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“Te dejé en el hotel lo que merecés”: el argentino en España que mató a su hijo de 2 años para vengarse

15/08/2026 | 

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Martín Ezequiel Álvarez Giaccio tenía 44 años, era economista y vivía en Barcelona. Ocho días después de que su mujer decidiera terminar la relación, llevó adelante un macabro plan que terminó con la vida de su hijo de apenas 2 años y 9 meses.


El 16 de agosto de 2021, Álvarez Giaccio recibió la noticia que, según reconstruyeron los investigadores, desató su reacción: su pareja había decidido ponerle punto final a la relación y le pidió que abandonara el hogar que compartían en el barrio de Sants.


El hombre, que había emigrado a España en la década del 90 y trabajaba en el banco La Caixa, tuvo una reacción violenta durante la discusión. Antes de irse del departamento dejó una frase que, días después, cobraría un significado estremecedor: “De esto te vas a arrepentir”.


La pareja tenía un hijo, Leo, de 2 años y 9 meses. El niño iba a la guardería y pasaba buena parte de sus tardes junto a sus padres. No había denuncias previas por violencia contra Álvarez Giaccio ni conflictos graves registrados que hicieran prever el desenlace.


Tras la separación, el hombre insistió en mantener el contacto con su hijo y verlo prácticamente todos los días. La madre aceptó.


Ese vínculo sería determinante para lo que ocurrió después.


El hotel que había sido escenario de su casamiento


El 22 de agosto, Álvarez Giaccio llamó a su ex pareja y le dijo que quería pasar a buscar a Leo el 24. Para esa fecha ya había reservado una habitación en el Hotel Concordia, ubicado sobre la avenida Paralelo, en la zona de Montjuïc, por una sola noche.


El detalle que luego llamó la atención de los investigadores fue que aquel hotel tenía un significado especial para la pareja: allí habían celebrado su casamiento y su noche de bodas.


La habitación elegida fue la 704, en el séptimo piso. Para pagarla, el argentino utilizó una aplicación de promociones y descuentos, en lugar de una tarjeta de crédito.


La mañana del 24 de agosto pasó a buscar a Leo por la vivienda donde hasta hacía pocos días había vivido con su madre. Le dijo que llevaría al niño a la plaza. Pero padre e hijo terminaron en el Hotel Concordia.


Una tarde de juegos antes del horror


Al llegar al hotel, todo parecía normal. Álvarez Giaccio llevó a Leo a la piscina. Jugaron, se rieron y fueron vistos por otros huéspedes.


El hombre también filmó al pequeño con su teléfono celular y le pidió que mirara a cámara.


Una de las huéspedes que los vio ese día recordó después: “Coincidimos ayer en la piscina con el padre y el niño. El padre le decía ‘Mira a mamá, dile que estás bien, que estás en la piscina’”.


La mujer contó que el hombre había filmado al niño en dos oportunidades. Aquellas imágenes terminarían siendo uno de los últimos registros de Leo con vida.


Pero durante la noche todo cambió.


Según la investigación, Álvarez Giaccio asesinó a su hijo mediante asfixia mecánica. La autopsia determinó que utilizó una almohada del hotel.


Después escondió el cuerpo debajo de la cama principal.


Y entonces escribió el mensaje dirigido a su ex pareja: “Te dejé en el hotel lo que merecés”.


La desesperación de la madre y la fuga


La mujer recibió los mensajes cerca de las 22. Hasta ese momento creía que Leo estaba pasando la noche junto a su padre.


Al leer la frase, comprendió que algo terrible podía haber ocurrido. Se comunicó inmediatamente con los Mossos d’Esquadra y se dirigió al Hotel Concordia. Llegó poco después de las 23.


En el lobby pidió subir a la habitación 704, pero el empleado le explicó que no podía permitirle el acceso. Entonces mostró los mensajes y el trabajador llamó a la Policía.


Dos agentes llegaron al séptimo piso. Al entrar encontraron una ventana abierta y, durante los primeros segundos, pensaron que Álvarez Giaccio podía haber saltado con el niño.


