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lunes 14 de septiembre de 2026

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"No se quiso suicidar": mitos y verdades alrededor de la muerte de Juan Castro, según su gemelo, 20 años después

Una joven resultó lesionada en un siniestro vial

Juan Castro no se suicidó. Saltó del balcón sin conciencia, sumergido en un delirio fatal, acorralado por sus demonios. Dos vecinos declararon que antes de la caída lo escucharon gritar: “Me quieren hacer daño”. Tras la investigación, los peritos de la Policía Federal concluyeron que estaba solo. No era la primera vez que padecía alucinaciones o trastornos derivados del consumo de cocaína: en una oportunidad sintió que su cuerpo estaba lleno de ratas y bebió veneno. Aquella tarde del 2 de marzo de 2004 estaba tan enajenado que ni siquiera alcanzó a poner las manos para amortiguar el impacto. El golpe le produjo un edema en la cabeza y una doble fractura expuesta en su pierna izquierda. Agonizó durante más de 50 horas en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Fernández.

“Hay algo que quiero dejar bien en claro: Juan quería vivir”, afirma Mariano Castro (53), dos décadas después, al comenzar su entrevista. Sabe lo que sucede cada vez que se habla de la muerte de su hermano gemelo. Conoce todas las hipótesis que se desarrollaron al respecto, hasta las más inverosímiles: que se suicidó, que lo asesinaron, que fue una víctima del poder... Por eso, para disipar tanta confusión, quiere dar testimonio. “Todos hablan sin tener idea”, dirá luego.

Su parecido con Juan impresiona. Hasta su forma de hablar es idéntica. “Cuando quiero saber cómo estaría Juan hoy, me miro al espejo. ‘Estaría así’, pienso cuando veo mi reflejo”, cuenta Mariano.

-¿La similitud entre ustedes era solo física?

-Juan era más travieso. De chico se hizo siete heridas en la cabeza: piedrazos, caídas... era muy activo. Recuerdo que una vez, en el colegio, se tragó todos los botones del guardapolvos... Lloré muchísimo, pensé que se iba a morir... Hasta que me di cuenta de que eso no iba a pasar, que solo era otra de las travesuras de Juan.

Los gemelos nacieron el 13 de enero de 1971. Crecieron en un monoblock en Parque Patricios junto a sus padres, su hermano mayor, Hugo, y “la tía Inés”, con quien Juan mantenía una relación especial. “Siempre decíamos que nuestro primer recuerdo es el mismo: la llegada de mi tía Inés a casa. Tendríamos 4 años. Inés siempre lo estaba protegiendo, yo creo que ella, desde muy temprano, se dio cuenta que Juan tenía otro tipo de orientación sexual”, dice.

-¿Juan siempre supo que quería ser periodista?

-Cuando íbamos a la escuela, él quería ser el presentador en todos los actos. ¡Y lo hacía muy bien! Cuando terminamos el colegio, se inscribió en Ciencias de la Comunicación, pero cursó el CBC y no le gustó... Entonces se fue al ISER (Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica), donde hizo la carrera de locutor. Yo, en cambio, quería ser actor, pero era malísimo. Muy tenso. Fui a aprender, hice obras y estuve con gente muy talentosa. Juan siempre me iba a ver…

Juan empezó su carrera en los medios desde muy chico: su primer trabajo fue atender el teléfono en Feedback, el programa que conducían Mario Pergolini y Ari Paluch en Rock&Pop. Luego, con apenas 17 años, entró en la producción de Malas Compañías, el antecedente de Cuál Es, que reunió a Pergolini y Eduardo de la Puente. Debutó en televisión a los 20, en 1991, con Crema Americana, un programa que Juan ideó con el Pato Galván mientras cursaban juntos el ISER.

Desde allí su carrera y su fama siempre fueron en ascenso. En 1993, ingresó en “Telefe Noticias” para hacer notas de actualidad con un estilo espontáneo y directo, que pronto se convirtió en su sello personal. Pocos años después, condujo Zoo, las fieras están sueltas junto a Dolores Cahen D’Anvers. El programa tenía un formato innovador y abordaba de manera abierta temas de discriminación, drogas y sexualidad. Uno de sus entrevistados fue Mario Firmenich, el líder de Montoneros. En 2002, debutó con Kaos en la ciudad, su último programa, con producción de Endemol, que se emitía por canal Trece. El ciclo fue un éxito, desde su primera emisión mantuvo un alto rating televisivo.

En septiembre de 2001, en una entrevista con la revista El Planeta Urbano, Juan habló de su sexualidad. Dijo, sin vueltas, que le gustaban los hombres. Y causó un revuelo enorme que hizo eco en todos los medios. “Llegó un momento de maduración en el cual no tenía por qué ser un secreto ni yo sentía que había algo malo en mí, ni que estaba mal lo que yo hacía dentro de las cuatro paredes de mi dormitorio y porque también se me cantó decirlo. Lo que generó en los otros, es un problema de los otros”, respondió en el programa de televisión Sábado Bus.

-¿Cómo creés que vivió Juan su sexualidad?

