A 50 años de la tragedia de los Andes, un grupo de pacientes oncológicos logró llegar al lugar del accidente

Trekking al avión de los uruguayos, desafiando a la vida junto al cáncer. Nadie está preparado para ser paciente oncológico; nadie está preparado para ser familiar de un paciente oncológico tampoco. Como no lo estaban los rugbiers para sobrevivir 72 días en las peores condiciones humanas habidas y por haber.
Así se empezó a gestar esta travesía con pacientes con diagnóstico que se encuentran en control algunos de ellos o en tratamiento preventivo y, algunos otros, en tratamiento crónico. Ellos eligieron ser parte, junto a sus médicos de cabecera, e ir a este lugar cargado de historia, de magia, de energía y de impacto emocional.
Van a buscar ese punto en común entre una de las historias de resiliencia más importantes del mundo y su desafío de vivir con cáncer.
La película “La sociedad de la nieve” y, en particular, este año que se cumple el 50 aniversario de aquel trágico y milagroso episodio, abren una comparación con lo vivido desde el fatídico día del diagnóstico hasta la recuperación postratamiento. Como lo dijo Carlitos Páez en “La sociedad de la nieve”: “Nada de lo que sucedió estaba en los planes de nadie. Lo imprevisto fue la característica más recurrente de la prueba límite que me tocó vivir en la montaña”.
Los pacientes oncológicos, como los sobrevivientes de los Andes, sacan fuerzas desde lo más profundo de su ser, ponen el cuerpo todos los días y ellos también aprenden de cada etapa transcurrida. Sacan esa valentía y ese coraje que ni ellos sabían que tenían.





