12/08/2026 |
Estás saliendo del supermercado con las bolsas en la mano y de pronto suena la alarma. O peor: un guardia te corta el paso en seco y te dice “abrí la mochila, por favor”.
Aunque no hayas hecho nada malo, en un segundo te sentís un sospechoso pasando por la aduana. Es una situación incómoda, vergonzosa y tensa que le pasa a miles de personas todos los días.
Pero la regla de oro es una sola y es muy clara: ningún personal de supermercado tiene derecho legal a requisarte ni a meter la mano en tus pertenencias. En este artículo te voy a explicar por qué las cadenas se han vuelto tan estrictas, por qué los clientes no tenemos que pagar las consecuencias de estas políticas y qué tenés que hacer exactamente si te paran al salir y te exigen mostrar lo que llevás.
Los comercios tienen buenas razones para extremar los controles de seguridad. Está calculado que todos los meses pierden entre el 0,5% y el 1,5% de sus ventas totales en robos (tanto de clientes como de sus propios empleados) y errores en caja. Es lo que en el sector retail llaman “merma desconocida”.
Casi nunca se trata de comida básica. Lo más buscado suele ser pequeño, caro o fácil de revender: cartuchos de afeitar, desodorantes, quesos, atún, pilas, pegamento, el whisky, los vinos caros y el Fernet. Los comercios lo saben y no buscan tener “robo cero” porque eliminar los robos al 100% cuesta muchísimo más dinero que el valor de la propia mercancía robada.
Sin embargo, su legítimo derecho a cuidar el negocio no los habilita a tratarte como delincuente porque suene un bip, ni a pasarse la ley por el alto. No se trata de defender a los que roban, sino de evitar que te trasladen la carga de su problema de seguridad si sus sistemas se activan por error. El supermercado tiene que cuidar su stock, pero jamás a costa de avasallar a la gente.
En principio, la ley prohíbe a los comercios cualquier actitud que te haga pasar un momento vergonzoso, intimidante o vejatorio. Es la obligación del “Trato Digno” al cliente, garantizada por el artículo 42 de la Constitución Nacional, la Ley de Defensa del Consumidor y el Código Civil y Comercial. Exponerte delante de todo el mundo a que te revisen el bolso viola tu intimidad y tu derecho a la presunción de inocencia.
Pero además, ni el guardia privado ni el cajero son autoridad pública; por ende, no pueden requisarte, obligarte a abrir la cartera ni retenerte contra tu voluntad. Incluso la Policía tiene límites muy estrictos para revisar a alguien en la vía pública: necesita una sospecha objetiva y fundada (por ejemplo, registros claros en cámaras o un testigo directo), una situación de urgencia real y que el procedimiento lo ejecute personal de tu mismo género.
Protocolo de autodefensa: qué hacer paso a paso si te paran al salir
Mantené la calma y no agredas: Lo principal es mantener la mente fría. Ponete firme pero no levantes la voz y ni se te ocurra insultar. La agresividad les dará excusas para acusarte de resistencia si llega la policía
Mostrá el ticket de compra: Ahí está la prueba irrefutable de que pagaste cada producto que llevás.
Negate a la requisa privada: Si aun con el ticket insisten en abrir tu bolso o mochila, decí con firmeza: "No autorizo a que personal privado revise mis pertenencias". Recordales que la seguridad del comercio no tiene poder de policía.
Si te bloquean el paso exigí la presencia policial: Si no te dejan salir, deciles con diplomacia: "Llamen a la Policía, yo espero acá". Que quede claro que solo la fuerza pública, y bajo causas justificadas, tiene la facultad de intervenir.
Filmá y juntá evidencia: Sacá el celular y grabá todo. El video será tu mejor respaldo si la situación escala. Si hay personas alrededor, pedile el contacto a algún testigo.
Asentá el reclamo formal: Exigí el Libro de Quejas para dejar el hecho registrado por escrito antes de irte. Con esa constancia, el ticket y tu video, hacé la denuncia por Trato Indigno en la oficina de Defensa del Consumidor de la localidad donde vivas (podés tramitarla por la web).
Hay antecedentes judiciales contundentes contra las cadenas por vulnerar el trato digno.
En Santa Fe, la Justicia condenó en 2020 a un supermercado por acusar injustamente de robo a un jubilado y someterlo a una requisa vejatoria en el baño; la sentencia obligó a indemnizarlo por daño moral y por la humillación sufrida con una suma que, actualizada a valores de hoy, supera el 1,8 millón de pesos.
Un caso similar ocurrió en Bell Ville, Córdoba, cuando a un cliente le sonó la alarma porque la cajera olvidó desmagnetizar un desodorante abonado.
En pleno horario pico y a la vista de todo el pueblo, los guardias lo expusieron como a un delincuente.
Los jueces concluyeron que el personal actuó sin discreción ni prudencia, y fijaron un resarcimiento con daño punitivo que hoy equivale a más de 5,2 millones de pesos.
Cuidar la mercadería es problema del supermercado, no tuyo. La próxima vez que alguien intente meter la mano en tu bolso o mochila, acordate: firmeza, respeto y la ley de tu lado. TN
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