Sabado 18
Abril de 2026
203 Usuarios en Linea
Catamarca
Argentina
19 avisos en clasificados

Argentina

El caso Grassi: la dura historia del joven que lo denunció por abuso y la trama de una investigación histórica

18/04/2026 | 

Disminuye el tamao del texto Disminuir Fuente   Aumenta el tamao del texto Aumentar Fuente   Imprimir Noticia Imprimir   Enviar la noticia por e-mail Enviar   Comentar Noticia Comentar   Publicar en Facebook Publicar   Publicar en Twitter Publicar
Noticia leida 187 veces

23 de octubre de 2002. 11 de la noche. Yo, Grassi (La investigación que más duele). Eso se leía en los avances del programa. Telenoche Investiga, el programa de investigación más importante de la historia de nuestra televisión emitía su informe más impactante, el que más consecuencias traería. El rating fue récord; alcanzó picos de 40.3. El contenido del informe, estremecedor.


Un joven de 19 años, cuya identidad se protegió en el momento, denunciaba al padre Julio César Grassi de haber abusado de él cuando tenía 12. El lugar de los hechos agravaba (si es posible) aún más la acusación: la Fundación Felices Los Niños que dirigía y manejaba a su antojo el cura y que era el lugar en el que estaba internado el chico, el lugar que debía cobijarlo, guarecerlo.


Julio César Grassi, el cura que era protegido por hombres poderosos e influyentes, fue denunciado por abuso sexual


Hay que remontarse a 2002 para entender quién era el señalado por ese chico y por Telenoche Investiga. Era un hombre muy conocido -posiblemente el religioso más mediático de la Argentina moderna-, popular, con una presencia casi monopólica en los medios y muchos hombres poderosos e influyentes apoyándolo y protegiéndolo. Desde empresarios a dueños de medios, pasando por celebridades y periodistas de prestigio.


Esa emisión de Telenoche Investiga provocó mucho más que récords de rating y repeticiones en los días posteriores. Desató una investigación judicial que terminó con la condena y detención del religioso. Mientras el programa se emitía, en Canal 9 el cura rodeado de periodistas de esa emisora y abogados intentaba una defensa y desprestigiar a su joven denunciante. En medio de la emisión debieron dispensarlo porque un juez de Morón había librado una orden de arresto y la policía se dirigía a Canal 9 a detenerlo. El cura se profugó en vivo y en directo.


Unas semanas atrás apareció en todas las librerías del país Abusado por Grassi. La hora de romper el silencio de Oscar Aguirre y Carlos de Elía publicado por Editorial Planeta. Por primera vez Oscar (Gabriel en el informe), la víctima del abuso, cuenta su historia. Su testimonio no sólo es revelador sino que conmueve profundamente. El abandono de la madre, los hogares e institutos por los que pasó, la violencia, la vida en la calle, el desamparo. Y su tiempo en la Fundación, el abuso de Grassi y el calvario que debió pasar después de su denuncia con amenazas, agresiones, persecuciones y su carácter de testigo protegido. Carlos de Elía era el director de noticias de Canal 13 y de TN. Fue quien se sentó durante meses con Oscar para recoger su historia y quien narra, en la segunda parte del libro, los entretelones de la investigación. La decisión de seguir adelante, las presiones de importantes hombres de medios, el papel de Bergoglio y Monseñor Laguna, las decisiones periodísticas y éticas que debieron tomar.

 

"Abusado por Grassi. La hora de romper el silencio", el libro de Oscar Aguirre y Carlos De Elía que publicó Planeta

Oscar fue abandonado por su madre cuando tenía 6 o 7 años. Todo respecto a su origen es impreciso. Su lugar de nacimiento, la fecha, los progenitores. La madre lo dejó en la puerta de un colegio del Gran Buenos Aires y nunca volvió a retirarlo. Oscar debió arreglarse solo. Buscar en su memoria imágenes (e información) que no tenía. No había partida de nacimiento ni documento. Su primer DNI lo tuvo a los 14 años. Fue enviado a hogares y a institutos pero él siempre se escapaba. Vivió en la calle. Durmió en el último asiento del 60. Vendió estampitas en el subte. Siempre solo. Sin nadie que lo apoyara, que le diera un abrazo, que le facilitara comida. Ese estado de desamparo, de vulnerabilidad permanente agrava los hechos posteriores. Fue detenido decenas de veces y enviado a instituciones. Siempre se escapaba. Hasta que a los 12 llegó a la Fundación Felices Los Niños.


