17/09/2023 |
Ambos están presos en la cárcel de Batán a la espera del juicio, que será del 11 al 15 de diciembre en el Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 del Departamento Judicial de Mar del Plata, según se resolvió durante la última semana. Se los acusa de homicidio criminis causae (el que se comete para ocultar otro delito) en ocasión de robo, que contempla la prisión perpetua.
El caso tiene otros dos imputados. Uno es Oscar Eduardo Lantes (65), acusado de encubrimiento y falso testimonio. Estuvo detenido en Batán, luego se le concedió el arresto domiciliario debido a que sufría leucemia, y finalmente murió en diciembre último.
El otro es Carlos Alberto Oña (48), propietario de la camioneta que solía utilizar Juárez y que -según los registros de las cámaras de seguridad- circuló por los alrededores del edificio antes y después del crimen. También tiene prisión domiciliaria: accedió a tal beneficio al ser imputado de encubrimiento, un delito menor entre los que forman parte de la causa.
/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/artear/RLEVYTB23VELRLKIVQKJF6ERAM.jpg)
“Mi mamá venía ahorrando hacía mil años para cumplir ese sueño. Los asesinos tenían el dato, o alguien se los dio”, insiste la hija de la víctima.
Según consta en el expediente, Juárez solía realizar fraudes económicos: por ejemplo, alquilaba departamentos por poco tiempo y los subalquilaba para cobrar sumas de dinero superiores en forma adelantada. Esa fue la razón por la cual, al principio de la investigación, fueron detenidos dos hombres y una mujer trans de nacionalidad peruana que habían alquilado uno de los departamentos del edificio.
Se comprobó que se dedicaban a la venta de estupefacientes y, de inmediato, las sospechas recayeron sobre ellos. Sin embargo, los investigadores descubrieron más tarde que habían sido estafados por Juárez y fueron desvinculados de la causa.
Zabalegui conocía a Juárez y se sospecha que este sabía que la víctima tenía ahorros en dólares. Otro dato clave fue el ADN de Santillán que se encontró bajo las uñas de la víctima.
“Ella era muy justiciera. No le tenía miedo a nada y quedó claro que intentó defenderse. Pero era una mujer de casi 70 años, que medía un metro 50 y pesaba 50 kilos, contra varios hombres”, remarca Florencia.
Zabalegui estaba separada hacía 20 años y había formado una relación con Jorge, que vivía en el octavo piso del mismo edificio. Él fue quien descubrió el crimen y avisó a la Policía. Todas las mañanas bajaba a tomar mate con la víctima, pero aquel viernes Graciela no contestaba mensajes ni llamados.
Jorge, entonces, entró directamente en el departamento y se topó con el horror. Sufría problemas de salud y murió siete meses después, en abril de 2020, envuelto en una profunda depresión. Felipe, padre de los dos hijos de Graciela, también dio testimonio en el inicio de la causa: murió de covid en octubre de 2020.
“Todo se rompió desde que mataron a mamá. Y hoy estamos muertos en vida”, retrata Florencia. La víctima iba a viajar con sus tres nietos mayores: los mellizos Franco y Chiara (16 años por entonces) y Fiorella (14), hijos de Lucas (48), que le dio a Graciela el título de mamá. Florencia le había dado una cuarta nieta (Amaia, 3 años en aquel momento) y luego tuvo a las gemelas Charo y Zoe (2), que la mujer no llegó a conocer.
Todos los derechos reservados a catamarcaya.com - catamarcaya.com.ar |
Contacto directo: catamarcaya@yahoo.com.ar |
Sms directo: 383 154 377769 |
Diseñado por: Martin Lobato Carbel |