09/02/2021 |

En la pandemia los Carrara reinventaron su negocio y lo enfocaron en el traslado de mercaderías En la pandemia los Carrara reinventaron su negocio y lo enfocaron en el traslado de mercaderías
Sin el conductor de la familia que tomara las decisiones, los Carrara se sintieron inseguros con la ruta a seguir. Por su juventud y falta de experiencia en el mundo de los negocios, ninguno pudo ocupar la silla del padre en la fábrica de amortiguadores, por lo que decidieron vender su participación y con los ahorros vivieron los primeros años tras la pérdida.
"Algo teníamos que hacer porque la plata que teníamos de la venta se estaba terminando y ninguno tenía trabajo. Entonces hicimos un ’atraco’ a la caja fuerte de la familia, sacamos los US$30.000 que quedaban y compramos dos autos", cuenta Alberto.
Los Carrara sorprendieron a su madre con la noticia y alquilaron una oficina en el centro porteño. Fue en plena década de los noventa, con el uno a uno, la privatización de empresas y el boom de las canchas de paddle. Los hermanos identificaron que había un fenómeno de remiserías de traslados corporativos y apostaron por entrar en ese mercado.
Con una dinámica de equipo de vóley, en sus inicios se rotaron las tareas de atender el teléfono, manejar, ocuparse de la facturación y salir a buscar clientes. "Todo lo hacíamos nosotros. Al año y medio de empezar no entraba la plata necesaria para sostener el negocio y dejamos nuestro departamento. Nos fuimos los tres a vivir a la remisería", dice Alberto.
Su hermano Maximiliano, de 49 años, recuerda esa época como una de las más duras, pero a la vez divertida. "Vivíamos en una oficina de dos ambientes muy chica mientras prestábamos un servicio de 24 horas los siete días de la semana. Si sonaba el teléfono a las 3 de la mañana, salíamos a manejar", dice Maximiliano.
El negocio cambió en 1996 cuando recibieron por sorpresa un fax del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que los invitaba a participar de la licitación para hacer el traslado de la asamblea anual a celebrarse en el hotel Sheraton de Buenos Aires. Al evento iban a asistir los ministros de Economía de la mayoría de los países de Latinoamérica junto a diversos presidentes. "Nos pedían 80 autos y en ese momento solo teníamos cinco", dice Maximiliano.
Calibrados para no perder la oportunidad, trabajaron durante semanas para conseguir los vehículos junto a los choferes y al final ganaron la licitación. Las ganancias del evento las reinvirtieron pensando en el largo plazo y con el tiempo el camino pedregoso de la empresa se volvió una autopista.
Durante la crisis de 2001 sus servicios fueron muy solicitados por estudios jurídicos que viajaban a los tribunales a litigar la avalancha de juicios que desencadenó "el corralito" que impuso el exministro Domingo Cavallo. En la pandemia, invirtieron $700.000 para modificar sus autos y se enfocaron en el traslado de mercaderías de Mercado Libre y otros gigantes del e-commerce.

La empresa acompañó en tres oportunidades a La Bestia, el auto blindado en el que se trasladan los presidentes de los Estados Unidos La empresa acompañó en tres oportunidades a La Bestia, el auto blindado en el que se trasladan los presidentes de los Estados Unidos Fuente: EFE
"Mucha gente nos pregunta cómo es trabajar en familia y respondo que es muy fácil porque me eduqué con ellos y tenemos los mismos valores", dice Martín, de 45 años, el menor de los Carrara.
Grupo Traslada hace en promedio 18.000 viajes por mes en Buenos Aires y replicó el negocio en 400 ciudades del mundo. En su derrotero trasladaron a las comitivas de los expresidentes George Bush (padre e hijo) y Bill Clinton. La flota de los Carrara acompañó en aquellas ocasiones a "la bestia", el búnker con neumáticos con el que se mueven los primeros mandatarios de los Estados Unidos.
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