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Merthiolate: porqué ya no se usa el recordado antiséptico que nos hizo llorar cuando éramos niños

03/08/2026 | 

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Hubo una época en la que una caída de la bicicleta, un raspón jugando a la pelota o un corte en la vereda terminaban casi siempre de la misma manera: con unas gotas de Merthiolate sobre la herida. El intenso ardor era casi tan recordado como el accidente, y para varias generaciones el famoso líquido rojizo se convirtió en un símbolo inevitable de la infancia.


Durante gran parte del siglo XX, el Merthiolate fue uno de los antisépticos más utilizados en América Latina y en buena parte del mundo. Estaba presente en prácticamente todos los botiquines familiares y era el remedio de primeros auxilios por excelencia para limpiar heridas, raspaduras y pequeños cortes.


Sin embargo, con el avance de la investigación científica, aquel producto que parecía indispensable terminó siendo retirado del mercado en numerosos países debido a la presencia de compuestos derivados del mercurio en su formulación original. La medida no respondió a una serie de intoxicaciones masivas, sino a una política sanitaria destinada a reducir la exposición de la población a ese metal y reemplazarlo por alternativas más seguras.


Aunque muchas personas utilizan los nombres Merthiolate y mercurocromo como si fueran sinónimos, en realidad se trataba de productos diferentes. El mercurocromo utilizaba como principio activo la merbromina, mientras que el Merthiolate contenía timerosal (o tiomersal). Ambos eran compuestos organomercuriales, es decir, sustancias que incorporaban mercurio en su estructura química, aunque con fórmulas distintas.


Los especialistas remarcan que quienes utilizaron Merthiolate durante su infancia no deben alarmarse. La aplicación ocasional sobre una herida no representaba un riesgo importante de intoxicación. Sin embargo, la comunidad científica comenzó a cuestionar la conveniencia de mantener medicamentos con mercurio cuando ya existían opciones igual de eficaces y considerablemente más seguras.


El producto había sido desarrollado en la década de 1920 y rápidamente ganó popularidad por su bajo costo y facilidad de uso, en una época en la que todavía no existían los antibióticos modernos. Para la medicina de entonces representó un avance importante en la prevención de infecciones derivadas de pequeñas heridas.


Con el correr de las décadas, sin embargo, los estudios comenzaron a demostrar que la limpieza adecuada de la herida resultaba tan efectiva como estos antisépticos. Además, el color rojo intenso dificultaba observar la evolución de la lesión y algunos de sus componentes podían irritar el tejido, retrasando incluso la cicatrización.


Otro de los problemas detectados fue el clásico aplicador con una pequeña espátula plástica incorporada en la tapa. Al entrar en contacto con distintas heridas podía transportar bacterias nuevamente al frasco y favorecer la contaminación del producto.


En 1998, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) reclasificó estos antisépticos y dejó de considerarlos seguros para su uso habitual. Poco tiempo después fueron retirados de las farmacias estadounidenses y numerosos países adoptaron medidas similares. Además del posible impacto sobre la salud humana, también se tuvo en cuenta el efecto ambiental del mercurio, capaz de acumularse en suelos, ríos y en la cadena alimentaria.


Pese a ello, el nombre Merthiolate no desapareció. La marca continúa existiendo, aunque el producto actual ya no contiene mercurio. En la actualidad utiliza clorhexidina como principio activo, un antiséptico considerado mucho más seguro y menos irritante para la piel.


Hoy los especialistas coinciden en que, para la enorme mayoría de los cortes y raspaduras domésticas, el tratamiento recomendado es mucho más simple que hace décadas: lavar la herida cuidadosamente con agua y jabón, mantenerla limpia y observar su evolución. Solo cuando existen lesiones profundas, signos de infección o riesgo particular es necesario recurrir a tratamientos específicos bajo indicación médica.


Aunque el Merthiolate quedó en el recuerdo de millones de personas por el ardor que provocaba y por el color rojo que teñía las rodillas de los chicos, su historia refleja cómo la medicina evoluciona permanentemente. Lo que durante décadas fue considerado un tratamiento de referencia terminó siendo reemplazado por alternativas más eficaces, seguras y amigables con el medio ambiente.



 
 
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