En la Fundación, la vida era muy diferente para aquellos chicos que tenían acceso a Grassi, que eran sus preferidos. Había visitas a la radio, a la televisión, paseos varios, mejor ropa. Privilegios evidentes a los que todos querían acceder. Para eso había que estar cerca del sacerdote. Era a lo que todos aspiraban. En el medio, un sistema injusto, un niño interno que resulta ser el hijo de Telledín y una visita surrealista para ver Chiquititas a un teatro de la Avenida Corrientes.


Pasadas unas semanas, Grassi empezó a acercarse a Oscar hasta que hubo primero unos tocamientos hasta que una noche se produjo el abuso (descripto crudamente en el libro). Horas después Oscar escapó de la Fundación.


Muchos años después, fue contactado por la producción de Telenoche Investiga para que diera testimonio sobre la vida en la Fundación. Su madrina, una exempleada del lugar, había brindado su contacto. En la primera oportunidad, Oscar contó algunas generalidades y alguna que otra sospecha pero no habló de él. Tiempo después, llamó para brindar un nuevo testimonio. Éste fue claro, contundente, veraz.


En el informe realizado por Miriam Lewin con la producción de Irene Bais, “Gabriel” hablaba entre sombras, de espaldas a cámara para que no se develara su identidad. Gabriel era un nombre de fantasía pensado con el fin de proteger la identidad del joven denunciante. Esa precaución no alcanzó. Porque pese a lo que dice la ley y a los pedidos de la justicia, los abogados de Grassi dieron a conocer en diferentes oportunidades su verdadero nombre. Recién ahora, casi un cuarto de siglo después, Oscar Aguirre puede contar su historia.


Entre el informe y la condena de Grassi, en esos siete años, Oscar vivió un calvario. Su condición de víctima, de niño abusado, su estado de orfandad absoluta y exposición, no significó un límite infranqueable para sus perseguidores. “En el programa de Canal 9 Grassi inventó que yo lo había ido a extorsionar unos días antes de Telenoche Investiga. Dijo que le pedí plata para no denunciarlo y que era todo mentira: jamás pudo explicar cómo lo iba a extorsionar si era mentira. A medida que lo escuchaba no podía creer lo hijo de puta que era. Hizo que dijeran varias veces mi verdadero nombre en ese programa —cosa que no se podía hacer por­ que era testigo de identidad reservada— y ahí empezó un calvario para mí. Ahora lo sabía todo el país”, narra Oscar en el libro.


Fueron siete años de acoso y de escape constante, de temor y de estar en un estado de alerta las 24 horas. A los tres días de emitido el programa, debió escapar tirado en el piso de un auto del apart hotel en el que lo habían alojado. Luego recibió amenazas, ataques subrepticios en los departamentos en los que se alojaba, golpes y hasta estuvo a punto de perder un dedo una noche que ingresaron a su vivienda mientras él dormía. Si no fuera un caso real, si no se tratara de una historia llena de dolor, podría tratarse del argumento de un thriller (y hasta alguien diría que los guionistas se extralimitaron). Los involucrados en su protección y asistencia debían mirar el espejo retrovisor cada vez que se dirigían a visitarlo a los lugares en los que estaba oculto, para asegurarse de que no eran seguidos, para evitar tener que mudarlo una vez más. Después, un par de pasos por el programa de testigos protegidos. Custodiado, sin poder moverse del lugar y alejado de Buenos Aires. Casi sin poder ver a la poca gente con la que tenía relación. Mientras tanto, su agresor, el hombre que debía cuidarlo pero que en cambio había abusado sexualmente de él, seguía detentando su poder, acudiendo a la televisión, celebrado por famosos y circulaba libremente. Fueron años muy difíciles para Oscar que ya había tenido una vida muy difícil.

Una tarde mientras estaba en una casa custodiado por policías, Oscar vio en la televisión que Grassi había sido puesto en libertad luego de una breve detención. No entendía lo que estaba sucediendo. Le parecía estar viviendo en el mundo del revés: “Empecé a gritarles com­pletamente sacado: ‘¡Él está libre, acá el único que está preso soy yo! Mientras se suponía que estaba preso lo visi­taba todo el mundo. ¡El único que está encerrado soy yo!’. Decidí irme del programa de protección. No me importaba nada de nada. Si él estaba libre, yo no tenía por qué estar preso ahí. Además, si Grassi quedaba libre, seguro me iba a meter en cana a mí”, dice en el libro.


Mientras tanto la red de comunicadores que respondía a Grassi intentaba en cada oportunidad que encontraban develar que Gabriel en realidad era Oscar Aguirre. Y dedicaban grandes esfuerzos a difundir falsedades y a socavar su credibilidad.


