Al igual que en enero, durante febrero la mora de las familias volvió a aumentar en prácticamente todas las entidades financieras. El incremento se registró en 28 de los 30 principales bancos en términos de préstamos a hogares, que explican más del 95% del total del crédito. Esto sugiere que la irregularidad no responde a casos puntuales, sino que constituye un fenómeno de carácter generalizado.
Otro dato destacado por la consultora es el aumento en la mora de los créditos a hogares otorgados por entidades no financieras, que alcanzó el 29,9% en febrero, con una suba de más de dos puntos respecto de enero.
La consultora Eco Go también difundió sus proyecciones para febrero y la irregularidad de las familias con las entidades financieras les dio 11,2%, al igual que a 1816, mientras que en el segmento del crédito no bancario según sus cálculos habría llegado al 26,7%, casi tres puntos más que en enero (23,9%).
Las razones
Según 1816, el deterioro en los niveles de cumplimiento está estrechamente vinculado con el nivel de las tasas de interés, particularmente elevadas en los préstamos personales y, con mayor intensidad, en los créditos otorgados por entidades no financieras.
“Hace ya varias semanas que el Gobierno logró mantener la tasa de referencia a un día del sistema en torno al piso de 20% que fija el BCRA en la rueda REPO de A3. Sin embargo, al menos por ahora, esto no se tradujo en una baja significativa de las tasas de los préstamos personales”, advirtieron.
En el inicio de abril, la tasa nominal anual (TNA) a 30 días de los préstamos personales en bancos ronda el 70%, lo que equivale a una tasa efectiva anual (TEA) cercana al 100%. Estas tasas son aún más elevadas en el caso de los préstamos de entidades no financieras.
Más allá de esta dinámica, el informe semanal de la consultora Vectorial advirtió que la morosidad en los préstamos —tanto bancarios como no bancarios— emerge “no como un fenómeno transitorio, sino como un rasgo estructural del actual programa de estabilización”.
Según ese análisis, se configura un dilema de política monetaria. Por un lado, una estrategia más expansiva —como la que implican medidas recientes orientadas a liberar liquidez— podría derivar en un rebrote inflacionario. En ese escenario, la consecuente caída del salario real incentivaría una mayor demanda de crédito, lo que tendería a agravar los niveles de mora.
Por el contrario, una política más restrictiva implicaría tasas de interés más elevadas, lo que también impactaría negativamente sobre la capacidad de pago de los deudores. En ambos casos, la dinámica sugiere que la morosidad difícilmente pueda revertirse en el corto plazo, lo que refuerza su carácter estructural. La Nación
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