-Yo creo que toda esa parte la sufría. No debe haber sido nada fácil. Juan llegó a salir con Pato Galván a bailar a los boliches y se “transaba” chicas como loco... No era fácil ser gay en la Argentina en los 80 y 90, donde uno de los insultos más comunes era “puto de mierda”. Recién ahora están cambiando las cosas.

-En aquella época se pensaba que arriesgaba su carrera al reconocerse homosexual. Muchas chicas decían “Ay, qué desperdicio”... y Juan eso lo odiaba.

-Juan no solo habló de su sexualidad, también contó abiertamente sobre su adicción a la cocaína.

-Su trabajo en la radio y en la televisión lo llevó a lugares muy oscuros. Pero quisiera que quede bien claro, porque para mí es muy importante, que Juan quería vivir. Él hizo todo lo que estaba a su alcance para lograrlo, pero hay lugares de los que no es fácil salir, de los que no se vuelve.

El 7 de agosto de 2003, frente a las cámaras de Kaos en la Ciudad, el conductor habló de su adicción a las drogas. “Estuve dando un par de vueltas por el infierno y pensaba que podía salir de ahí cuando yo quería. Sin embargo, muchas veces me descubrí a mí mismo nuevamente envuelto en las llamas”, dijo. Semanas antes, había estado internado en el sanatorio Otamendi por un cuadro derivado de su adicción, aunque trascendió a la prensa como un cuadro de estrés.

El martes 2 de marzo de 2004, después de haber tenido algunas reuniones de producción y de almorzar en un bodegón cercano a Endemol, Juan regresó en un taxi a su departamento ubicado en el primer piso de El Salvador 4753, en el barrio de Palermo. Instantes después ocurriría la tragedia.

Las crónicas periodísticas de la época reflejan que, minutos antes de la caída, los vecinos escucharon gritos y ruidos de objetos que golpeaban contra las paredes y el piso. En Tribunales, bajo juramento, atestiguaron que lo escucharon decir: “¡Me quieren hacer daño, me quieren hacer daño!”. A las 18.50 Juan saltó al vacío desde el balcón.

“Juan era adicto a la cocaína. Yo no tengo la idea de que Juan se quiso suicidar, yo creo que Juan no sabía dónde estaba porque ni siquiera se cayó de un piso muy alto como para no poner las manos y tratar de amortiguar el golpe. Y eso que él era un tipo fuerte físicamente. Yo estoy seguro de que él no sabía, que estaba pasado. Y lo digo porque yo alguna vez, en México, tomé dos pastillas de éxtasis y terminé en la playa hablando con una palmera pensando que era un mozo”, expresa Mariano.

Tras la caída, el conductor fue llevado al Hospital Fernández. Presentaba diversas fracturas (dos expuestas en la pierna izquierda) y un hematoma subdural que presionaba su cerebro. Esa misma noche, fue sometido a una operación y luego quedó en estado de coma, con intubación y pronóstico reservado. El 5 de marzo, su cuerpo no resistió y falleció.

-¿Cómo se trataba la adicción de Juan en la familia? ¿Llegaste a hablar con él de este tema?

-En una Navidad que volví de México tuve una conversación con él, en mi casa. Mientras pateaba un sillón y golpeaba las paredes, indignado por la situación, le dije: “¡Te vas a morir, boludo! ¡Te vas a morir!”. Porque yo sabía que esto iba a pasar, lo sabía. Hasta lo hablaba en mi terapia.

-¿Qué te respondió?

-Me pidió que me tranquilizara, trató de calmarme. Yo estoy seguro que él estuvo todo lo más que pudo sin consumir, que hizo su máximo esfuerzo, porque él quería dejar, pero no pudo. Él quería vivir.

-Tras la muerte de tu hermano, surgieron distintas hipótesis, de lo más descabelladas.

-Sí, las escuché a todas.

-La más polémica y disparatada sostenía que tu hermano tenía fotos que comprometían a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

-Yo no creo nada de eso. Nada. Si yo tuviese alguna duda al respecto, por más mínima que fuera, sería la primera persona que estaría haciendo cosas, buscando pruebas. Pero muchos viven de ese bla bla bla…

-¿Por qué alguien que parecía tenerlo todo, talento, una carrera en ascenso y carisma, se volvió adicto a las drogas?

-No lo sé, pero pienso cuántas veces mi hermano habrá escuchado “puto de mierda”... y él no era de quedarse callado, él fue quien le preguntó a un presidente qué opinaba sobre la adopción de niños por personas de un mismo sexo. Él lo hizo, él avanzaba, no tenía miedo lamentablemente de nada.

-¿Cómo saliste adelante?

-No sé, creo que con mucho humor. Por suerte ahora puedo viajar en subte, colectivo o taxi porque antes era insoportable. Hace algunos años paré un taxi y el conductor se me quedó mirando, reconoció a Juan en mí, entonces le dije: “Hola. Te vine a buscar...” Me dio mucha risa hacerle esa broma por todas las veces que me pararon en la calle y me confundieron.La Nación

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