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Los ponchos catamarqueños en los ojos del mundo

22/07/2026 | 

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Los telares criollos de Catamarca, las técnicas ancestrales y la extraordinaria calidad de la fibra de vicuña continúan despertando admiración más allá de las fronteras. En los últimos años, jóvenes artesanos de Belén llevaron los ponchos catamarqueños a Francia, Italia y Ecuador, donde compartieron con diseñadores, fabricantes textiles, docentes y artesanos de distintos países un saber que en Catamarca se transmite de generación en generación.


Hoy, mientras participan de la muestra artesanal de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, que se lleva a cabo en el Predio Ferial hasta el domingo 26 de julio los tejedores de Londres, Belén, Mauro Gutiérrez y Yamil Gutiérrez; y de Laguna Blanca, Jaime Suárez, comparten con los visitantes sus creaciones de gran valor cultural y artesanal de los textiles catamarqueños.

 

Este año, Mauro Gutiérrez y Jaime Suárez integraron la delegación de artesanos de la Ruta del Telar que viajó a París para participar de un intercambio de saberes en un campus de diseño y moda. Allí conocieron nuevas experiencias vinculadas al diseño textil, los tintes naturales, los procesos industriales y la comercialización, además de visitar una escuela de arte y fábricas textiles. Sin embargo, fueron los telares criollos y las técnicas ancestrales catamarqueñas los que despertaron la mayor curiosidad entre diseñadores y especialistas franceses.

 

"Cuando les mostré el telar con el que trabajamos no podían creer que siguiéramos usando una herramienta tan tradicional y rústica. Les sorprendía que con ese telar pudiéramos lograr guardas tan perfectas", recuerda Mauro Gutiérrez. La técnica de la guarda atada, conocida internacionalmente como ikat, despertó especial interés. "Ellos hacen diseños parecidos, pero querían entender cómo logramos tanta precisión. Les expliqué que eso solo se aprende con muchos años de práctica y siendo muy detallista."


Para Mauro, el reconocimiento internacional reafirma el valor del oficio aprendido en su familia. "El poncho es algo único para nosotros. Nos representa como catamarqueños y como argentinos." Sus días en el taller demuestran esa pasión, es que pasa hasta doce horas diarias frente al telar y asegura que para dedicarse a este trabajo hacen falta "ganas, paciencia, salud y mucha fuerza". La enseñanza recibida de su madre continúa siendo el motor de ese legado. "Ella me enseñó y todavía sigue tejiendo todos los días. Como muchas tejedoras de Belén, va a tejer hasta el último día de su vida".

 

Jaime Suárez contó que la experiencia en París le permitió ver el interés que despiertan los tejidos catamarqueños entre especialistas de todo el mundo. "Llevamos ponchos, chales, corbatines y también la fibra para mostrar todo el proceso. No podían creer que todo estuviera hecho completamente a mano", señaló.

 

Dijo que lo que más sorprendió a los especialistas fue descubrir que los complejos diseños que realizan surgen de la experiencia y la memoria. "Ellos trabajan con computadoras que programan los telares automáticamente. Nos preguntaban cómo hacíamos nosotros para entender tantos dibujos sin ninguna tecnología. Les respondimos que son enseñanzas que recibimos de nuestros padres y de nuestros ancestros”, remarcó.


Jaime sostiene que ese patrimonio solo puede preservarse con tiempo y dedicación. "Hay que tener paciencia para enseñar y también para aprender. Primero se empieza por lo básico y después se sigue creciendo". Aunque el intercambio le permitió conocer nuevas posibilidades para desarrollar otras prendas textiles, tiene claro cuál es el camino. "Aprendimos nuevas ideas, pero sin dejar nunca de hacer nuestros ponchos, porque son nuestra prenda tradicional y representan nuestra identidad", expresó.


También desde Londres, Belén, Yamil Gutiérrez llevó los textiles catamarqueños a algunos de los escenarios más importantes del mundo. En 2024 integró la delegación de la Ruta del Telar que presentó los tejidos catamarqueños en el Instituto Internacional de Diseño de Milán y recorrió las prestigiosas fábricas textiles Loro Piana y Piacenza. "Lo que más les llamó la atención fue la finura de la vicuña de Catamarca. Ellos trabajan con fibras de Perú y Bolivia, y destacaron que la fibra de las vicuñas de Catamarca es más clara, más limpia y más fina".

 

En 2025 viajó a Ecuador para participar del Festival de Artesanías de América, donde el interés estuvo puesto en el manejo sustentable de la vicuña. "Ellos no conocían el chaku ni todo el proceso. Les mostramos desde el manejo de los animales hasta el tejido de la fibra".


Las demostraciones despertaron enorme curiosidad. "Les sorprendió el tiempo que lleva hacer un poncho damero, alrededor de cinco meses, y la concentración que requiere. En los primeros pasos necesito absoluto silencio porque un solo error puede arruinar todo el trabajo”, explicó. Para Yamil, trabajar con fibra de vicuña representa el mayor desafío, dijo que "es un reto permanente. Mientras más difícil es, más me gusta. La vicuña exige muchísima precisión porque cualquier error no tiene vuelta atrás".

 

Quienes visiten la muestra artesanal de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho podrán conocer sus creaciones y conversar con ellos todos los días, de 14 a 23 horas, en el Predio Ferial.



 
 
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