Pero rápidamente descubrieron el cuerpo de Leo debajo de la cama.


Los intentos de reanimación fueron inútiles. El niño estaba muerto.


El padre, en tanto, había desaparecido.


Las cámaras de seguridad permitieron reconstruir parte de la fuga. Álvarez Giaccio salió de la habitación y comprobó que no hubiera nadie en el pasillo. Después atravesó la zona de la piscina, trepó una cerca y pasó hacia un edificio vecino. Desde allí consiguió llegar a la calle y comenzó a correr.


Llevaba la misma remera gris que aparecía en las imágenes del hotel.


Luego tomó un taxi y le pidió al conductor que lo llevara al aeropuerto de Barcelona-El Prat. Al llegar a la Terminal 1 dijo que debía hacer un trámite y que regresaría en unos minutos.


El taxista esperó aproximadamente 15 minutos.


Álvarez Giaccio nunca volvió.


El conductor contó además que el argentino había pagado en efectivo, con dinero que llevaba dentro de un sobre y que contenía una importante cantidad de billetes.


Entró al aeropuerto, pero nunca tomó un avión


Álvarez Giaccio ingresó a la terminal y desapareció. En un primer momento, la Policía sospechó que podía haber intentado abandonar España.


Pero había un problema: no figuraba en ninguno de los vuelos.


Cuando los investigadores revisaron otras cámaras de seguridad descubrieron que el argentino había entrado al aeropuerto, pero también había salido. Nunca había tomado un avión.


La hipótesis fue que aquella maniobra podía haber sido una distracción para hacer creer que había escapado del país.


Durante los primeros días también se analizó la posibilidad de que hubiera viajado a Argentina, aunque la investigación no encontró conexiones sólidas que indicaran que hubiera regresado al país. Su familia más cercana también residía en España.


Tres semanas de búsqueda y un final trágico


Durante días, los Mossos d’Esquadra buscaron al argentino. Su rostro apareció en los medios españoles y se difundieron fotografías y distintos identikits en los que aparecía con cambios de apariencia, como barba, bigote y gorra.


Las hipótesis eran múltiples: podía haber escapado por tierra hacia otro país, estar escondido en Cataluña, contar con la ayuda de alguien o incluso haberse suicidado.


Pasaron tres semanas.


Mientras la búsqueda continuaba, la madre de Leo publicó una carta en la que contó el dolor que atravesaba tras el asesinato de su hijo.


“Soy la madre de Leo, el niño que fue asesinado por su padre en el Hotel Concordia de Barcelona la noche del 24 de agosto de este 2021”, escribió.


También aseguró: “No me rendiré hasta hacer justicia por y para mi hijo. Aguantaré hasta el final”.


Pero la búsqueda terminó de una manera inesperada.


El 15 de septiembre, casi un mes después del asesinato de Leo, el cuerpo de Álvarez Giaccio apareció colgado de un árbol en un bosque de las afueras de Barcelona. Estaba cerca de la zona donde se había perdido la señal de su teléfono celular.


Con su muerte también se extinguió la posibilidad de que enfrentara un juicio por el asesinato de su hijo. La acción penal contra él quedó extinguida.


Pero todavía quedaba una batalla.


El apellido que la madre quiso borrar


Leo había sido enterrado inicialmente con el apellido de su padre. Entonces, su madre inició una lucha para que el niño dejara de llevar el apellido del hombre que lo había asesinado.


El pedido no era sencillo, ya que el cambio de apellido después de la muerte no estaba contemplado de la manera en que ella lo planteaba.


Finalmente, lo consiguió.


Leo pasó a llevar el apellido de su madre.


La modificación tuvo un enorme peso simbólico: el niño dejó de llevar el apellido del hombre que había convertido su muerte en un instrumento de venganza.


La historia de Leo se convirtió en uno de los casos más estremecedores de violencia vicaria registrados en España. Este tipo de violencia ocurre cuando un agresor utiliza a los hijos, familiares o seres queridos de una mujer como herramienta para causarle el mayor sufrimiento posible. 



 
 
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