27/07/2026 | Durante 280 dÃas, la joven catalana recorrió nueve paÃses hasta llegar a Rumania. Su objetivo fue recaudar dinero para una fundación que acompaña a vÃctimas de explotación sexual.
Con un carrito de bebé, cinco pares de botas altas, una botella de agua y mucha valentía, Dora Alcover se embarcó en una travesía inédita. Durante 280 días, caminó más de 3000 kilómetros, cruzó nueve países europeos y convirtió cada paso en un mensaje para visibilizar la trata de mujeres.
La joven catalana de 25 años no buscaba romper un récord ni demostrar que podía soportar el dolor físico. Su verdadero objetivo era llamar la atención sobre una problemática que afecta a millones de personas en todo el mundo y, al mismo tiempo, recaudar fondos para una organización que trabaja en la prevención de la explotación sexual infantil.
Al completar el recorrido, había conseguido más de 15.000 euros para sostener ese trabajo, pero también había logrado que miles de personas hablaran de un delito que muchas veces permanece oculto.
El viaje la llevó por España, Francia, Mónaco, Italia, Eslovenia, Croacia, Hungría, Serbia y Rumania. Caminó bajo el sol, la lluvia y el frío. Durmió en casas de desconocidos que le abrieron las puertas y pasó largas jornadas completamente sola.
Sin embargo, detrás de esa aventura que parecía imposible había una historia mucho más íntima.
De Barcelona a Rumania por una causa justa
El 6 de febrero de 2026, Dora dio el primer paso desde Barcelona rumbo a Rumania. Pero la idea del proyecto no nació ese día, se dio mucho antes. Según contó a TN, cuando tenía apenas 10 años, perdió a su madre a causa de un cáncer.
A partir de entonces convivió con la necesidad de encontrar una manera de homenajearla, de darle un sentido a ese dolor y transformarlo en algo que pudiera ayudar a otras personas.
Así nació el Proyecto Alcover, que presentó públicamente el día en que su mamá habría cumplido 60 años. Para ella no era solamente una caminata, sino una forma de celebrar su vida y de mantener vivo su recuerdo a través de una causa solidaria.
“Siempre tuve el sueño de hacer algo en su honor, de ayudar a otras personas y encontrarle un sentido a todo lo que había pasado. Mi mamá era una persona muy positiva y creo que esa terminó siendo mi misión”, contó Dora durante una charla íntima.
Con el paso de los meses entendió que ya no caminaba únicamente por ella o por su madre. Cada persona que se sumaba al recorrido, compartía su historia o hacía una donación le recordaba que el proyecto había dejado de ser algo personal para convertirse en una causa colectiva.
¿Por qué eligió caminar en tacos?
La imagen de una mujer recorriendo Europa en tacos llamó la atención desde el primer día. Algunos la miraban con curiosidad, otros no entendían qué estaba haciendo y la juzgaban por su forma de vestir. Pero eso era justamente lo que ella buscaba. Sabía que iba a generar preguntas y decidió aprovechar esa atención.
“Pensé que si igual iban a mirarme, sexualizarme o juzgarme por cómo iba vestida, entonces quería usar esa atención para hablar de algo mucho más importante que yo”, explicó.
Los tacos dejaron de ser solamente un calzado para convertirse en un símbolo. Dora quiso demostrar que una mujer puede apropiarse de aquello por lo que suele ser juzgada y transformarlo en una herramienta para visibilizar una causa.
Lo más difícil no fueron los pies, sino la soledad
Durante 280 días atravesó España, Francia, Mónaco, Italia, Eslovenia, Croacia, Hungría, Serbia y, finalmente, Rumania. Caminó por rutas, pueblos y ciudades empujando un carrito.
Durmió en casas distintas, soportó jornadas de lluvia, calor y viento, y llegó a completar etapas de decenas de kilómetros por día. Contra todo pronóstico, contó que el cuerpo respondió mucho mejor de lo que imaginaba. Lo que realmente la puso a prueba fue otra cosa.
“Lo más duro no fue físicamente. Lo más difícil fue la soledad. Durante nueve meses mi vida fue caminar de un lugar a otro. No podía quedarme el tiempo suficiente para generar vínculos. Aunque mucha gente me acompañó en algunos tramos, hice cerca de 2.000 kilómetros completamente sola”, recordó.
