Moria Casán habló del sexo a los 80 y fue contundente: “El calendario no tiene por qué regirte”

“Yo quiero ser inmortal, me gustaría. No sé si al tercer día, pero al cuarto resucito. Aparezco de vuelta. Así que no se van a liberar de mí”. Moria Casan lanza la frase y se ríe. A días de cumplir 80 años, sigue ocupando el centro de la escena con la misma naturalidad con la que lo hizo durante las últimas seis décadas de trabajo ininterrumpido.
Mientras se prepara para el estreno de la serie que reconstruye su vida para Netflix recibe a GENTE en un hotel en plena avenida Corrientes, a pocos metros del Teatro El Nacional que la vio nacer artísticamente, y habla de todo: la popularidad, la libertad, la maternidad, el amor, los excesos y las decisiones que la convirtieron en una figura imposible de encasillar.
“Me impresiona mi fama, toda globalizada”, dice entre risas sobre el producto que se estrena este viernes y que tiene a Sofía Gala, Griselda Siciliani y Cecilia Roth representándola en distintas etapas. Son ocho capítulos de su esencia más íntima. Sin concesiones. Con la propia artista involucrada en el proyecto, la ficción hace un recorrido desde sus primeros pasos en el medio hasta su consolidación como un fenómeno cultural que trascendió generaciones.
“En mi vida pasó de todo. Había que interpretarme, eh... porque yo no tenía el cliché de la chica que tiene que dormir en una plaza o que tiene un padrino que se aprovecha de ella. Yo el primer día llegué de la facultad, debuté y al toque fui figura. Mi caso fue una cosa diferente a cuando ‘la tenés que parir’, como se suele decir. Sin embargo, en ese transitar de mi cosa mágica en escena, la vida por otro lado transcurría brava”, cuenta.
Y rememora: “Yo nací vestida de 'Carlitos' Chaplin y me desnudé, empecé a ser habitada por un personaje del cine mudo y me quedaba desnuda porque fue mi primer striptease. Enseguida empecé a tener voz porque les gustaba mi tono y los grandes cómicos de esa época me elegían para todos los sketch. Trabajé con todos: Marrone, Barbieri, Mario Sánchez, Olmedo, Porcel. También con Verdaguer, que era un cómico muy importante y hacíamos un sketch donde yo tocaba el piano. Tenía que cuidarme la garganta porque hacíamos dos funciones todos los días, así que aprendí a modelar mi voz para aguantar. Era una mujer joven con desenfado para la escena".