Luego de negar los hechos, de convertir en el foco de la investigación al denunciante, los abogados de Grassi acusaron a Oscar de extorsión. Afirmaron, sin ninguna prueba, sin ningún correlato con la realidad, que el chico había amenazado a Grassi con denunciarlo si no le pagaba determinada suma de dinero. Una mentira que ni siquiera pudieron terminar de redondear con algún viso de realidad o una cifra estimativa. Acaso, sin darse cuenta de que esa falsedad tenía hasta algo de autoincriminatorio para Grassi: usualmente el extorsionador amenaza al perpetrador con dar a conocer algo que el otro hizo. Si todo se tratara de una fantasía, de una mentira, no habría temor en el extorsionado. Lo que sí sucedió fue que un renombrado abogado, con peso mediático, le ofreció al joven una suma de dinero considerable para que cambiara su testimonio y dejara de incriminar a Grassi. Él se negó a hacerlo.


El testimonio de Oscar Aguirre fue el que hizo que Grassi fuera condenado. Fue el único de los denunciantes que nunca se desdijo. El único al que no pudieron quebrar.


Mientras tanto, cuenta Carlos de Elía que el Arzobispado de Buenos Aires comandado por Jorge Bergoglio que luego se convertiría en el Papa Francisco, pagaba al abogado Marcelo Sancinetti, reputado penalista, 300.000 dólares para que escribiera un largo opus que encuadernado en cuero fue distribuido tratando de demostrar la inocencia del sacerdote (el mismo abogado había hecho lo mismo un tiempo antes- por una cifra mayor- para la familia Yabrán).


En el medio, mientras la causa judicial proseguía con lentitud, se probó que la labor de la Fundación tampoco era lo que se pregonaba. En esas enormes hectáreas que recibían casi dos millones de dólares/pesos del estado en la época de la convertibilidad no se cuidaba una multitud de niños tal como se publicitaba. Según De Elía en su libro “los 6 200 chicos que Grassi decía atender y cuidar, en realidad eran treinta o sesenta según las épocas,y que a esa cifra se llegaba si se contaban los alumnos de las escuelas provinciales que estaban dentro del predio y que solo recibían de la fundación el desayuno”.

Los nombres importantes que brindaron apoyo público (y se supone que privado) a Julio Grassi fueron legión. Entre ellos Raúl Portal (presidente de la Fundación), Menem, Cavallo, Yabrán, Monseñor Laguna, Jorge Bergoglio, Mariano Grondona, Daniel Hadad, Moreno Ocampo, Mauro Viale, Julio Ramos, abogados carísimos y muchos otros apoyaron al padre después de las denuncias. “En general, la defensa a Grassi fue ciega y salvaje, origi­nada en algunos casos en la buena fe, en otros en el miedo a quedar asociados a un cura pedófilo y en algún otro caso en intereses económicos. Tampoco faltaron empresarios y periodistas que ofrecían pantalla a Grassi por motivos muy diferentes: por aquellos días de espanto social, la presencia de Grassi en un programa generaba rating, probablemente porque la sociedad en shock esperaba de él una respuesta que lo alejara del horror que se había revelado”, escribe Carlos de Elía.


Hoy Oscar tiene 42 años. Trabaja como pintor, plomero y albañil. Nunca formó una familia. Durante muchos años estuvo en pareja con una chica y todavía mantiene el vínculo con la hija de esa mujer. Todavía se ve con su madrina, la mujer que conoció en la Fundación, que luchó para que él pudiera conocer su origen, que le tramitó su primer DNI y una de las pocas de ese lugar que no lo traicionó cuando la denuncia salió a la luz. Oscar todavía tiene miedo de que se sepa su nombre, de ser reconocido y que alguna represalia llegue, que algún estertor del viejo poder del sacerdote abusador lo alcance.


La condena para Grassi, pese al accionar mediático y judicial que desplegó un ejército de influyentes y abogados muy bien pagos no se sabe por quién, llegó recién siete años después de la denuncia. Abuso sexual y corrupción agravada. De los denunciantes, el único cuyo testimonio terminó siendo aceptado por la justicia fue el de Oscar Aguirre. Tras una avalancha de apelaciones y recursos rechazados en cada instancia, en septiembre de 2013, la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires confirmó la condena. Finalmente, 11 años después de la denuncia, del informe de Telenoche Investiga, Grassi fue detenido y llevado al penal de Campana. 


Después recibió otras dos condenas. Una por malversación de fondos y la otra por desviar bienes donados a la Fundación hacia el penal de Campana para favorecer su situación personal y comprar diversas prebendas que mejoraran su estadía carcelaria. La defensa de Grassi solicitó la libertad condicional en agosto de 2024. El pedido fue denegado. El cura permanecerá detenido hasta mayo de 2028. TN



Todos los derechos reservados a
catamarcaya.com - catamarcaya.com.ar
Contacto directo:
catamarcaya@yahoo.com.ar
Sms directo:
383 154 377769

Diseñado por: Martin Lobato Carbel