos siguen ocurriendo en el territorio.

El traslado a canales privados, además, puede volver menos visible un tema que ya tiene poca presencia en la agenda pública de las provincias del norte. Que se hable poco de sexo pago no significa que la actividad sea marginal. Los datos de demanda disponibles para Salta y Tucumán apuntan en la dirección opuesta.

Una discusión regional que no debería postergarse

La trata de personas y el trabajo sexual autónomo no son lo mismo. La Ley 26.364 penaliza la captación, el traslado o el alojamiento de personas con fines de explotación cuando hay coerción, engaño o abuso de vulnerabilidad. Separar esa situación del trabajo realizado por personas adultas que toman sus propias decisiones es clave para que la intervención se dirija a las redes de explotación y no recaiga sobre quienes trabajan.

Salta aparece en el mapa de la demanda y, junto con Tucumán, deja ver un problema que excede a una sola ciudad del norte argentino: los recursos siguen concentrados lejos. Acortar esa brecha no exige resolver de una vez todos los debates alrededor del trabajo sexual. Requiere pasos más concretos: información provincial, lugares de consulta accesibles y redes de atención que no obliguen a buscar ayuda a distancia.


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