La momia Juanita, hallada en 1995 durante una expedición financiada por National Geographic cerca del cráter del volcán Ampato, en el Cañón del Colca, hoy se exhibe en la ciudad de Arequipa, Perú.
Con altitudes de entre 4000 y 4500 metros sobre el nivel del mar, y volcanes que sobrepasan los 5 mil, el Cañón del Colca es bien conocido por montañistas y escaladores profesionales de todo el mundo. Y aunque amigable con los senderistas aficionados, este accidente geográfico también ha tomado la vida de algunos pocos que se han aventurado a explorar sus abismos y cúspides por sí mismos (está el polémico caso del limeño Ciro Castillo, en 2011, y en fechas recientes, los de la belga Natacha de Crombrugghe y el peruano Kevin Ramos).
La inmensidad del cañón es tal, que los senderistas que se aventuran fuera de los caminos marcados tienen probabilidades de perderse; además, el territorio es inestable debido a los terremotos, por lo que los accidentes son un riesgo. Es por eso que las autoridades locales recomiendan contratar un guía certificado para visitar los alrededores con la mayor seguridad posible.

Un lienzo de estrellas aún domina la noche mientras nos dirigimos a los géiseres de Pinchollo, un escenario de paisajes primigenios modelados por la actividad volcánica y el deshielo glaciar en el transcurso de millones de años. Cuando se detiene la camioneta, la oscuridad es casi total, por lo que iniciamos la caminata con ayuda de lámparas mineras sobre lo que se sienten como pequeños arbustos bajo nuestros pies. Tan solo las linternas revelan un poco de la actividad que se escucha en la cercanía, una columna de vapor constante que se eleva con un sonido similar al de una turbina tras los montes.
Para quienes nunca han practicado senderismo por arriba de 4 mil metros sobre el nivel del mar (esta ruta parte en 4500 y llega a 5 mil), es preciso saber que la altura pesa a cada paso y en cada esfuerzo, por mínimo que sea. Así que, a pesar de que el trayecto es de apenas 450 metros, resulta indispensable llevar suficiente agua, hojas de coca y un refrigerio energético, además de vestir en capas para soportar la faena (aunque también es posible alquilar un caballo).
A ritmo lento, un paso tras otro, subimos una ladera empinada que se siente infinita mientras la luz del amanecer devela un valle de pastos y musgos rodeado por una cadena volcánica de picos nevados. El frío de la madrugada se convierte en un calor bochornoso cuando llegamos al primer punto de descanso para el almuerzo. Sin embargo, el sudor que se hiela sobre la piel me obliga a mantener puestas todas las capas de ropa para luego continuar con la caminata y volver a sentir calor.

Tras unos minutos de contemplación, emprendemos el regreso a nuestro punto de partida con las piernas al límite (al menos yo). Sin embargo, lo que en la madrugada se veía como una difusa nube de vapor tras aquel sonido de turbina, ahora se devela en la luz del día como un potente géiser de 20 metros de altura que emana bajo las aguas borboteantes de un río. Unos minutos para recuperar el aliento e hidratarse, y continuamos el recorrido en carretera hasta uno de los poblados más lejanos del valle.
Cabanaconde se distingue por ser el punto de partida de varias rutas hacia el fondo del cañón. Sin embargo, no hay manera de que logre completar otra incursión en la montaña, así que opto por el recorrido cultural que implica visitar la Parroquia de San Pedro de Alcántara y su ornamentación mestiza, frente a la plaza central, así como el Museo Juanita, nombrado en honor al que tal vez sea el mayor descubrimiento de la región.
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Así, erguido en roca como la silueta de un volcán, el museo da cuenta de este importante hallazgo al transitar sus salas con información y objetos relacionados con la naturaleza, las festividades, la alimentación, la espiritualidad, la cerámica y el modo de vida de los antiguos habitantes del Colca. El recorrido culmina con una vitrina al centro del inmueble por donde se aprecia una figura en posición fetal rodeada de vasijas y otros utensilios. Al bajar por las escaleras, tras el aparador, un pasillo oscuro emula la entrada a una cueva donde reposa el cuerpo de Juanita –una réplica, ya que la momia original se exhibe en el Museo Santuarios Andinos, en Arequipa, en una urna a -19 °C–.

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