Los 8 errores más frecuentes que casi todos comentemos cuando salimos a caminar

Salir a caminar al aire libre siempre fue un ejercicio completo y sencillo, pero tomó más relevancia a partir de la pandemia de coronavirus, porque fue lo primero que se pudo volver a hacer con menor riesgo de contagio. Sin necesidad de pagar un gimnasio, una caminata diaria nos mantiene en forma y mejora el estado de salud en general.
Solo o acompañado, salir a caminar tiene múltiples ventajas, no sólo a nivel físico sino también psicológico, porque nos ayuda a desconectarnos de la rutina diaria o a pensar de otra forma sobre los problemas. Cada cual adecua el ritmo a sus posibilidades, lo que previene de lesiones o fatiga.
Pero hay ciertos recaudos que se deben tomar antes de salir, para evitar problemas posteriores y sacar más provecho del ejercicio. Y es habitual que comentamos ciertos errores comunes a la hora de comenzar con esta actividad.
Ocho consejos para tener en cuenta:
Calzado: es fundamental contar con calzado cómodo, que sostengan bien el pie y amortigüen el impacto de las pisadas. Las zapatillas son buenas, pero mejores las especialmente diseñadas para running o trekking.
También es importante ablandar el calzado: las zapatillas nuevas pueden generar roces que provoquen la salida de ampollas. Cuando compramos nuevas, debemos usarlas en trayectos cortos hasta acostumbrarnos.
Velocidad: es importante andar sin detenerse y a ritmo continuo, pero cada uno debe amoldar la velocidad a su capacidad. La idea es que se active la circulación, por lo que tampoco se debe ir muy despacio, pero sin sobre exigirse.
Trayecto: no hay que proponerse metas muy exigentes en un primer momento. Se puede empezar con distancias cortas, e ir agregando cuadras cada día, hasta llegar a cumplir un mínimo de 20 minutos diarios.
Terreno: no es lo mismo caminar en la playa que en la montaña o la ciudad. Lo ideal como ejercicio es un suelo firme y liso, porque la arena nos hará esforzar más y las elevaciones exigirán mucho a nuestras articulaciones.
Hidratación: es importante salir con una botellita de agua para ir consumiendo de a sorbos en el camino. Aunque no nos sintamos sudados, la caminata nos hace transpirar y necesitamos reponer el líquido perdido.
Frecuencia: es mejor unos pocos minutos a diario que dos horas dos veces por semana. El ejercicio habitual mejora nuestra calidad de vida, mientras que el esporádico puede generarnos lesiones diversas.





