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Ahorraba para viajar a Disney con sus nietos y la mataron para robarle: la trama de un crimen estremecedor

17/09/2023 | 

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Graciela Zabalegui tenía un sueño en marcha. “En diciembre cumplo 70 años, me jubilo y llevo a mis nietos a conocer Disney”, repetía entre familiares, amigos y vecinos. Llevaba 20 años de trabajo como portera en el edificio de Bolívar 2306, casi en la esquina con Corrientes, pleno centro de Mar del Plata. Vivía en uno de los departamentos del primer piso, donde el 6 de septiembre de 2019 un grupo de delincuentes la asesinó para robarle los ahorros que planeaba utilizar en el viaje.

“Mi mamá estaba feliz y le contaba a todo el mundo que se iba a Disney. Conocía a quienes la mataron. La puerta no estaba forzada: ella les abrió a los asesinos”, cuenta Florencia (39), su hija menor, a TN.

La víctima fue asesinada a golpes y la saña de los atacantes fue una de las claves de la investigación: a Zabalegui le pusieron un trapo en la boca para que no pudiera gritar, le destrozaron la cabeza y le hundieron la mandíbula. “Se termina ahogando con los coágulos de sangre”, sitúa Florencia.

Para el fiscal Leandro Arévalo y el personal de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) que investigó el caso, Carlos Eusebio Juárez (48) y Marcelo Rubén “El Tucumano” Santillán (50) asesinaron a la mujer para sacarle una suma indeterminada en dólares, una laptop de 15 pulgadas, un celular, un anillo de oro y el juego de llaves del edificio, que incluía la llave magnética.

Graciela junto a sus nietos. Había ahorrado durante años para viajar con los tres mayores.


Ambos están presos en la cárcel de Batán a la espera del juicio, que será del 11 al 15 de diciembre en el Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 del Departamento Judicial de Mar del Plata, según se resolvió durante la última semana. Se los acusa de homicidio criminis causae (el que se comete para ocultar otro delito) en ocasión de robo, que contempla la prisión perpetua.

El caso tiene otros dos imputados. Uno es Oscar Eduardo Lantes (65), acusado de encubrimiento y falso testimonio. Estuvo detenido en Batán, luego se le concedió el arresto domiciliario debido a que sufría leucemia, y finalmente murió en diciembre último.

El otro es Carlos Alberto Oña (48), propietario de la camioneta que solía utilizar Juárez y que -según los registros de las cámaras de seguridad- circuló por los alrededores del edificio antes y después del crimen. También tiene prisión domiciliaria: accedió a tal beneficio al ser imputado de encubrimiento, un delito menor entre los que forman parte de la causa.


La puerta del departamento no había sido forzada. Se cree que la víctima conocía al asesino.


“Mi mamá venía ahorrando hacía mil años para cumplir ese sueño. Los asesinos tenían el dato, o alguien se los dio”, insiste la hija de la víctima.

Según consta en el expediente, Juárez solía realizar fraudes económicos: por ejemplo, alquilaba departamentos por poco tiempo y los subalquilaba para cobrar sumas de dinero superiores en forma adelantada. Esa fue la razón por la cual, al principio de la investigación, fueron detenidos dos hombres y una mujer trans de nacionalidad peruana que habían alquilado uno de los departamentos del edificio.

Se comprobó que se dedicaban a la venta de estupefacientes y, de inmediato, las sospechas recayeron sobre ellos. Sin embargo, los investigadores descubrieron más tarde que habían sido estafados por Juárez y fueron desvinculados de la causa.


Graciela vivía en el mismo edificio donde llevaba 20 años de trabajo como portera.

 
Las pistas clave del caso: “Mi mamá intentó defenderse”


Zabalegui conocía a Juárez y se sospecha que este sabía que la víctima tenía ahorros en dólares. Otro dato clave fue el ADN de Santillán que se encontró bajo las uñas de la víctima.

“Ella era muy justiciera. No le tenía miedo a nada y quedó claro que intentó defenderse. Pero era una mujer de casi 70 años, que medía un metro 50 y pesaba 50 kilos, contra varios hombres”, remarca Florencia.

Zabalegui estaba separada hacía 20 años y había formado una relación con Jorge, que vivía en el octavo piso del mismo edificio. Él fue quien descubrió el crimen y avisó a la Policía. Todas las mañanas bajaba a tomar mate con la víctima, pero aquel viernes Graciela no contestaba mensajes ni llamados.

Jorge, entonces, entró directamente en el departamento y se topó con el horror. Sufría problemas de salud y murió siete meses después, en abril de 2020, envuelto en una profunda depresión. Felipe, padre de los dos hijos de Graciela, también dio testimonio en el inicio de la causa: murió de covid en octubre de 2020.


"A mamá le encantaba viajar y cocinar", dijo Florencia, una de sus hijas.


“Todo se rompió desde que mataron a mamá. Y hoy estamos muertos en vida”, retrata Florencia. La víctima iba a viajar con sus tres nietos mayores: los mellizos Franco y Chiara (16 años por entonces) y Fiorella (14), hijos de Lucas (48), que le dio a Graciela el título de mamá. Florencia le había dado una cuarta nieta (Amaia, 3 años en aquel momento) y luego tuvo a las gemelas Charo y Zoe (2), que la mujer no llegó a conocer.

“A ella le encantaba viajar y cocinar. Era una madre muy presente y una abuela espectacular. Hablaba todos los días con sus nietos, los llevaba de paseo”, menciona Florencia, y concluye: “Nuestra esperanza es que a los asesinos les den perpetua. Ojalá que el hecho de que el juicio se haga con un jurado popular ayude a que quienes lo integren puedan ponerse un poco en nuestro lugar”.  Fuente: TN



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