El lado B del ayuno intermitente

En los últimos años, el ayuno intermitente se instaló como una de las estrategias más populares entre quienes buscan mejorar su salud o bajar de peso. Sin embargo, alrededor de esta práctica alimentaria hay numerosos mitos y verdades que generan dudas sobre su efectividad y sus posibles riesgos.
De acuerdo con Laura Romano, nutricionista, directora del centro Senda, creadora de la marca de alimentos Íntegra y autora del libro Las dietas tienen un final, el ayuno intermitente no indica qué comer, sino cuándo.
“Es un patrón de alimentación que alterna períodos en los que se ingieren alimentos con períodos de ayuno”, explicó en diálogo con La 100.
Qué es el ayuno intermitente
Si bien existen distintas variantes, una de las más conocidas es la 16/8 (16 horas de ayuno y 8 horas de alimentación). Sin embargo, no es necesario llegar a esos extremos para obtener beneficios: “También se puede hacer un ayuno de 12 horas —por ejemplo, cenar a las 8 o 9 de la noche y desayunar a las 8 o 9 de la mañana— que en muchas personas resulta suficiente”.
Uno de los aspectos clave está en respetar los ritmos biológicos. “Muchos estudios se basan en ayunos nocturnos, respetando los ritmos circadianos. Es decir, se sugiere comer durante las horas de luz y ayunar de noche. En lugar de cenar tarde y cortar el ayuno con el almuerzo, sería mejor cenar temprano y desayunar un poco más tarde”, agregó la especialista.
¿Qué beneficios tiene?
Según Laura Romano, “muchos de los beneficios que se observan con el ayuno intermitente, como pérdida de peso, mejor sensibilidad a la insulina, menor inflamación o mejoras en lípidos en sangre, son muy similares a los que se obtienen siguiendo un plan de alimentación saludable y con déficit calórico, sin necesidad de ayunar tantas horas”.
En ese sentido, destacó que “no es que el ayuno intermitente tenga efectos mágicos: lo que genera esos resultados es, en gran parte, comer menos calorías de las que el cuerpo gasta”.
A algunas personas les resulta más fácil controlar la ingesta al reducir la ventana de alimentación, pero la nutricionista advierte que “no es superior per se a otros métodos si no se logra un equilibrio calórico y un patrón sostenible en el tiempo”.
Posibles efectos adversos
Como toda estrategia alimentaria, no es para todo el mundo. “Algunas personas pueden experimentar mareos, dolor de cabeza, irritabilidad, cansancio o dificultad para concentrarse. También puede aumentar el riesgo de comer en exceso en la ventana de alimentación si llegan con demasiada hambre”, señaló Romano.





