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sábado 19 de septiembre de 2026

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Nota de opinión

Días Intensos

De aquellas esquinas del barrio a la incertidumbre de hoy.

Días Intensos

En mi juventud, allá lejos y hace tiempo, vivía en un típico barrio de clase media de la Ciudad de Buenos Aires: gente trabajadora, empleados, comerciantes, algunos pocos profesionales y, en la esquina, los chicos nos juntábamos a jugar a la pelota.

En esos tiempos, hace 50 años, lo más tecnológico que existía era la televisión en blanco y negro y, entre la esquina y ver a El Zorro, no había mucho que pensar para elegir.

Todos éramos estudiantes secundarios. Algunos radicales, algunos pro montos, pero había armonía; la política no generaba grieta. Y llegó al grupo uno que no estudiaba, era chofer, tenía más calle que nosotros y siempre enganchaba a alguno para que lo acompañara. Decía: “Vamos hasta acá nomás y enseguida volvemos”, y tardaban horas. Siempre había una excusa.

La realidad era que el “acá nomás” no era acá nomás y esa era la razón de la demora.

Llegó el día en que fui invitado a acompañarlo, pero como ya lo conocía, antes de subir al vehículo le dije: “Decime realmente adónde vas y te diré si te acompaño. No quiero sorpresas y después problemas en mi casa”.

Debo reconocer que lo dije con un poco de miedo. No le gustaba que lo contradijeran y tenía la mano pesada.

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No fui. Se ofendió. Durante un tiempo estuvimos enojados y ni a jugar a la pelota venía.

Cincuenta y pico de años después, siento que me pasa lo mismo.

Tengo la sensación de revivir aquel momento de incertidumbre, del no saber hacia dónde vamos. Eso me erosiona la confianza y, lo más grave, no sé si a pocos o a muchos les pasa lo mismo.

Veamos qué está sucediendo y entenderemos la decepción, los bajos índices de valoración del Gobierno y el desconcierto entre sus propios bloques de diputados y senadores, y hasta de algunos gobernadores aliados. Todo eso me hace dudar.

“Dejá de preocuparte, dejate de joder”, me dicen mis amigos. “Vos te hacés muchos problemas. Ellos cobran 10 o 20 veces más de jubilación que vos, de día se matan y a la noche cenan todos juntos”. Quizás tengan razón.

Existen dos visiones de la marcha del Gobierno: la propia de los funcionarios, que nos cuentan que ser un país nórdico está a la vuelta de la esquina, y la de la gente, que lo ve bastante diferente. Parece que ellos viven en Euro Disney y el resto vendemos vinchas chinas en las afueras del parque.

No hay dudas de que la causa Adorni, como ninguna otra, paralizó al Gobierno, le hizo muchísimo daño. La manía obsesiva de pegarse tiros en los pies hizo el resto y casi habría que reconocer que, con una oposición seria, organizada y con antecedentes de buenas y decentes gestiones anteriores, la historia hoy sería bastante distinta.

Entre las múltiples gestiones previas, el enojo del presidente Trump con sus primos ingleses, sus medias palabras sin demasiado compromiso, la bandera desplegada después del partido contra Inglaterra en el Mundial de Fútbol, el próximo inicio de las acciones extractivas en las islas Malvinas y el fuerte sentimiento nacionalista de nuestro pueblo hicieron que alguien tocara la campanilla y dijera, cual si fuera el general San Martín:

“A la carga, mis valientes”.

Aprovechando la volada, se anunció el envío de un proyecto de Defensa de la Soberanía y el presupuesto 2027, que estaba listo y en condiciones de presentarse, sin las partidas necesarias para construir la Base Naval Integrada en Ushuaia, aunque se destinarán 350 millones de dólares (¿raro, no?) y, de paso, cañazo, la reforma electoral para eliminar las PASO: todas cosas que caían inicialmente bien en el inconsciente colectivo.

Con tanto ajetreo, el diablo metió la cola y se olvidaron de ocuparse convenientemente de algunas cosas.

Es entendible que todo y al mismo tiempo no se puede, haciendo honor una vez más a las palabras de la filósofa melillense contemporánea, doña Josefa Prado: “Teta y sopa no entran en la boca”.

Esos temitas que algún iluminado sacó de la consideración especial en el presupuesto fueron la prórroga de la emergencia en Discapacidad, la mejora de los paupérrimos e insultantes haberes de los jubilados y pensionados, los aumentos en los presupuestos de las universidades, la indexación de la AUH y la necesidad de mejorar la situación social.

Si bien es cierto que la lucha contra la inflación se viene ganando, que el Banco Central está aumentando las reservas, que se exporta mucha más carne y granos, que Vaca Muerta está funcionando muy bien y la minería no le va en zaga, no es menos cierto que el Gobierno prevé para el próximo año menor crecimiento y menor inflación, y eso lo logra con un menor índice de actividad y disminución del consumo; o sea, más mishiadura.

Según parece, el proyecto de Defensa de la Soberanía Nacional es un caballo de Troya que, en su interior, aloja varios puntos de penalizaciones que poco o nada tienen que ver con el tema Malvinas, lo cual lo coloca, junto al presupuesto, como una bandera de la oposición que dice, haciéndose la ofendida, como en la España de 1936 durante el asedio a Madrid: “No pasarán”.

Cabe preguntarse, de puro viejo chismoso y conventillero, ¿a quién se le habrá ocurrido la brillante idea de meterse con los universitarios, los discapacitados, los beneficiarios de la AUH, los jubilados y la libertad de prensa, todo junto, al unísono y aparentemente sin previo aviso? Al menos eso dicen algunos legisladores, muchos de ellos muy renombrados.

Al mismo tiempo se plantea la construcción de la base en el sur, el aumento para Defensa e Inteligencia, la compra de aviones y helicópteros, como si nos estuviéramos preparando para una nueva guerra. Quizás sea eso y no nos damos cuenta, pero es de esperar que no lo sea. Tanto como para suponer que ninguna empresa vinculada a la causa Cuadernos termine ejecutando la obra, porque eso ya sería una burla colosal, una verdadera mojada de oreja.

Por eso, tal como en mi juventud, me gustaría saber con la mayor exactitud posible hacia dónde vamos, para tener la libertad de subirme al camión o quedarme abajo, aunque el conductor, que parece ser muy sensible, se enoje y a quienes compartan este pensamiento se los nombre con esos elogios escatológicos y tan vehementes a los que nos tiene acostumbrados.

Edmundo "Mundy" Fuster

Consultor y Columnista de Opinión


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