05/04/2026 |
Lo que comenzó como una sesión artística en Jaipur terminó en un escándalo global. Julia Buruleva pintó de rosa a Chanchal, una elefanta de 70 años, para una producción fotográfica. Meses después, el animal murió y la artista quedó en el ojo de la tormenta de los grupos ambientalistas.
La historia se remonta a noviembre de 2025, cuando la fotógrafa rusa Julia Buruleva visitó Jaipur, la capital de Rajastán, conocida mundialmente como la "Ciudad Rosa". Fascinada por la integración de estos animales en la vida cotidiana, la arquitectura y los adornos locales, Buruleva decidió que no podía abandonar el país sin capturar la esencia de la región en una imagen. "Allí hay elefantes por todas partes... Son prácticamente el símbolo principal de Rajastán. No podía irme sin incluir uno", relató en sus redes sociales para explicar el origen del proyecto.
Para la sesión, contrató a una modelo y a Chanchal, una elefanta de 70 años perteneciente a Hathi Gaon, un proyecto de vivienda y cuidado conocido como el "pueblo de los elefantes". La idea central fue mimetizar al animal con el color de la ciudad, tiñéndolo completamente de rosa.
La defensa de la artista y los dueños
Ante la ola de críticas iniciales por el posible maltrato, Buruleva, de 47 años, aseguró que el proceso fue totalmente inocuo. Afirmó que tanto el animal como la modelo fueron cubiertos con polvo orgánico gulal, un tinte natural, biodegradable y no tóxico que se fabrica a base de hierbas, hibisco, cúrcuma y remolacha. Este material es el mismo que se utiliza masivamente en el festival hindú Holi.
"Usamos pintura orgánica de fabricación local, la misma que usan los lugareños en los festivales, así que era totalmente segura para el animal", insistió la fotógrafa, argumentando que decorar elefantes es una tradición cultural de larga data en Rajastán.
Por su parte, Sadik Khan, dueño de Chanchal, intentó desvincular la muerte del animal de la sesión de fotos. Informó que la elefanta falleció en febrero de 2026 por causas naturales ligadas a su avanzada edad (70 años). Además, aclaró que la pintura se lavó apenas diez minutos después de terminada la producción para garantizar la seguridad del paquidermo. Ballu Khan, presidente del comité de Hathi Gaon, reforzó esta postura asegurando que no hubo maltrato y que se evitó estrictamente el uso de pinturas plásticas.
La contraofensiva de los activistas
Sin embargo, para las organizaciones de defensa animal, la muerte de Chanchal fue el detonante de un problema mucho más profundo. PETA India lanzó una durísima crítica a través de sus canales oficiales, sosteniendo que, independientemente de la causa de muerte, el animal "merecía algo mejor" que ser tratado como un objeto de utilería.
La organización elevó un pedido al primer ministro de la India, Narendra Modi, para que se prohíban definitivamente los paseos de elefantes y su uso en la industria del entretenimiento y el turismo, tal como ocurrió recientemente en Indonesia. En su lugar, proponen la implementación de elefantes robóticos o vehículos eléctricos decorados que mantengan la estética tradicional sin involucrar seres vivos.
Un contexto de maltrato sistemático
La muerte de Chanchal se suma a una serie de denuncias por crueldad en la región. Informes recientes de PETA citan casos de turistas golpeando a elefantes con palos en el Fuerte Amer y el uso constante de ganchos con puntas de metal y cadenas para someter a los animales a través del miedo.
Incluso un comité del Ministerio de Medio Ambiente de la India recomendó recientemente el retiro gradual de estas actividades, citando tanto la avanzada edad de los ejemplares actuales como el declive del interés turístico internacional ante las prácticas inhumanas. Mientras tanto, más de cien agencias de viajes y plataformas como TripAdvisor ya han dejado de vender boletos para estas atracciones, marcando un cambio de paradigma que el caso de Chanchal no hizo más que acelerar. Clarín
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