Esa rutina terminó convirtiéndose en un desafío mental. Cada mañana era volver a empezar, sin saber dónde iba a dormir esa noche ni con quién iba a cruzarse en el camino. En muchos momentos, el cansancio no pasaba por las piernas, sino por la cabeza. Y fue justamente cuando sintió que ya no podía más que apareció una historia que todavía hoy le cuesta explicar.
La señal que recibió cuando pensó en abandonar
Hubo un solo momento en que creyó que no iba a llegar al final. Fue en Croacia, cuando el desgaste emocional empezó a pesar más que cualquier dolor físico. Después de varios meses caminando prácticamente sin descanso, llamó a su papá y le confesó que ya no la estaba pasando bien y que todo se había vuelto mucho más difícil de lo que imaginaba.
La respuesta fue: “Pedile una señal a tu mamá”. Dora decidió hacerle caso y pocos días después vivió una coincidencia emocionante. En una granja, en medio de Croacia, conoció a un hombre que hablaba español perfectamente. Durante la conversación descubrió que había vivido durante once años en Mallorca, exactamente el lugar donde había nacido su madre y donde ella había presentado el proyecto meses antes.
“Para mí esa fue la señal de que tenía que seguir. Desde ese momento todo cambió. Pensé que iba a sufrir muchísimo con los pies y terminó siendo mucho más fácil de lo que imaginaba. Mi cuerpo aguantó muchísimo más de lo que había soñado”, recordó.
Una campaña para prevenir antes de que sea tarde
El destino final no fue elegido al azar. Dora decidió terminar el recorrido en Rumania porque allí funciona Reaching out Romania, una organización que trabaja para prevenir la trata antes de que las menores sean captadas por las redes de explotación.
Los más de 15.000 euros recaudados durante la caminata hoy financian programas educativos que buscan enseñarles a reconocer situaciones de riesgo y evitar que caigan en manos de los tratantes.
Durante la entrevista también hizo una aclaración que considera fundamental. “Mi objetivo fue denunciar lo que es forzado, lo que involucra a menores. Ese fue siempre el foco de toda la caminata”, sostuvo.
Además, remarcó que la falta de oportunidades económicas suele ser uno de los principales factores que aprovechan las redes criminales para captar a adolescentes mediante engaños.
También advirtió que, una vez que las víctimas logran salir de esos circuitos, muchas veces no encuentran programas suficientes para reconstruir sus vidas, conseguir trabajo o reinsertarse en la sociedad.
“Después de este viaje estoy convencida de que hay mucha gente buena”
Aunque el objetivo era visibilizar una problemática muy dura, Dora asegura que el recuerdo más fuerte que se llevó del viaje fue otro. Después de nueve meses caminando sola por distintos países europeos, llegó a la conclusión de que la inmensa mayoría de las personas que conoció quiso ayudarla sin esperar nada a cambio.
“Estoy convencida de que la humanidad tiene muchísimo de bueno. En todos los países encontré personas que me abrieron las puertas de su casa, me dieron comida o simplemente caminaron conmigo un rato. Todos coincidían en que hay que proteger a los chicos y ayudar a quien lo necesita”, aseguró.
Para ella, esa experiencia cambió por completo la forma de mirar el mundo. Si bien durante el viaje conoció historias muy duras relacionadas con la trata, también descubrió que existe una enorme red de personas dispuestas a involucrarse cuando conocen una causa justa.
“Con las redes sociales o las noticias, muchas veces sentimos que todo está mal. Pero cuando salís a caminar y conocés gente, te das cuenta de que la mayoría quiere hacer el bien. Yo solamente fui una mujer con ganas de ayudar, pero comprobé que cuando muchas personas se unen pueden cambiar mucho más de lo que imaginan”, concluyó.
Datos que conmueven
Cada 30 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Trata, fecha declarada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En Argentina, todos los casos son procesados a través de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX), que este año reportó más de 2200 denuncias.
Sobre el total de denuncias recibidas en la línea 145, y según la información aportada por quienes la radicaron, se contabilizaron 133 víctimas en los últimos doce meses. De ese total, 87 eran nenas, 37 nenes y en nueve casos no fue posible determinar el dato.
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