04/01/2024 |
En los últimos minutos de 2023, Agustín golpeó la puerta de la habitación de su hermana Anabelia y no le contestó. Nada nuevo, en la casa ya se habían acostumbrado: su ex pareja la tenía sometida, no dejaba que estuviera con nadie, siquiera en su casa y el 31 a la noche no era la excepción. El brindis fue sin ella.
En los primeros segundos de 2024, igual que en todas las casas con el mismo huso horario, se chocaron las copas. Pero no todos en el barrio de Malvinas Argentinas hicieron lo mismo. En una casa a pocos metros, nadie chocó las copas.
“Nosotros no llegamos a brindar porque se hizo la hora y no brindamos porque estábamos todos con… ¿Cómo es? Nada, se ve que Junior y ella tienen como una aplicación o, no sé, una cámara a la que Junior estaba viendo que, corte, la piba se colgaba. Y, nada, llamaron a mi casa ¿viste? porque estaba mi tía, para que vaya a avisarles que la pendeja se había colgado, porque nadie sabía”, se escucha en un audio de whatsapp que le hace escuchar a Clarín José Ayala. “Ella” es Anabelia, su hija. Y Junior, es Oscar Benitez, futbolista surgido de Lanús y campeón en Boca.

Lo mismo que al resto de los Benitez, a quienes conoce del barrio. “Son pendencieros, mal educados”, los pinta. No busca venganza. No se le cruzó por la cabeza emplear la violencia. Cree en la Justicia. En la que se encarrila en el sistema judicial, en la Divina, y en la condena social.
Todavía no lloró y explica por qué su familia convivía con la omnipresencia de Benitez en una tablet. “Era eso o que viviera en otro lado. Acá sentíamos que la podíamos cuidar”, dice, sereno. Solo se arrepiente de la respuesta que le dio a su abogado cuando le consultó su parecer sobre el cumplimiento efectivo de la condena y él no pidió que fuera en un penal, sino que gozara del beneficio domiciliario.
“Pensé en sus hijos, en la posibilidad de que puedan seguir viendo a su padre. Yo pensé en sus hijos y él no pensó en mi hija, me equivoqué”, dice sin soltar una lágrima.
El audio tiene otros tramos en los que la presunta familiar de Benitez relata con extrema frialdad el suicidio, del que el propio futbolista habría sido espectador. La tablet y el teléfono celular de Anabelia están en manos de la Justicia y serán peritados para determinar si el relato de Whatsapp es real, si la transmisión fue vista desde otro dispositivo, el del ex futbolista de Boca.
La que estaba presa era Anabelia. Benítez la controlaba las 24 horas con esa aplicación. Ella tenía que estar siempre al alcance de la cámara, si desaparecía, a Benitez le sonaba una alarma. Y eso lo enfurecía.
“Ya nos habíamos acostumbrado a comer y ella con la tablet enfrente. Si él escuchaba una voz que no reconocía, ella tenía que mostrar quien era. Las primas, cuando venían de visita, tenían que pasar por detrás de la tablet y estar en silencio: él escuchaba todo”, resume Cecilia, la madre qué sí llora y se quiebra.
Benítez, pese a su paso mediocre por Boca, logró su primera transferencia internacional y viajó a México, dónde vistió la camiseta de Atlético San Luis. Hasta ahí fue Anabelia y desde allí mandó señales con la intención de volver. Pero no tenía plata ni pasaporte: el futbolista se lo había retenido. Era su esclava.
Con el mismo guión de las relaciones en las que una parte somete a la otra, hubo continuidad pese a las palizas. Se ocultaba mordeduras con el cabello, podía usar pullover en verano para que no se vieran moretones y solía moverse lento porque a Benítez le gustaba mucho pegarle en las costillas.

Junior Benítez es acusado de hostigar a una ex pareja que se suicidó el 1 de enero de 2024.
Benítez fue detenido en mayo del año pasado por una sumatoria de cosas. Al comienzo de 2021, José y Cecilia, sus padres, encontraron al jugador en la habitación de su hija con un arma de fuego que tenía apoyada en la mesita de luz, mientras rompía varias de las pertenencias de ella. A principios de 2022, la denuncia del padre, la madre y el hermano de la mujer fue porque Benítez le pinchó los neumáticos de una camioneta de la familia en la puerta de su casa con un cuchillo.
La carátula de la causa figura como suicidio. La familia espera que se crucen los datos, las denuncias, las sentencias y se compruebe qué Benitez no impidió que Anabelia se colgara y que cambie a homicidio. “Es un psicópata”, señala la madre.
La falsa calma después de la denuncia
“Yo creo mucho en el instinto, en el instinto humano, porque el instinto es algo dentro tuyo que dice ‘esto acá, hay algo raro, eso no tiene que estar ahí’ y hay que hacerle caso al instinto, porque si te lo está diciendo el inconsciente, hacele caso”, dice y recomienda a los padres que vivan una situación parecida a la que no soportó su hija.

La casa de los Ayala se llena de vecinos. Está prácticamente todo el barrio. Todos, menos los familiares de Benítez, los que no brindaron en Año Nuevo y no hicieron nada para que Anabelia no muriera ahorcada. Agustín, su hermano, fue el que le golpeó la puerta a la medianoche y el que la encontró sin vida al mediodía siguiente.
“Haber entrado y verla así, es algo que no me lo voy a borrar nunca de la cabeza. Así como también la recuerdo muy bien porque tengo presente que mi hermana no es esa persona que estuvo los cinco los últimos cinco años. En ese tiempo estuvo detrás de una coraza de miedo, de fuerza, de dolor, de valentía.. Me duele mucho que haya terminado así, porque ella se merecía mucho. Ella era hermosa, era muy inteligente, tenía un corazón enorme. Por eso hay tanta gente acá: a cada uno de los que estamos acá le demostró amor a su manera. Era única mi hermana”, dice Agustín y controla la emoción en cada sílaba.
Cecilia, la mamá, no puede. Le ganan las lágrimas pero siente que no tiene que dejar de hablar aunque llore. Sabe en cada palabra que su hija no está más. Quiere que en sus palabras, otras familias no pasen por lo mismo que la suya.
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