09/07/2026 |
Ramiro Agulla, uno de los creativos publicitarios más influyentes de la historia argentina, falleció este jueves a los 62 años. Creador de campañas que marcaron a toda una generación, fue el estratega detrás del recordado "Dicen que soy aburrido", que impulsó la candidatura presidencial de Fernando de la Rúa en 1999, y también del fenómeno publicitario de "La llama que llama", una de las campañas más exitosas de la televisión argentina.
La industria publicitaria argentina despide a una de sus figuras más innovadoras. Ramiro Agulla murió este jueves, alrededor de las 7 de la mañana, a los 62 años, según confirmaron allegados y colegas del creativo. Su fallecimiento generó una profunda conmoción en el mundo de la comunicación, el marketing y la política, ámbitos en los que dejó una huella difícil de igualar.
Considerado uno de los grandes revolucionarios de la publicidad en América Latina, Agulla transformó la manera de comunicar marcas, productos e incluso candidatos presidenciales. Su estilo rompió con todos los moldes tradicionales: apostó por historias cinematográficas, humor inteligente, provocación y mensajes capaces de instalarse en la conversación cotidiana de millones de argentinos.
Nacido en 1964 en Río Gallegos, aunque criado desde muy pequeño en la ciudad de Buenos Aires, Ramiro Agulla creció en un ambiente vinculado a los medios de comunicación. Cursó sus estudios secundarios en el tradicional Colegio Champagnat y luego se formó en la escuela de la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad.
Sus primeros pasos profesionales los dio en la agencia León Chocrón, dedicada principalmente a clientes vinculados con la distribución cinematográfica. Sin embargo, el gran punto de inflexión llegó cuando ingresó a Young & Rubicam, donde conoció a Carlos Baccetti, quien se convertiría en su socio creativo durante más de dos décadas.
Tras un paso por la agencia Verdino, ambos decidieron independizarse y fundaron Agulla & Baccetti, una empresa que en muy poco tiempo se transformó en la agencia más codiciada del mercado argentino. Durante la década de los 90, las principales marcas del país competían por trabajar con ellos.
Desde Coca-Cola, Quilmes, Telecom, Renault, OCA, Banco Itaú, Visa, Nike, YPF y Aerolíneas Argentinas, entre muchas otras compañías nacionales e internacionales, confiaron en un equipo creativo que cambió definitivamente el lenguaje publicitario argentino.
Entre sus creaciones más recordadas sobresale "La llama que llama", desarrollada para Telecom, una campaña protagonizada por simpáticas llamas que revolucionó la televisión argentina y se convirtió en un fenómeno social sin precedentes. También dejó piezas inolvidables como "Gueropa", para Renault, además de numerosas campañas que marcaron a toda una generación.
Bajo su conducción, Agulla & Baccetti obtuvo múltiples reconocimientos internacionales, incluido el prestigioso León de Oro del Festival Internacional de Creatividad de Cannes, además de premios Clio, FIAP, El Sol y otros galardones que ubicaron a la publicidad argentina entre las mejores del mundo.
Pero su influencia no quedó limitada al ámbito comercial.
El nombre de Ramiro Agulla quedó definitivamente ligado a la historia política argentina cuando aceptó sumarse al equipo de campaña de Fernando de la Rúa, convocado por su amigo Darío Lopérfido. Allí creó uno de los mensajes más recordados del marketing político nacional.
Con la frase "Dicen que soy aburrido", logró transformar lo que parecía una debilidad del candidato en una fortaleza. La campaña presentó a De la Rúa como la contracara de la ostentación y el desgaste del menemismo, en un contexto en el que gran parte de la sociedad reclamaba austeridad y previsibilidad.
El spot fue decisivo para construir la imagen del candidato radical y todavía hoy es estudiado en universidades como uno de los mayores casos de comunicación política de la Argentina, aunque con el paso del tiempo también recibió críticas por haber contribuido a una imagen que luego quedó asociada al fracaso del gobierno de la Alianza.
Su vínculo con la política tenía raíces familiares. Su padre, Horacio Agulla, abogado, periodista y exdiputado por el Partido Federal, participó además en la redacción de la Constitución de la provincia de Santa Cruz. En 1978, cuando Ramiro tenía apenas 14 años, Horacio fue asesinado de cinco disparos mientras descendía de su automóvil en el barrio porteño de Recoleta.
Durante toda su vida, el publicista sostuvo que el crimen había sido cometido por un grupo de tareas vinculado con la última dictadura militar. Con el paso de los años, hablaba públicamente sobre esa tragedia y explicaba que había intentado transformar el dolor en una fuente de inspiración. "Traté de convertir mi bronca en algo positivo", repetía en distintas entrevistas.
Después del éxito de la campaña presidencial de 1999, Agulla continuó desarrollando estrategias de comunicación política durante más de dos décadas. A través de su agencia Roma, asesoró a dirigentes de muy distintos espacios ideológicos.
Trabajó para Carlos Menem, Francisco de Narváez, dirigentes del kirchnerismo, el peronismo cordobés y numerosos candidatos provinciales. También llevó su experiencia al exterior, participando en campañas del expresidente mexicano Vicente Fox, de la expresidenta chilena Michelle Bachelet e incluso colaborando en tareas de comunicación para el republicano estadounidense John McCain durante las elecciones que perdió frente a Barack Obama.
Cuando era cuestionado por trabajar para dirigentes de distintas corrientes políticas, respondía con una frase que sintetizaba su manera de entender el oficio: "Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery".
En los últimos años permanecía alejado de la exposición que había tenido durante los años noventa, aunque seguía participando como consultor estratégico y referente creativo. Su opinión continuaba siendo escuchada dentro del mundo de la comunicación, donde era considerado un innovador que había cambiado para siempre la forma de hacer publicidad en la Argentina.
La muerte de Ramiro Agulla marca el final de una etapa irrepetible de la creatividad nacional. Sus campañas siguen siendo recordadas décadas después, muchas de ellas convertidas en parte de la cultura popular argentina. Su capacidad para interpretar el humor social, desafiar las reglas y construir mensajes que trascendían la publicidad lo consolidó como uno de los creativos más importantes e influyentes de la historia del país.
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