Una resolución del Ministerio de Salud de la Nación publicada este viernes en el Boletín Oficial marca el inicio de un profundo proceso de modernización en el sistema de dispensación de medicamentos en Argentina. La medida apunta a reemplazar gradualmente procedimientos tradicionales, como el recorte y pegado manual de troqueles en recetas médicas, por mecanismos digitales de validación e identificación de pacientes, con un plazo de implementación de 180 días.
La decisión busca poner fin a una práctica habitual en las farmacias del país, donde los farmacéuticos recortan los troqueles de las cajas de medicamentos y los adhieren a las recetas para dejar constancia de la dispensa. Aunque el procedimiento continúa vigente en gran parte del territorio nacional, el Ministerio pretende avanzar hacia sistemas completamente digitales que eliminen la necesidad de soportes físicos.
Sin embargo, el éxito de la iniciativa dependerá de varios factores. Por un lado, de la adhesión de las provincias, ya que actualmente sólo San Luis y Santa Fe cuentan con sistemas plenamente modernizados en esta materia. La resolución impacta de manera directa en los ámbitos de jurisdicción nacional, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Tierra del Fuego, mientras que el resto de las provincias deberá adoptar mecanismos compatibles para avanzar en la transformación.
Otro aspecto central será el funcionamiento de las redes digitales que conectan farmacias, obras sociales, empresas de medicina prepaga y organismos de control. El desafío consiste en garantizar una comunicación homogénea, segura y eficiente en todo el país, protegiendo al mismo tiempo la información personal de los pacientes y evitando el uso indebido de las recetas electrónicas.
Uno de los objetivos prioritarios es asegurar que las recetas digitales “se quemen”, tal como se denomina en el sector al proceso mediante el cual una prescripción queda inutilizada después de ser utilizada para adquirir un medicamento, evitando así reutilizaciones fraudulentas.
Para comprender el alcance de la reforma es necesario entender qué función cumple actualmente el troquel. Se trata de una etiqueta identificatoria incorporada en cada envase de medicamento que contiene códigos de barras, datos del producto, presentación, concentración y características específicas del lote de fabricación.
Ese pequeño recorte funciona como respaldo físico de la operación realizada en la farmacia. Una vez entregado el medicamento, el troquel se adjunta a la receta junto con los datos manuscritos del paciente, constituyendo una constancia documental que luego sirve para respaldar la facturación ante obras sociales y prepagas.
El sistema obliga a farmacéuticos y pacientes a realizar una serie de trámites manuales que incluyen imprimir recetas electrónicas, completar datos personales y pegar o abrochar troqueles. Para los financiadores del sistema de salud, sin embargo, ese soporte físico continúa siendo una herramienta importante de auditoría.
De hecho, entidades como el PAMI y diversas obras sociales recurren a servicios especializados para digitalizar y controlar millones de recetas. Según trascendió, una de las cámaras farmacéuticas, FEFARA, procesa alrededor de 11 millones de recetas mensuales mediante sistemas de escaneo que luego son utilizados por las áreas de auditoría para verificar la correcta dispensación de medicamentos.
Aunque la palabra “troquel” no aparece expresamente en la Resolución 638/2026, el espíritu de la norma apunta directamente a reemplazar esa metodología. El artículo 2 reconoce como válidos los tokens digitales y otros mecanismos equivalentes para identificar a los pacientes durante la entrega de medicamentos ambulatorios, siempre que provengan de plataformas con sistemas confiables de autenticación y registro.
Actualmente algunos afiliados ya utilizan este mecanismo. Luego de presentar una receta electrónica y acreditar identidad mediante DNI o número de afiliado, deben ingresar un código digital para validar la operación. A partir de ahora, ese procedimiento tendrá un papel mucho más relevante.
La resolución también establece que las farmacias deberán utilizar sistemas informáticos capaces de validar y registrar digitalmente cada acto de dispensa, promoviendo la eliminación progresiva del papel y fortaleciendo los mecanismos electrónicos de identificación.
En la práctica, esto implica que la receta electrónica almacenada en los sistemas digitales podrá vincularse directamente con la identidad del paciente mediante DNI o token, eliminando la necesidad de imprimir documentos, pegar troqueles y completar formularios manuales.
La normativa además contempla situaciones en las que un tercero retire medicamentos en nombre del paciente. En esos casos se admitirán autorizaciones digitales, credenciales electrónicas o tokens emitidos por el titular de la receta. No obstante, las farmacias deberán seguir registrando el documento de identidad de la persona que efectivamente retire el medicamento, ya sea el paciente o un autorizado.
A pesar del avance tecnológico, especialistas del sector advierten que persisten desafíos importantes. Entre ellos, la coexistencia de sistemas diferentes según cada jurisdicción, la calidad dispar de las plataformas utilizadas por farmacias y financiadores, y la necesidad de fortalecer los mecanismos de seguridad para evitar fraudes.
La industria farmacéutica respalda la modernización, aunque reconoce que durante un tiempo convivirán envases con y sin troquel dependiendo de la provincia y del grado de adaptación de cada sistema.
También persiste una preocupación de fondo: así como históricamente existieron troqueles falsificados o adulterados, algunos actores del sector advierten que todavía existen vulnerabilidades que permiten reutilizar recetas electrónicas. Por eso, el éxito de la reforma dependerá tanto de la digitalización como de la capacidad de garantizar controles efectivos y seguros en todo el sistema sanitario argentino.
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